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  • "A veces las historias las tienes a menos de 150 metros de donde vives"
Entrevista
SALVA CAMPILLO, FOTóGRAFO

"El fotoperiodista ha de ser un hombre orquesta para poder sobrevivir"

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Foto: Salva Campillo
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FEB 2015

Ha trabajado para medios como El País, Vanity Fair, Cuatro y la BBC, y ha abrazado sin reparos el lenguaje videográfico para contar historias. “No podemos estar llorando y pretender que las cosas sigan como antes”, espeta Salva Campillo mientras defiende la amplitud de miras dentro del periodismo gráfico. Este free lance trotamundos nacido en Barcelona y con un especial apego por la India y el sudeste asiático (“hay una infinidad de temas que tratar) colabora también con organizaciones no gubernamentales como Médicos del Mundo y la Cruz Roja.

Muchos dicen haber llegado a la fotografía de pura casualidad. ¿Cuál es tu historia?

Lo mío es una vocación tardía. Trabajé de informático durante muchos años. Económicamente me iba muy bien, pero no me llenaba en absoluto. Viajaba bastante, me apasionaba la fotografía… y un día me planteé si no iba a ser más feliz trabajando en algo que me gustara más.

Llamé a un fotógrafo profesional amigo de un amigo y le pregunté dónde podría estudiar fotografía en serio. Me recomendó una escuela y empecé a estudiar por las noches durante casi tres años. Enseguida me sentí atraído por el fotoperiodismo. No conocía a nadie de este negocio, no sabía muy bien cómo trabajar, pero tenía muchas ganas y comencé a plantearme reportajes, a realizarlos, a aprender de los errores… En fin, todo un proceso. Poco a poco he ido metiéndome en este mundo hasta el día de hoy.

salva campillo
Salva Campillo, en una fotografía cedida a Quesabesde. | Foto: Walter Astrada

¿Y qué es lo que hace que sigas queriendo trabajar en este negocio?

La misma pasión que tenía en un principio. Es difícil de explicar lo que siento cuando estoy tratando un tema. Me siento un privilegiado por haber estado en los sitios en los que he estado y por conocer la gente a la que he conocido. Una cámara te da una razón para estar en situaciones en las que difícilmente estaría sin ella. Evidentemente hay limitaciones entre lo que te gustaría hacer y lo que puedes hacer, ya que hay que pagar las facturas a final de mes.

¿Qué le estás contando al mundo con tus fotos?

Creo que hay un punto egoísta en todo esto, porque al final el que más aprende soy yo. La fotografía es un lenguaje, un medio que utilizo para explicar mi propia versión de lo que he visto. Como medio es objetivo, y en todo el proceso se pierde mucha información: en el momento de la captura, en la lente seleccionada, en la edición, en mi propia habilidad para captar lo que veo, en mis prejuicios u opiniones… Hay muchos factores que inciden en el resultado final.

Foto: Salva Campillo
Foto: Salva Campillo

Has llevado a cabo varios proyectos en el sudeste asiático y en países como Tailandia y la India. ¿Qué tiene esa parte del mundo que no tengan otras?

Bueno, en el sudeste asiático se conjuran varios factores que lo hacen muy interesante para un free lance: los billetes de avión son relativamente baratos, es muy fácil moverse por el interior de los países, hay muchas opciones de transporte, el alojamiento y la comida son baratos, hay una infinidad de temas que tratar y además hay un cierto interés de los medios de comunicación por lo que pasa allí.

Tus trabajos documentales tienen, en algunos casos, un punto de denuncia. Saturados como estamos hoy de imágenes, ¿cómo consigue uno que su mensaje llegue y cale en el espectador?

Creo que con honradez, y me refiero a intentar que el medio no sea el mensaje. Intento que todas mis fotos estén bien expuestas, bien encuadradas, que tengan un componente estético, que es importante para mí.

“El binomio fotógrafo-periodista es muy productivo, y el resultado suele ser mejor”

Pero que lo realmente importa es que estoy explicando una situación muchas veces muy dura para la gente a la que estoy fotografiando. Intento transmitir respeto para ellos, y el éxito para mí sería que el espectador se sienta interesado por el contenido de la fotografía, no tanto por su componente estético, que solo utilizo como herramienta para atraer la atención hacia la imagen.

Foto: Salva Campillo
Foto: Salva Campillo

¿Está condenada a desaparecer tal y como la conocemos la fotografía documental o seguirá viva y evolucionará para adaptarse a los nuevos tiempos?

No creo que la fotografía documental vaya a desaparecer. Creo que va a evolucionar, como dices. Antiguamente te ibas con un montón rollos de Tri-X y volvías al cabo de un mes y medio, y quince días después veías las fotos. Eso se acabó junto con el hecho de que te pagaran por ello. Digerido ya el tema digital, ahora se junta con la crisis de los medios en particular y la crisis en general.

“Nos tenemos que poner las pilas. No podemos estar llorando y pretender que las cosas sigan como antes”

Hoy es excepcional poder costearse reportajes de larga duración, a no ser que lo hagas por motivación personal y tengas el asunto económico resuelto por otra parte. Yo veo más al fotoperiodista un poco como al hombre orquesta: has de ser capaz de realizar varios trabajos relacionados para poder sobrevivir.

Además de fotografía documental y de viajes, también has realizado trabajos para organizaciones no gubernamentales. ¿Qué puedes contarnos sobre estos proyectos?

Los podría diferenciar en dos tipos. Uno sería como el que he realizado recientemente para Ayuda en Acción, que ha sido documentar su trabajo en diversos países de América. Aquí el objetivo era puramente conseguir material tanto de foto como de vídeo para su posterior uso en campañas y que sus socios pudieran ver lo que se hace con su dinero. Viajaba con una periodista de la organización y visitamos varios proyectos cada día, por lo que no podías profundizar mucho en cada tema y te obligabas a ser muy sistemático. La ventaja es que conoces muchas historias, y trabajando te conviertes en alguien muy efectivo, ya que resuelves situaciones en muy poco tiempo.

El otro tipo es cuando la oenegé te propone un tema o se propones tú a ella, se encuentra la financiación necesaria y tienes tiempo para desarrollarlo. Creo que es un escenario ideal. Con Médicos del Mundo he hecho algunos de este tipo, y podría destacar el último sobre la Sala de Consumo de Bilbao, donde los consumidores de drogas duras van a consumir en un entorno seguro. El proyecto duró casi dos meses, y estuve los primeros quince días en la sala sin ni siquiera llevar la cámara para poder ganarme la confianza de los usuarios.

En ambos casos me siento cómodo trabajando, y además no está el condicionante de luego tener que vender tu trabajo ya que tu cliente final es la oenegé.

Foto: Salva Campillo

Imagino que la satisfacción que uno tiene cuando se trabaja en un proyecto para una oenegé es muy distinto a cuando se llevan a cabo trabajos personales o para alguna publicación.

En cuanto a grado de satisfacción, pues en mi caso depende más del resultado final que del cliente. El trabajar con oenegés te pone en contacto con situaciones en que la gente sufre mucho, y eso te afecta pero a la vez tienes la responsabilidad de fotografiar y filmar esa realidad porque para eso estas ahí. Claro que da satisfacción pensar que el resultado de tu trabajo se va a utilizar para mejorar la vida de esas personas.

Además de fotógrafo, también realizas trabajos en vídeo. ¿Se cuenta de modo distinto una historia con vídeo que con fotos? ¿Es el mismo el mensaje que se transmite?

Son dos lenguajes muy diferentes. Hace unos cuatro años empecé con cámara de vídeo para hacer piezas para televisión. Al principio era un lío. Intentaba trabajar igual que con la foto, y no funcionaba.

“No vale irse a la Antártida y volver arruinado y con mil fotos de pingüinos y quejarse de que nadie te las compra. Igual es que nadie te las ha pedido”

La diferencia principal es que la foto la haces en el instante preciso en que pasa la acción. Si filmas vídeo debes empezar a grabar antes de que pase y después. Si no, no sirve la toma. Y luego editar un vídeo es muy diferente a editar un reportaje de fotos, aunque creo que los fotógrafos tenemos mucho ganado en la transición a vídeo con respecto a la composición y el tratamiento de la luz.

Tuve que parar un momento y dedicarme a formarme en técnicas de vídeo, guion, grabación de sonido, edición, lenguaje cinematográfico, etcétera, para poder ofrecer como mínimo la misma calidad que ofrecía en foto. Actualmente trabajo con cámara réflex para hacer vídeo. Me parece un buen compromiso y me permite viajar relativamente ligero y ofrecer tanto foto como vídeo de calidad a quien me contrata.

Foto: Salva Campillo
Foto: Salva Campillo

El poder y el impacto que tiene una foto, sobre todo en blanco y negro, es difícilmente superable.

Bueno, no sé si estoy de acuerdo con eso. Hablando de fotoperiodismo, el buen blanco y negro te hace concentrar más en la estética y en el juego de luces y sombras, pero creo que una buena foto es una buena foto esté hecha como esté hecha, y a veces el blanco y negro sirve para maquillar una foto no tan buena.

En mi opinión hay una tradición de fotoperiodismo en blanco y negro que viene de la época de los carretes en la que la mayoría trabajaba así por motivos técnicos, y ha quedado un poco la estética de entonces. Creo que se abusa un poco de ello. Eso no quita que haya excelentes fotógrafos que se sientan más cómodos trabajando en blanco y negro. En fotografía artística o publicitaria el discurso es totalmente diferente.

Has trabajado para publicaciones y empresas de renombre internacional como Vanity Fair y la BBC. ¿Cómo se consiguen clientes así? Y lo más importante, ¿cómo se conservan estos clientes hoy día?

Casi siempre a través de periodistas. Me siento muy a gusto trabajando junto a ellos. Creo que el binomio fotógrafo-periodista es muy productivo, y normalmente el resultado es mejor.

“Más de uno me ha dicho que tiene un cuñado que se lo hace gratis, pero eso es lo que hay y luego tienen las fotos que tienen”

En el caso de Vanity Fair, por ejemplo, yo trabajaba con una periodista en la India y se pusieron en contacto con ella para un encargo en Pakistán, y ella me puso en contacto con ellos para hacer las fotos. La segunda vez ya me llamaron directamente para hacerle unas fotos al Dalai Lama en el norte de la India. Creo que los contactos te abren puertas, pero luego eres tú el que tienes que mantenerlas abiertas.

Actualmente está todo muy liado. Las revistas y los periódicos no tienen presupuesto, las plantillas cambian, o lo que es más normal, menguan, por lo que mantener estos contactos se ha vuelto difícil. Creo que al final lo que cuenta es que, si has trabajado bien, la gente se acuerda de ti.

Foto: Salva Campillo

¿Cómo ves la situación de la fotografía documental hoy en día? ¿Y del fotoperiodismo? El intrusismo que hay desde la irrupción de la tecnología digital y los teléfonos móviles es incuestionable.

En mi caso la situación la veo como que nos tenemos que poner las pilas. No podemos estar llorando y pretender que las cosas sigan como antes. Hay que reciclarse y adaptarse a los nuevos medios. Tienes que tener una buena página web y estar presente en redes sociales; es algo que a muchos nos cuesta, pero creo que es imprescindible.

En mi caso me está funcionando bastante bien el haberme introducido en el mundo del vídeo. He tenido que aprender a grabar sonido, a editar vídeo… en resumen, a ofrecer a mis clientes lo que necesitan hoy en día, no lo que a mí me gustaría que me comprasen. No vale irse a la Antártida y volver arruinado y con mil fotos de pingüinos y quejarse de que nadie te las compra. Igual es que nadie te las ha pedido.

En cuanto al intrusismo, pues sí: después de pasar presupuestos, más de uno me ha dicho que tiene un cuñado que se lo hace gratis y acabas perdiendo el trabajo, pero eso es lo que hay, y luego tienen las fotos que tienen. Un profesional no trabaja gratis.

Foto: Salva Campillo
Foto: Salva Campillo

¿Qué te ves haciendo dentro de diez años?

Me veo trabajando más en el entorno del vídeo, haciendo reportajes multimedia. Me interesa mucho el tema de los webdoc [documentales multimedia concebidos para la web], dando formación y desarrollando proyectos personales a largo plazo en foto.

¿Cuál es tu proyecto soñado?

Pues creo que el de no tener dependencia económica y poder dedicarle todo el tiempo necesario. Me encantaría hacer un proyecto multimedia sobre el Mediterráneo.

¿Hay alguna foto clásica que desearías haber hecho tú?

La verdad es que nunca me lo he planteado. Desde un punto de vista irreal y romántico me hubiera gustado vivir la época dorada del fotoperiodismo, que es un poco por lo que inocentemente me metí en este mundo.

Foto: Salva Campillo

¿Se te ha escapado alguna vez alguna foto que crees que habría cambiado el curso de tu carrera?

No. O por lo menos no he sido capaz de verlo. Sí que es verdad que cuando vuelvo con un reportaje casi siempre tengo la sensación de que podía haberlo hecho mejor.

¿En qué proyecto andas metido ahora mismo?

Bueno, trae mala suerte hablar de proyectos presentes y futuros. Estoy negociando un par de reportajes en vídeo y estoy en la fase de documentación de un reportaje personal en foto. También estoy metido en el mundo de la fotografía social, léase bodas y celebraciones, y hago fotografía y vídeo para empresas.

Otra cosa en la que estoy es en la de dar talleres de vídeo con cámara de fotos para fotógrafos. Hay mucha confusión con este tema, y en el taller se intentan aclarar todas las dudas. Recientemente di uno de estos talleres en Castro Urdiales junto a Walter Astrada.

¿Algún consejo para futuros fotógrafos profesionales?

Pues eso, que sean profesionales, que sean resolutivos, que dominen el medio. Que vean muchas fotos, que hay mucho hecho pero también hay mucho por hacer. Que no se trata de hacer un día un fotón y luego el resto malas fotos; hay que ser capaces de dar un nivel de calidad siempre. Y como dice un compañero y amigo: no pongas todos los huevos en la misma cesta.

Fuentes y más información
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