| Eneko Etxebarrieta.- Diez de la mañana de un jueves cualquiera en Salvador de Bahía. Tal como le hemos pedido, el cobrador del abarrotado "urbano" nos avisa de que la parada de la Feira de São Joaquim es la siguiente. Una mujer que baja delante de nosotros con varios bultos ha oído adonde vamos y saca una mano entre las cajas para señalarnos la calle de enfrente, donde las personas entran y salen como si fuesen hormigas en un hormiguero.
Mochilas a la espalda caminamos hacia la entrada con la intención de conocerlo y hacer unas fotos. Pero aún en la calle, Miyuki me mira y niega con la cabeza -"nada de fotos, todavía"- para evitarme tentaciones prematuras. Está bien. De momento, no saco la cámara.
La entrada coincide con varios puntos de parada de autobús y tiene mucho movimiento: gente caminando, corriendo de un lado para otro, vendiendo, mirando, esperando,... y la cuestión de la seguridad en algunos puntos de esta ciudad no es para tomársela a broma. Hace pocos días, vimos cómo les robaban la cámara a una pareja de alemanes. Se despistaron un instante, y un joven pegó el tirón y se perdió a la carrera entre callejuelas junto a otro compinche.
Entramos en el hormiguero suponiendo que apenas tendremos espacio para poder caminar. Pero ocurre lo contrario, y nos dejamos contaminar por el encanto de tan pintoresco mercado.
Inesperadamente la sensación es de tranquilidad. Poca gente, poco movimiento. Avanzamos caminando el suelo de tierra pisada millones de veces y en las precarias barracas de madera vamos encontrando los variados productos de la cultura local: desde ropa y cerámica hasta verduras tropicales cuya existencia desconocíamos.

 Al pasar, algún vendedor nos ofrece su mercancía sin mucha efusión: la experiencia le dice que los extranjeros vienen a curiosear y que raramente compran algo. |

 ¿Qué haríamos con la cabeza de un buey? Miyuki ni se lo pregunta: es vegetariana. |

 El carnicero ha salido al pasillo para estudiar la mejor manera de presentar su mercancía. Nos cuesta entender por qué no se estropean estos grandes pedazos de carne que quedan todo el día colgados a merced del fuerte calor húmedo que lo impregna todo. |

 No toda la carne se vende muerta. Estas pobres cabras esperan en la carretilla, amontonadas y bien atadas, a que llegue un comprador. Irónicamente, en la caja sobre la que está sentado su dueño se puede leer "única esperança". |

 Otros bichos esperan su suerte en posturas más cómodas y parecen entretenerse mirando los paseantes. |

 Un poco más abajo, un mundo animal paralelo disfruta de mayor libertad. |

 Sin clientes, la actividad de los vendedores se centra en mantener la mercancía con el mejor aspecto posible. |

 El hombre se entretiene con la máquina electrónica del hijo. Espera a que llegue el comprador de un melão, una melancia (sandía) o unos mangos. |

 Alguno ya no necesita matar el tiempo. Incluso parece que ha sido el tiempo el que ha podido con él. |

 La situación económica del país no da para lujos. Los pocos clientes se concentran donde se venden los alimentos que componen la dieta básica, como las harinas, que conforman la base de multitud de platos de la región. |

 "Lula, de nuevo con la fuerza del pueblo." El presidente Lula es un líder de izquierdas popular entre las clases sociales más bajas. |

 Los carros que transportan fruta rompen la tranquilidad imperante. Plátanos, mangos y maracuyás pasan a toda velocidad. El porteador no grita para despejar el camino: emite un silbido característico que todos conocen. |

 A falta de carretilla, esta mujer lleva la carga sobre la cabeza. |

 Estáticos en la estantería, diferentes aceites se ofrecen en botellas sin unanimidad de material, forma, tamaño o color. |

 Algunos rincones del mercado ofrecen un derroche constante de matices que llaman poderosamente la atención. |

 Los pimientos y las guindillas parecen avisar al observador sobre sus propiedades picantes. |

 Muy cerca, el maracuyá abierto despide un olor dulce y fresco. La población local utiliza esta fruta en la preparación de dulces y zumos. |

 El mamão es el pariente grande de la papaya. Cada fruta puede llegar a pesar 2,5 kilos. |

 Esta verdura rugosa separada en pequeños montones es el jiló (pronunciado "shiló"). Tiene un sabor amargo y acompaña muchos de los platos típicos de la comida bahiana. |

 Este polvo rojizo que se sirve con cuchara sopera no es cacao, sino tabaco para esnifar. |

 Aunque tampoco lo parezca, esta especie de morcilla también es tabaco. Son hojas secas y enrolladas que no han pasado por ningún proceso industrial. Se vende por trozos y se consume picado con una navaja y liado en cigarrillo. |

 Fotografiar frutas y verduras está muy bien, pero. ¿y la gente? Estos amigos no se cortan y nos piden que les hagamos una fotografía. |

 Fotografiar personas nos da la oportunidad de interactuar con ellas. |

 Estas muchachas trabajan en uno de los restaurantes populares del mercado. |

 La mujerona ordena con tranquilidad la mercancía de su pequeño puesto: una tabla con clavos. |

 La mujer me atrapa "in fraganti". Afortunadamente, responde con una sonrisa. |

 La mayoría de gente desborda simpatía. |

 A pocos metros, un chaval se entretiene cortando algo. La luz cenital resbala sobre la oscura piel y resalta su textura sobre un fondo de fruta verde y amarillo. Salvador es la ciudad más negra del mundo fuera de África; las cifras dicen que el 83% de su población es, en mayor o menor medida, afrodescendiente. |

 Estas jóvenes también quieren posar. Cuando he hecho la foto, la del medio me pide que le haga también una a su hijo. |

 Es bonito pensar que en breve va a llegar alguien que vivirá también con intensidad este pequeño mundo que es la Feira de São Joaquim. |
Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.
La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.
Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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