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Las demandas por falsificación hunden a una de las mayores firmas de restauración de fotos

 

Rogers Photo Archive estaba especializada en digitalizar archivos fotográficos para periódicos, vendiendo después sus reproducciones y negativos

Imagen promocional del servicio de digitalización de fotos antiguas de Roger Photo Archive. Foto: Rogers Photo Archive
22
ABR 2015

Era una de las compañías emergentes más notorias en un mercado poco conocido por el gran público. Y a día de hoy, poco queda de ella. Rogers Photo Archive sucumbió el año pasado bajo el peso de las demandas de sus antiguos clientes, que han terminado por enviar a esta firma de restauración fotográfica a la bancarrota. Su ingente catálogo fotográfico podría ser adquirido en los próximos días a un coste multimillonario por una compañía interesada en explotarlo.

Fundada por John Rogers, un ávido coleccionista de cromos deportivos, Rogers Photo Archive adquirió cierta notoriedad entre los medios escritos por ayudarles a digitalizar sus vastos catálogos fotográficos a cambio de la cesión de sus derechos.

Sabedor de que grandes y pequeños rotativos de todo el mundo no contaban con la fluidez financiera para preservar y catalogar sus propias fototecas, Rogers se ofrecía a digitalizar dichas imágenes a cambio de quedarse con los negativos y adquirir los derechos de reproducción. Posteriormente, Rogers Photo Archive licenciaba dichas instantáneas y las comercializaba a través de sitios como eBay.

El negocio de Rogers Photo Archive fue boyante durante un buen tiempo. La simple venta de fotografías antiguas en forma de reproducciones en papel y negativos le llegó a reportar 120.000 dólares por semana en 2012. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que varios compradores que creían estar adquiriendo fotografías originales demandaron a Rogers por vender lo que ellos consideraron falsificaciones.

Una historia que solo se complica

Lejos de acabar ahí los problemas de Rogers, otras personas con las que estaba llevando a cabo negocios decidieron demandarlo por impago. Poco después, el FBI irrumpió en sus oficinas y Rogers fue expulsado de la dirección de su propia compañía.

El peso combinado de las demandas por estafa e impago ha terminado por enviar a la bancarrota a Rogers Photo Archive, que ahora se encuentra en manos de un administrador concursal. La situación es complicada no solo para su fundador, sino también para algunos de los periódicos con los que trabajaba, cuyos archivos fotográficos se encuentran ahora en el limbo.

Fairfax Media, que vendió en 2013 los archivos fotográficos de 72 periódicos neozelandeses, trata ahora desesperadamente de recuperar cerca de 8 millones de imágenes cuyas digitalizaciones nunca fueron entregadas. La transacción que permitió su venta solo fue posible gracias a la colaboración del propio gobierno de Nueva Zelanda, que tuvo que extender un permiso especial de exportación a fin de sortear las leyes que regulan el tránsito de objetos considerados de interés histórico.

El gran negocio de las fotografías antiguas

El futuro de Rogers Photo Archive parece aciago, pero el de su fundador no es mucho más brillante. Acosado por sus antiguos clientes y acreedores, se enfrenta ahora a más de una docena de demandas que podrían costarle más de 90 millones de dólares.

Curiosamente, gran parte de la fortuna que John Rogers amasó al frente de su compañía procedía de la venta de fotografías antiguas sin mayor significado histórico. Los fans de antiguas glorias del deporte se encontraban entre sus mayores clientes, y a la postre terminaron convirtiéndose también en sus verdugos cuando estos coleccionistas demandaron a Rogers por vender reproducciones en lugar de originales.

A pesar de que Rogers Photo Archive ya solo existe sobre el papel, sus activos siguen despertando un importante interés entre algunos inversores. Una compañía llamada Red Alert Media Matrix se postula como comprador del ingente fondo fotográfico acumulado por Rogers. En total, son más de 200 millones las fotografías que podrían encontrarse en sus almacenes, y que finalmente podrían ser adquiridas por Red Alert junto con el resto de Rogers Photo Archive por un precio de aproximadamente 60 millones de dólares.

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