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Momentos de un viaje en tándem (parte II)  

17
SEP 2008

Después de mostrar el recorrido realizado por España, Portugal, Argentina y Uruguay, ahora corresponde el turno a Brasil y Venezuela. He aquí la segunda y última parte del resumen fotográfico del viaje que nos ha llevado durante 40 meses por la Península Ibérica y la costa atlántica sudamericana, desde Ushuaia hasta Caracas.

A orillas del océano Atlántico y de la bahía de Guanabara se yerguen los "morros" que conforman la particular e inconfundible silueta de Río de Janeiro. Los cariocas están tan orgullosos de ella que la llaman "a cidade maravilhosa", y afirman sin ruborizarse que se trata de "a mais bela cidade do mundo".

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Río es una buena muestra de los contrastes que existen en el país, ya que un mismo espacio reúne playas tropicales de ambiente único, despampanantes mulatas y "bossa nova" con favelas, altísimos índices de criminalidad y enormes diferencias sociales.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

São Paulo, "la ciudad que no duerme", es la capital social, cultural y económica brasileña. Esta mastodóntica urbe, uno de los principales centros financieros del mundo, es la mayor ciudad del hemisferio sur: alcanza casi los 30 millones de habitantes si contamos las ciudades satélite de los alrededores (lo que se conoce como Complejo Metropolitano Extendido).

La bicicleta nos permite recorrer las ciudades y, cómo no, el campo, en cuyos espacios abiertos nos sentimos mucho más cómodos. Las grandes áreas poco pobladas de este enorme país (casi tan grande como toda Europa) y el clima caluroso favorecen el poder acampar habitualmente al aire libre.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Pero además de ofrecernos la posibilidad de visitar diferentes lugares a lo largo del viaje, la bicicleta también nos permite ir conociendo a personas maravillosas que se van convirtiendo en buenos amigos.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Una de las mayores expresiones de la cultura brasileña es sin duda el carnaval. El de la ciudad de Florianópolis, en el sur del país, a pesar de no contar con la tradición y la fuerza del de Río, nos asombró por la enorme explosión de color, música y baile.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

En realidad, se trata de una férrea competición entre diferentes grupos (formados a menudo por centenares de miembros) conocidos como "escuelas de samba". La prueba viene marcada por unas reglas que limitan hasta el tiempo del que la escuela de samba dispone para recorrer el "sambódromo", el lugar donde los jueces puntúan los distintos aspectos de la presentación.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

La elaboración de carrozas, vestuario y maquillaje es muy sofisticada, y junto con la coreografía giran alrededor del tema que ofrece cada equipo. Incluso la música es compuesta para la ocasión. Los hinchas de cada escuela viven esta prueba con la misma pasión que si se tratase de un mundial de fútbol.

Pero este estilo de carnaval no es el único que se celebra en Brasil. En la histórica ciudad de Olinda (vecina de Recife), las calles son tomadas por una multitud que va disfrazada a su aire y da muestras de sus ganas de bailar y divertirse.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Un buen ejemplo del Brasil más histórico lo tenemos en Salvador de Bahía, la hermosa ciudad costera que presenta el mayor conjunto urbano de arquitectura colonial de las Américas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

El lugar, rehabilitado en los años 90, es muy hermoso, y bien vale la pena pasearlo tranquilamente de día o de noche y visitar alguna de sus numerosas iglesias cargadas de arte. Sin embargo, la crónica no es alegre: esta ciudad recibió la mayor parte de los esclavos secuestrados en África por los portugueses con destino a las plantaciones brasileñas de caña y a las minas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

El casco histórico se conoce como "Pelourinho" porque la plaza central contaba con un "peló", un poste en el que se azotaba públicamente a aquéllos que eran capturados después de haber intentado escapar.

La masiva llegada de esclavos ha hecho que en la actualidad la mayoría de los habitantes de la ciudad (cuatro de cada cinco) sean en alguna medida descendientes de africanos. Aunque su situación ha mejorado desde la abolición de la esclavitud, hace 120 años, este grupo humano todavía mantiene un nivel de vida mucho más bajo que el de los descendientes de europeos.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

El desequilibrio social genera enormes problemas de pobreza. Estos jóvenes sin casa duermen frente a la fachada de la oficina de turismo de la ciudad:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Gracias a UNICEF, con quien hemos colaborado activamente durante el viaje, conocemos el trabajo del colectivo Axé, una organización que apoya a niños y jóvenes que viven en la calle y a otros que están en riesgo de abandonar su hogar.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Su metodología de educación y desarrollo es el arte, y cuanto más relacionado con la cultura local, mejor. En este caso, los jóvenes practican capoeira, la mezcla de arte marcial y danza desarrollada en Brasil por los esclavos africanos y sus descendientes.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Antes de alimentar la mente con formación y cultura empiezan por el estómago.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

La bahía de Todos los Santos desde la ciudad de Salvador:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

En la frontera de Brasil con Argentina (y muy cerca de Paraguay), se encuentra uno de los mayores espectáculos ofrecidos por la madre naturaleza en nuestro planeta: las cataratas de Iguazú, un impresionante conjunto de más de 270 cascadas que en época de lluvia llega a formar un hermoso manto blanco de 3 kilómetros de longitud.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Si hablamos de maravillas naturales, no podemos olvidarnos del gran río: el Amazonas. Los datos de este auténtico mar de agua dulce en movimiento baten todos los récords: es el mayor del mundo en captación de agua, número de afluentes y volumen de líquido descargado en el océano (la quinta parte del agua total que se vierte en los mares).

Hasta hace poco tiempo se le consideraba el segundo río más largo del mundo, pero nuevas mediciones lo han estirado hasta los 6.800 kilómetros, superando así al Nilo.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

El Amazonas permite que las embarcaciones se adentren miles de kilómetros en el interior del continente. Las naves avanzan cerca de la orilla porque la corriente aquí baja con menos fuerza.

Madre e hija viajan en el barco que remonta el río durante cinco días desde Belén hasta Manaos. Duermen en una de las hamacas que se ven detrás, junto al resto de los pasajeros:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Del mar dulce, al mar salado. Miyuki y yo aprovechamos la arena dura de la bajamar para avanzar por playas solitarias. Además de disfrutar de hermosos paisajes costeros y de poder tomar un baño a capricho, conseguimos evitar carreteras con denso tráfico de camiones.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Pero no todo es idílico: el problema aparece cuando la pesada bicicleta (unos 100 kilos todo el conjunto) se clava en la arena porque ésta deja de ser compacta o porque llega el momento de entrar o salir de la playa. En esta ocasión, encontramos a una pareja de simpáticos amigos que, viéndonos sudar la gota gorda sobre la ardiente arena, salen de la sombra para echarnos una mano.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Procuramos circular por carreteras de asfalto que no sean demasiado transitadas, porque además de ser más seguras (en cuanto a tráfico y a la posibilidad de asaltos), nos ofrecen lugares tranquilos en los que poder conversar con la gente.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

A menudo recorremos caminos de tierra por los que llegamos a lugares fuera de cualquier ruta turística. Es habitual que los niños salgan de las casas para observar divertidos una bicicleta tan larga y extraña.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

También nos encontramos con situaciones injustas. Aunque la esclavitud fue abolida hace más de un siglo, la situación de pobreza obliga a éstos y otros muchos miles de cortadores de caña de azúcar a trabajar largas jornadas bajo el sol tropical a cambio de salarios muy bajos. Esto se ve con especial intensidad en el nordeste del país.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Brasil cuenta con una biodiversidad extraordinaria. Los encuentros con animales han sido constantes, algunos alegres como el de esta pequeña tortuga:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Y otros tristes, como el de este enorme oso hormiguero que yace atropellado en la cuneta:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Uno de los encuentros más curiosos fue con un perezoso que se había encaramado a los cables de alta tensión. Afortunadamente, el animal se salvó de morir electrocutado porque estaba en un área agrícola que todavía no había sido conectada a la red eléctrica.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Este país ha contado con una inmigración (voluntaria y forzada) tan amplia, que en la actualidad existe una gran diversidad racial. Aunque de orígenes diferentes, tanto Miyuki como Tatiana son brasileñas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Con el tiempo, las diferentes razas se van mezclando y la variedad aumenta aún más.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

No podemos olvidar que también son brasileños los primeros moradores de estas tierras. La situación de los indígenas ante el avance del hombre blanco ha sido en general muy difícil y han sufrido exterminio, esclavitud, pérdida de las tierras, asimilación cultural...

Curumín es un joven líder de una aldea potiguara que está intentando recuperar el bagaje cultural de su pueblo -ya apenas queda gente que hable su lengua en la región- de una forma muy curiosa: a través de sueños en los que se pone en contacto con sus ancestros.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

El joven también se dedica a elaborar hermosa artesanía relacionada con su cultura indígena:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Un conflicto reciente es el de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, en Roraima, en el norte del país. La presión ejercida por media docena de arroceros llegados en los años 80 pero con mucha influencia económica y política pone en riesgo el futuro de miles de indígenas macuxis, wapixanas, taurepangs, yecuanas...

La movilización de apoyo a estos colectivos es internacional. Recomendamos buscar información en la página web de la organización en defensa de los pueblos indígenas Survival para secundar la campaña.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Dejamos el norte de Brasil y entramos en Venezuela. En el primer tramo recorremos un lugar mágico: la Gran Sabana, la región más antigua sobre la corteza terrestre, una meseta de casi 1.000 metros de altura sobre la que destacan los majestuosos tepuyes.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Los tepuyes son las montañas que se elevan por encima de la meseta hasta alcanzar los 2.800 metros de altitud. El más famoso es el Roraima, una montaña sagrada para los indígenas pemones.

La abrupta elevación y su aislamiento han ocasionado que muchas de las plantas y animales que habitan en la cima hayan evolucionado de una manera particular y sean únicos: sólo se encuentran aquí, y entre ellos una gran diversidad de plantas carnívoras.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

En Ciudad Guayana, una joven y dinámica metrópoli industrial venezolana, se encuentra el Parque Nacional Canaima. Aquí, el río Caroní forma estas hermosas cascadas poco después de haber producido electricidad en la represa del Guri y poco antes de desembocar en el Orinoco.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Venezuela sigue la dinámica que hemos llevado en Brasil y nos asombra permanentemente con la amabilidad y cordialidad de la gente. Las pequeñas ciudades mantienen la arquitectura colonial y una gran cantidad de coches de décadas pasadas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Caracas se extiende por un valle alargado entre dos cadenas montañosas. La altura a la que está situada (casi 1.000 metros sobre el nivel del mar) la mantiene con una temperatura bastante fresca para la latitud tropical en la que se encuentra. En la imagen, el enorme barrio de Petare (un millón y medio de habitantes), el equivalente a las favelas brasileñas:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

La mujer wayúu tiene un peso especial dentro de su comunidad. Este pueblo indígena localizado en la Guajira, con medio millón de personas, es el más numeroso de Venezuela y Colombia.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Venezuela cuenta con una diversidad medioambiental extraordinaria: playas caribeñas, selva tropical, montañas nevadas (el pico Simón Bolívar roza los 5.000 metros de altura), enormes ríos (entre ellos el Orinoco), islas paradisiacas, zonas desérticas... o Los Llanos, uno de los ecosistemas más importantes del mundo.

Recorriéndolo, es habitual asistir desde el camino a imágenes como ésta, en la que aves y cocodrilos comparten la misma charca.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

En la costa del Caribe recibimos la noticia que modificará nuestros planes de viaje: vamos a ser padres.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Después de 40 meses de viaje en bicicleta decidimos regresar a casa para tener al bebé. En la imagen, Miyuki recibe un regalo (una red indígena que nos servirá para llevarlo con nosotros) de los amigos del Centro Vasco de Caracas. La despedida es muy emotiva.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Con estas líneas queremos dar las más sinceras gracias a las maravillosas personas que hemos conocido a lo largo del viaje, que de una u otra forma nos han dado la energía para poder hacerlo posible.

Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.

La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.

Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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