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Diario de un fotógrafo nómada

Xi'an, la ciudad imperial que despertó la admiración de todos los reinos de Asia

 
12
OCT 2006

La grandiosa ciudad de Xi'an guarda entre sus murallas la historia de la vieja China. Durante más de 1.000 años fue un lugar fundamental en el devenir de la humanidad, rivalizando con Roma y Constantinopla en poder e influencia política.

Viajando hacia Xi'an en uno de los magníficos trenes de la red ferroviaria china, leí una leyenda según la cual la emperatriz Xi-Lingshi descubrió la seda al caerle el capullo de un gusano en su taza de té. Cuando lo quiso retirar se deshizo, convirtiéndose en un largo, brillante y suave filamento.

Foto: Nómada
Los trenes chinos son sencillos, pero muy cómodos y puntuales. | Foto: Nómada

Todavía en la actualidad, ésta sigue siendo la técnica empleada para obtener los hilos de seda: se hierven los capullos en agua o al vapor y se devanan las hebras hasta conseguir el filamento.

El muslim, una infusión de hierbas, flores de roca y frutos que se bebe en esta región. La taza se rellena varias veces de agua sin cambiar los ingredientes. | Foto: Nómada

Tanto el origen como la fabricación de hilos de seda fueron un misterio durante muchos siglos. Revelar el secreto de su confección, sacar del país gusanos de seda o semillas de morera, la planta de la que se alimentaban, era considerado espionaje industrial y estaba castigado con la muerte.

A consecuencia del monopolio chino de este comercio nació la Ruta de la Seda, a través de la cual se abastecía de tan precioso material a todo el mundo conocido.

Una recolectora de algodón en la plantación. | Foto: Nómada

El célebre emperador Qin Shihuang unificó China por vez primera y estableció la capital en Xi'an, capitalidad que ostentó a lo largo de más de mil años. Xi'an, además, fue principio y fin de la Ruta de la Seda, el enclave más importante del gran imperio chino.

La Gran Pagoda de la Oca Salvaje. | Foto: Nómada

Prueba de su notable pasado es la Gran Pagoda de la Oca Salvaje, una torre de arquitectura budista de 64 metros de altura, donde el monje Xuan Zang y sus colaboradores tradujeron al chino los textos en sánscrito que habían traído de la India a través de la Ruta de la Seda.

Gracias a esta traducción, el budismo se conoció y extendió por toda China.

Un monje budista de la Gran Pagoda. | Foto: Nómada

En Xi'an también se encuentra el Templo de Confucio, llamado también el Templo de los Ocho Inmortales. En este recinto se practica el taoísmo, una religión que en sus orígenes era un pensamiento filosófico que desarrollaba el culto a la naturaleza y la integración del hombre en ella.

Monje taoísta en pleno trance en la penumbra del templo. | Foto: Nómada

Con el tiempo, algunos quisieron hacer de esta filosofía una religión, así que divinizaron al principal inspirador de esta idea, Dong Hua Dijun, y a ocho de sus discípulos. Desde entonces, a los Ocho Inmortales se les rinde culto en los templos que se les construyeron.

En el lado este del altar, cuatro de los "Ocho Inmortales"; los otros cuatro, al oeste. | Foto: Nómada

Dentro del templo está el Puente de Yu Xian, debajo de cuyo arco hay una pequeña campana. Según la creencia, si un visitante la hace sonar tirándole una moneda, esa persona está predestinada a tener una relación con el taoísmo y su existencia será pacífica y afortunada.

El puente de Yu Xian, con su pequeña campana. | Foto: Nómada

No obstante el debate sigue abierto en China, ya que muchos prosélitos consideran que el Taoísmo nunca será una religión, de hecho afirman que los verdaderos monjes taoístas ni son monjes ni se encuentran en los templos sino en las cuevas de las montañas donde viven como ascetas, llevando al extremo su comunión con la naturaleza.

Un devoto pasea por una de las galerías de grabados. | Foto: Nómada

El templo taoísta de Quan Zhen alberga, además, la mejor colección de caligrafía grabada en piedra del mundo. Más de mil piezas, entre las cuales hay 114 estelas, una de las cuales refleja un texto del propio Confucio.

Paseo en los jardines de la Gran Mezquita. | Foto: Nómada

Otra referencia importante en la ciudad es la Gran Mezquita, punto de reunión de los más de 30.000 musulmanes que habitan en Xi'an. Estos chinos forman parte de una minoría étnica, los Hui, descendientes de persas, árabes y pueblos centroasiáticos que, huyendo de las invasiones mongolas, se establecieron en el imperio y acabaron mezclándose con los chinos.

Una de las puertas de acceso al interior de la Gran Mezquita. | Foto: Nómada

La Gran Mezquita se encuentra situada en el corazón del barrio musulmán, un auténtico hervidero de gente habitado por chinos Hui que dirigen pequeños negocios de artesanía, restaurantes que sirven sus comidas en la calle, puestos de dulces, etc. Un lugar muy animado para ir a cenar por la noche.

Una mujer vende dulces de arroz en el concurrido barrio musulmán. | Foto: Nómada

A pesar de proceder de orígenes tan diversos, su carácter de nacionalidad, su unidad como pueblo se la da el Islam, como ya vimos que sucede en Pakistán y otros lugares.

Su parecido físico con los Han es evidente, pero se diferencian de ellos en que los hombres lucen barba y un típico bonete blanco. Todas las mujeres Hui se cubren la cabeza con una especie de mantilla negra de encaje.

Dos hombres de la minoría musulmana Hui. | Foto: Nómada

Pero quizás los mejores vestigios de la historia de Xi'an sean sus enormes murallas, construidas en el siglo XIV con sus cuatro puertas dirigidas a los cuatro puntos cardinales. En su interior, una gran avenida une la Torre de la Campana con la Torre del Tambor, las dos vigías que marcaban el ritmo de la ciudad.

Una de las puertas de la muralla que rodea Xi'an. | Foto: Nómada

A un lado, la Torre de la Campana alberga una gran campana que durante muchos siglos dobló al alba anunciando que las puertas de la ciudad se abrían. Hoy en día, los chinos que visitan esta torre pagan unas monedas para poder tocar la campana y pedir en cada golpe deseos de felicidad.

La campana que da nombre a la torre. | Foto: Nómada
La Torre de la Campana vista desde la Torre del Tambor. | Foto: Nómada

En el otro extremo de esta gran avenida se encuentra la Torre del Tambor, que exhibe un gigantesco timbal cuya voz se escuchaba a la hora del crepúsculo, advirtiendo del cierre de las puertas de las murallas.

El mítico tambor se guarda en el interior de la torre para evitar que la gente y la intensa polución de la ciudad aceleren su deterioro.

Se dice que los subgraves que produce este tambor retumbaban a muchos kilómetros de distancia, sirviendo de arma disuasoria contra los ejércitos extranjeros, que al oírlo quedaban paralizados por el miedo pensando en cómo sería un enemigo cuyo terrible bramido hacía temblar la tierra.

Un turista fotografía a su señora en el exterior de la torre. | Foto: Nómada

Al pasear por Xi'an e ir conociendo las costumbres del lugar, me sorprende que la principal y más famosa diversión de la ciudad sea la ópera y el teatro. A diario se representan obras que cuentan historias sobre la Ruta de la Seda y, sobre todo, los hechos más importantes del reinado del emperador Qin Shihuang.

Bailarina interpretando una pieza desde el suelo. | Foto: Nómada

Las funciones de teatro son de una belleza plástica sin igual. Bailarines de ambos sexos danzan delicadas coreografías al ritmo de melodías tradicionales que interpretan con maestría los músicos.

Los músicos son verdaderos maestros con sus instrumentos. | Foto: Nómada

En Xi'an la ópera y el teatro están muy arraigados en la cultura de sus habitantes. Todo alrededor del teatro chino roza la perfección: vestuario, maquillaje, escenografía y, cómo no, los artistas, que a diario ensayan durante horas para que cada función sea un espectáculo inolvidable.

Se suceden las coreografías a cual más elegante y delicada. | Foto: Nómada

Finaliza la función, y la compañía de músicos y bailarines sale sonriente una y otra vez a saludar desde el borde del escenario entre la atronadora ovación del público. En el centro, un actor de porte majestuoso que representa al emperador Qin Shihuang levanta su mirada altiva hacia los palcos.

Algunos actos representan batallas del emperador Qin Shihuang. | Foto: Nómada

Eso me recuerda que mañana debo ir a Xiyang, a 30 kilómetros de Xi'an, el lugar donde se encuentra el ejército más audaz de la historia: los guerreros de terracota que libraron la batalla más gloriosa jamás contada, un combate que ha durado más de 2.200 años contra los más temibles enemigos: el tiempo y el olvido.

Un momento de la danza al final del espectáculo. | Foto: Nómada

En mitad de la región de Shaanxi, llamada la "China gris" porque apenas se ve el sol y el cielo casi nunca es azul por el humo y la contaminación que desprenden las chimeneas de fábricas, minas a cielo abierto, y centrales térmicas y nucleares, allí emerge la culta y refinada Xi'an, la ciudad imperial que amaba la guerra y el teatro.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican al menos una vez al mes, siempre los jueves y sin una periodicidad fija.

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