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Entrevista
ROB KESSELER, ARTISTA VISUAL

"Muchos piensan que se trata de fotos científicas, pero es arte"

 
23
ENE 2013

Lleva media vida dedicada a las plantas y más de una década trabajando con los investigadores del Real Jardín Botánico de Kew. Rob Kesseler, fotógrafo y artista, ha publicado libros en casi una decena de idiomas y sus imágenes microscópicas han ilustrado una miríada de revistas científicas (reconocimiento que no ha apartado a este británico de las clases de cerámica que imparte en la universidad). QUESABESDE.COM ha hablado con él sobre las posibilidades creativas de la botánica, el funcionamiento de un microscopio electrónico de barrido y la fina línea que separa el arte de la ciencia.

Con todas las disciplinas fotográficas que existen, ¿por qué la botánica?

Debería empezar explicando que no me considero un fotógrafo como tal, aunque la fotografía es una parte muy significativa de mi trabajo. En realidad me considero un artista visual que se mueve por un territorio muy interesante en el que se superponen el arte, el diseño, la destreza, la fotografía y la ciencia.

El mundo de las plantas ha sido el centro de la mayoría de mis trabajos durante más de cuatro décadas, pero en 1999 me di cuenta de que ya había ido lo más lejos que podía en el terreno en el que me movía. Fue en aquel momento cuando me acordé del microscopio que me había dado mi padre cuando tenía diez años y que todavía hoy conservo. Me vinieron a la cabeza un sinfín de maravillosos patrones, motivos y estructuras de pequeños insectos y fragmentos de plantas y vi que nadie estaba explorando realmente el potencial creativo de la vida a nivel microscópico.

Motivado por una oportunidad de financiación del Central Saint Martins College of Arts & Design, donde imparto clases de cerámica, fui en busca de un colaborador en la organización del Real Jardín Botánico de Kew y tuve la gran suerte de recibir una respuesta de la palinóloga Madeline Harley, directora de investigación del polen. Me invitó a visitar su laboratorio e inmediatamente me sentí atraído por ese fantástico mundo de las estructuras y formas del polen. Gracias a ella descubrí las maravillas del microscopio electrónico de barrido [SEM, siglas del inglés Scanning Electron Microscope].

Foto: Rob Kesseler
Rob Kesseler, en una imagen reciente cedida a QUESABESDE.COM, dice que "el mundo microscópico nos muestra la complejidad y fragilidad de la vida".

Después de un periodo inicial de aprendizaje con el microscopio, al poco tiempo ya estaba trabajando en mis propias imágenes y desarrollando proyectos. Gracias a una beca de la NESTA [National Endowment for Science Technology and the Arts] pude expandir el potencial de todo este trabajo. La publicación de un libro parecía algo inevitable, y aunque muchos editores estaban impresionados con nuestros trabajos, no veían claro el público al que podía ir dirigido algo así. Entonces tuvimos la suerte de conocer a Alexandra Papadakis y a su padre.

La editorial Papadakis Publisher tiene un gran historial de libros acerca de diseño y arquitectura contemporánea y nos sugirieron una publicación pequeña que creció a medida que lo hacía el material. El resultado fue un libro que parecía un pequeño volumen ilustrado de mesa, pero en realidad se trataba de un texto científico completo con mis fotografías y micrográficos intercalados.

A este primer libro, "Polen. La sexualidad oculta de las flores", que ya va por la tercera edición, le siguieron rápidamente "Seeds" y luego "Fruit", publicados en siete idiomas distintos y distribuidos por todo el mundo. El libro "Seeds" saldrá en España bajo el nombre de "Semillas. La vida en cápsulas del tiempo" en septiembre de 2013, editado por Turner y gracias al apoyo de la Compañía Logística de Hidrocarburos.

¿Cómo es tu viaje entre una idea y la imagen final?

La observación meticulosa e intensa es fundamental, ya que examino el material a través de varios procesos que empiezan en el exterior cuando camino por paisajes para descubrir, identificar y recoger especímenes. La cámara normalmente viaja conmigo y fotografío plantas lo más cerca que puedo para capturar sus detalles más íntimos. Estas imágenes ayudan en la identificación y sirven también como retratos de plantas.

También las dibujo con tinta india, con trazos rápidos, inundando el papel con agua después de que la tinta haya penetrado para permitir así cierto nivel de espontaneidad. Los especímenes son identificados, etiquetados y envueltos en sobres de papel para llevarlos al estudio. Allí los coloco en unos pequeños contenedores para prepararlos y fotografiarlos con el SEM.

Foto: Rob Kesseler / Madeline Harley (Papadakis Publisher)
Polen de alerce (arriba) y acacia. | Foto: Madeline Harley / Rob Kesseler (Papadakis Publisher)

El SEM es una pieza fundamental en tu trabajo. ¿Cómo funciona?

"Las imágenes resultantes presentan una resolución fenomenal, incluso magnificadas a 10.000x"

El SEM es un microscopio electrónico de barrido y difiere de los microscopios ópticos en que no utiliza rayos de luz. Primero se prepara el espécimen recubriéndolo con una capa extremadamente fina de oro y luego se coloca en la cámara de vacío. Entonces el espécimen es barrido por un haz de electrones acelerados y se proyecta, enfocado por una serie de potentes imanes, en una pantalla.

Las imágenes resultantes se caracterizan por presentar una resolución fenomenal, incluso magnificadas a 10.000x. Si el espécimen es algo tan pequeño como un grano de polen, es posible capturar miles de especímenes en un solo fotograma a 60x, hacer zoom y fotografiar un solo grano a 3.000x o ir más allá y mostrar detalles de la arquitectura de la superficie a 10.000x. Con los especímenes de semillas más complejas a veces no es posible capturarlos en una sola imagen y hacen falta hasta 50 fotografías que luego se juntan en la fase de posproducción.

Piel de melocotón. | Foto: Rob Kesseler / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)

¿Y los microscopios ópticos de toda la vida?

Un microscopio óptico es más convencional en el sentido de que un haz de luz proyectado a través del espécimen pasa a través de una serie de lentes compuestas y llega al ojo. El microscopio está emparejado con una cámara digital que captura la imagen. En una reciente colaboración con el Gulbenkian Science Institute en Portugal corté secciones microfinas de los tallos de las flores silvestres locales para tintarlas con colorantes naturales y fotografiarlas con un microscopio óptico.

Las células epidérmicas y vasculares en el tallo respondieron a los colorantes de forma muy distinta y crearon un efecto de cristal tintado muy luminoso. Trabajando a un nivel de magnificación mucho más elevado del que trabajaría un científico, las imágenes estaban formadas por hasta 500 fotogramas distintos a diferentes profundidades de campo. Se juntaron con detenimiento para formar una imagen de hasta dos metros de diámetro y mostrar así una nitidez mayor de la que se esperaría en una práctica científica convencional.

Foto: Rob Kesseler
Vista seccionada de "Eruca sativa" (arriba) y "Cephalanthera". | Foto: Rob Kesseler

¿Utilizas algún tipo de cámara especial o modificada o es todo más simple de lo que parece?

Es muy simple. Trabajo con una Nikon D300 y los objetivos Nikkor 105 mm f2.8 Macro y Nikkor 28-300 mm f3.5-5.6. Rara vez uso flash. Prefiero las cualidades naturales de la luz del día siempre que sea posible. A veces utilizo un trípode, pero normalmente disparo sin él.

¿Lo planeas absolutamente todo cuando haces una foto o hay en esta disciplina lugar para la improvisación?

Ni una cosa ni la otra. Respondo a las imágenes de diferentes maneras dependiendo de cómo aparecen en pantalla. La primera tarea es técnica: conseguir la mejor resolución y el mejor balance de tonos. Entonces hay que alinear al espécimen para que tenga una orientación más convincente. Es algo estético. A veces hablo sobre estos temas con Wolfgang Stuppy, el botánico con el que colaboro. Los científicos tienen sus propias razones para orientar las cosas de una manera u otra. Es su convención, aunque no me siento ligado a ella. Al final confío en mis respuestas intuitivas a las situaciones que se me presentan.

"Ophrys tenthredinifera" (tipo de orquídea). | Foto: Rob Kesseler

Llegar a la imagen final parece un viaje realmente fascinante.

"Las muestras con pelo hay que trabajarlas píxel por píxel en alta resolución para que la imagen final pueda mostrarse con un diámetro de dos metros"

Después de la captura con el SEM, las imágenes en blanco y negro pasan por un proceso con el que se limpian, se ensamblan y se les añade color. Todo ello con Photoshop. Una vez juntados manualmente los fotogramas iniciales (la función Photomerge queda descartada, ya que no ofrece el control necesario), elimino todas las interferencias del fondo para crear un fondo negro para el espécimen. Esto no es tan simple como parece, ya que las muestras con pelo hay que trabajarlas píxel por píxel en alta resolución para que la imagen final pueda mostrarse con un diámetro de hasta dos metros.

La siguiente fase consiste en introducir algo de color con la conversión a duotono o tritono, y luego a formato RGB. A partir de aquí creo múltiples capas en varios tonos y borro sutilmente zonas para comprimir y crear nuevas capas, modulando la tonalidad como si se tratara de una acuarela o una pintura con pastel. De este modo llego a lo que siento que transmite la personalidad de ese espécimen.

El tema del color es algo que muchas veces crea debate sobre si lo que se ve es real o falso. Está claro que no se trata del color real del espécimen, pero tampoco lo considero falso. Es un término aplicado por científicos para colorear que se añade automáticamente con poco margen para la intervención del autor. Mi uso del color es una interpretación expresiva y subjetiva que empieza con la referencia de la planta o flor original, se modifica para descubrir características funcionales y estructurales y finalmente se resuelve a través de lo que yo describo como intuición cromática.

Foto: Rob Kesseler / Madeline Harley / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)
"Cardiospermum" (arriba) y "Hackelia". | Foto: Rob Kesseler / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)

En el resultado final mi relación con cada espécimen, desde la recogida hasta el dibujo y la fotografía, se destila en una imagen icónica hipnotizante. Las plantas utilizan el color para atraer a una audiencia de insectos colaboradores. Yo uso el color para atraer a una audiencia humana con fines culturales y artísticos.

Mirando tus trabajos fotográficos es difícil decir si se trata de arte o ciencia.

Esto puede ser un problema. Yo considero que lo que estás viendo son mis trabajos artísticos y personales que he creado filtrándolos a través de una gran variedad de tecnologías. El hecho de que su aura misteriosa y desconocida se cree a partir de la ciencia hace que muchos piensen que en realidad se trata de fotos científicas, pero no lo son, o no más que considerar el retrato fotográfico de una planta una ilustración botánica. Las imágenes científicas se construyen para una audiencia y un conjunto de criterios distintos, pero su reciente exposición a un público mayor puede nublar las distinciones entre lo que es arte y lo que es ciencia.

"Sphagnum palustre" (tipo de musgo). | Foto: Rob Kesseler

Entonces... ¿tu audiencia estaría formada por aficionados a la fotografía o por científicos?

Cuando estaba buscando una editorial para trabajar en mi primer libro sobre el polen con la doctora Madeline Harley muchos editores remarcaron el sorprendente potencial de las imágenes, pero todos acababan preguntándome lo mismo: ¿A qué público va dirigido? ¿Quién va a comprarlo? ¿En qué estantería de la librería lo colocarías? Y al final descartaban su publicación.

Lo desconocido es siempre un reto para aquellos sin imaginación. Yo creía que había una gran audiencia para un libro de estas características, y al final tuve razón: apicultores, botánicos, arquitectos, diseñadores, artistas textiles, joyeros y muchas otras personas no especializadas pero con curiosidad por la naturaleza.

En el mundo científico las imágenes y los libros gozan ahora de un gran prestigio y se pueden encontrar en laboratorios de todas partes. No obstante, el mundo del arte todavía tiene problemas con ellos. Las intervenciones complejas y personales y las capas de manipulación sutil en los trabajos están escondidas y es difícil distinguir estas piezas de las imágenes científicas más convencionales.

Foto: Rob Kesseler / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)
"Hippocrepis unisiliquosa" (arriba) y "Krameria". | Foto: Rob Kesseler / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)

¿Qué historias esconde el mundo de las plantas?

Existe una extensa bibliografía que se remonta hasta la época del filósofo griego Teofrasto y su "Historia de las plantas", en el año 372 antes de Cristo. Los estudios lo cubren todo, desde la ciencia de las plantas hasta la mitología, pasando por las hierbas y la medicina e incluso la poesía de los recolectores de plantas. Todo el mundo tiene sus favoritos. En mi caso, si me detuviera delante de una estantería, seguramente me quedaría con "La metamorfosis de las plantas", de Goethe; con "Weeds", de Richard Mabey; con "The Oxford Dictionary of Plant-Lore", y con "El hombre que plantaba árboles", de Jean Giono.

¿Qué nos cuenta el mundo microscópico de nosotros?

Revela los materiales y mecanismos con los que estamos todos construidos. Muestra la complejidad y la fragilidad de la vida, así como el estado constante de flujo en el que se encuentran sus patrones y formas. Nos atrae por pura fascinación y por esa sed de conocimiento que tenemos.

Foto: Rob Kesseler
Caléndula: sección reflejada (arriba) y cuarteada. | Foto: Rob Kesseler

¿Te has topado ya con la imagen perfecta?

Por un lado, no creo que exista algo así. ¿Perfecta para qué propósito? Por otro lado, podría decir que cada imagen es una versión perfecta de ella misma.

¿Qué consejo le darías a alguien que quisiera seguir tus pasos?

Mis pasos han sido serpenteantes y oportunistas, explorando avenidas a medida que se me presentaban. Me ha movido la fascinación por el mundo natural y la intención de representarlo con prácticas artísticas contemporáneas. Ha sido un viaje fantástico, y todo lo que he hecho se destila ahora en objetos e imágenes intensas y concentradas.

El trabajo que he hecho durante los últimos doce años no habría sido posible sin la ayuda y el apoyo de mucha gente e instituciones. La colaboración es el camino a seguir, trabajando en tu propia experiencia e intereses y compartiendo y extendiendo tus conocimientos con otros que tienen los mismos intereses, sin olvidar otras áreas.

Foto: Rob Kesseler
"Malva sylvestris" (malva común) y "Scutellaria galericulata". | Foto: Rob Kesseler / Wolfgang Stuppy (Papadakis Publisher)

¿Te ves como un artista, un fotógrafo o un documentalista del mundo de las plantas?

Hay un poco de todo eso en lo que hago, pero básicamente soy un artista cuyo papel consiste en compartir, mostrar, entusiasmar y hablar de todas las cosas que me apasionan del mundo en el que tengo la suerte de vivir.

Está claro que eres de esas personas que disfrutan con su trabajo.

Hay muchos artistas con mucho talento y cuyos trabajos admiro que tienen una audiencia muy limitada. Creo que he tenido mucha suerte de caer dentro del mundo de la ciencia, donde he podido trabajar con personas maravillosas que me han permitido desarrollar proyectos que ni siquiera había soñado. Encontrar luego un editor con la visión para hacerle justicia a un trabajo así fue como encontrar al aliado perfecto para llevar el proyecto a gente de todo el mundo con quien comparto mi pasión por este mundo oculto de las plantas y las formas.

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