Crónica

Rineke Dijkstra, o cómo hacer buena la teoría del menos es más

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La autora habla acerca de su fidelidad a la fotografía química y la cámara de placas

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
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DIC 2014
Eduardo Parra | Alcobendas

Aunque las continuas llamadas de atención a los asistentes -periodistas incluidos- advirtiendo de la prohibición de tomar fotografías rebajaron algo la chispa al encuentro y pese a que la densa introducción a cargo del crítico de arte Hans den Hartog Jager -más de 45 minutos- dejó al público un poco tocado, la charla que la fotógrafa Rineke Dijkstra ofreció el pasado jueves en el Centro de Arte Alcobendas no defraudó.

Durante cerca de dos horas la fotógrafa neerlandesa repasó su trayectoria y explicó su trabajo en un evento organizado por la Escuela PIC.A dentro del programa de formación que el ayuntamiento de Alcobendas y PHotoEspaña mantienen en la ciudad madrileña.

Foto: Rineke Dijkstra

Como en tantas otras vidas fotográficas, la de Dijkstra comenzó en grandes empresas retratando hombres de negocios, un tipo de trabajo que no encajaba en lo que ella entendía como su fotografía. Un periodo de reflexión, en parte forzado por un accidente que la mantuvo en rehabilitación durante varios meses, propició la revelación que Rineke necesitaba para encauzar su fotografía.

Fue en esta época cuando decidió, exhausta tras las titánicas sesiones de piscina para recuperar su musculatura, que lo que ella quería ver en sus imágenes era gente relajada. Sin adornos.

Investigar a la gente

Dijkstra explicó en su charla con Hans den Hartog Jager que sus fotografías hacen bueno el teorema popular del menos es más, ofreciendo en una imagen aparentemente simple infinidad de pequeños detalles, muchos de ellos incontrolables. Y si hace series -explicó Dijkstra- es porque puede trabajar y al mismo tiempo experimentar e investigar a la gente.

“Prefiero que las cosas sucedan de forma natural. No creo que sea una fotógrafa documentalista”, comentó antes de explicar que, cuando trabaja, no suele dar “demasiadas directrices” a sus retratados.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Interrogada acerca de qué opina de las comparaciones de su obra con la de su paisano Rembrandt, Dijkstra defendió que, si bien la pintura y la fotografía son trabajos distintos, sí es posible que existan ciertas coincidencias entre ambos. “Parece que se está fusionando el arte en general con la fotografía, aunque ésta es cada vez más conceptual”, apuntó.

Dijkstra continúa siendo una fotógrafa hecha a la antigua. Utiliza una cámara de placas, sin intención (“mientras siga encontrando película”) de pasarse al píxel. La artista contó que una de las ventajas, a su juicio, de la cámara tradicional de placas es que las escenas se le aparecen boca abajo, algo que es “mucho mejor para ver las líneas y formas” que componen el encuadre. La expresión de la gente “la veo apartándome de la cámara”.

Foto: Rineke Dijkstra

“Disfruto con el proceso de la fotografía antigua, el revelado, el cuarto oscuro… “, explicó Dijkstre, reconociendo después que sus sesiones de fotos “no son de un minuto” y que normalmente tira “cinco o seis fotos si estoy al aire libre y unas diez o quince si estoy en el estudio”. Sin duda toda una razón de peso para no cambiar al formato digital. ¿La ventaja de este último? Para Dijkstra solo habría una: “Sería más barato.”

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