| Barcelona. Ivan Sánchez.- Cartier-Bresson y Alberto Giacometti, Robert Capa y Picasso. Son sólo dos ejemplos de la estrecha relación que la fotografía ha mantenido siempre con artistas de otras disciplinas, fruto de amistades e inquietudes.
De la misma forma, Robert Descharnes fotografió a Salvador Dalí durante años, fruto de los cuales se conservan unos 60.000 negativos, la documentación más extensa y completa sobre el artista catalán.
© Robert Descharnes


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La muestra, que podrá visitarse en la Vitrina del Fotògraf del Palau Robert hasta el próximo 28 de septiembre, expone un total de 27 fotografías en color y en blanco y negro.
Se proyecta además un vídeo que contiene las 177 imágenes que conforman la colección original que se presentó a principios de año en el Museu de Cadaqués y que datan desde 1955 hasta los últimos años de vida de Dalí.
En el siempre más intimista espacio de la Vitrina y al margen de Dalí, se muestran imágenes de varios libros sobre los viajes que realizó Descharnes a Versalles, Florencia y Grecia, retratos de artistas firmados por él y varias instantáneas del propio fotógrafo en plena acción.
Una amistad fructífera
Tras conocerse en un viaje en barco desde Estados Unidos a Francia, el fotógrafo acompañó al excéntrico genio en muchos de sus viajes a Nueva York y París y pasó largas temporadas en su casa de Cadaqués. La excepcionalidad de estas imágenes radica en la relación de amistad que Descharnes y Dalí mantuvieron y en la complicidad que se adivina.
Descharnes fotografía al artista en sus momentos creativos, mientras trabaja, posando con Gala en algunos de los rincones más famosos de su casa del Empordà -como la habitación surrealista de Cala Culleró-, bañándose o posando con algunas de sus obras, además de en muchas situaciones desprovistas de toda escenografía.
© Robert Descharnes


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La importancia que tiene Robert Descharnes, frente a otros fotógrafos que inmortalizaron al artista, como Cecil Beaton, Brassaï o Marc Lacroix, son las imágenes de escenas cotidianas, en las que aparece un Dalí relajado, más humano y menos excéntrico.
Además, en los retratos, más o menos espontáneos, se adivina que es el fotógrafo quien domina la escena, al contrario de lo que ocurre en los de Lacroix.
Más información acerca de esta noticia:
- Información de la Generalitat de Catalunya sobre la exposición

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