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Con texto fotográfico

"Lo que nosotros sintamos o dejemos de sentir es irrelevante" Ricardo García Vilanova

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Foto: Ricardo García Vilanova
30
OCT 2014
Declaraciones obtenidas por Eduardo Parra

Confiesa ser cada vez más escéptico respecto a la capacidad del fotoperiodismo para cambiar las cosas, pero lo cierto es que sin trabajos como el suyo los conflictos armados en Siria o Libia -y sobre todo sus terribles consecuencias para la población- correrían el riesgo de convertirse en una nota más a pie de página. Ricardo García Vilanova prefiere no hablar de los meses que pasó cautivo en manos del Estado Islámico junto al periodista Javier Espinosa, con quien cubría como fotógrafo free lance el asedio de Alepo por parte de las tropas gubernamentales de Bashar al-Asad. Son sus imágenes las que hablan de las heridas que las guerras, como siempre, causan en los más inocentes.

Ricardo García Vilanova

Esta foto está tomada el 16 de agosto de 2012 en la ciudad de Alepo, en unos momentos en los que entrar a trabajar en Siria era realmente complicado para los periodistas porque tenías que hacerlo de forma ilegal a través de Turquía. Javier [Espinosa, enviado especial de El Mundo] y yo habíamos conseguido entrar en la ciudad, que en aquella época estaba sitiada por las fuerzas de Asad.

La estrategia de las fuerzas progubernamentales era castigar los objetivos civiles, y el día en que se hizo esta foto hubo tres bombardeos que afectaron a tres panaderías. Hubo 197 heridos y 50 personas muertas.

Esta imagen la utilizó Human Rights Watch porque ese día fue el peor día de la guerra de Siria hasta ese momento. El día en que más civiles murieron. La foto recoge a dos hermanos en el hospital Dar Al Shifa que estaban en una de esas panaderías haciendo cola. Les cayó un mortero y la metralla les hirió en las piernas. A pesar de que la foto es visualmente muy fuerte, las heridas de los niños no eran graves: eran pequeñas y poco profundas.

"Separar lo que es impactante de lo que es solo morbo es un proceso muy subjetivo"

Esta imagen no te deja indiferente, pero si la miras fríamente no es absolutamente nada comparado con lo que realmente representa un bombardeo cuando se ceba con los civiles, donde hay mil heridas inimaginables y horrorosas.

Separar lo que es impactante de lo que es solo morbo es un proceso muy subjetivo. Yo no tomaría una imagen de la que no quisiera ser el protagonista, pero en realidad no se trata de si se piensa en uno mismo o no. Lo que nosotros sintamos o dejemos de sentir es irrelevante. Los protagonistas son ellos, las personas que están allí.

Nosotros tenemos la suerte y el privilegio de decidir cuándo entramos y cuándo salimos de allí, pero ellos están atrapados en ese conflicto. La historia es suya. Si no la cuentas, como dicen en Reporteros sin Fronteras, no existe.

Hoy día hay una invasión masiva de imágenes, y tu objetivo como transmisor es que el receptor recuerde la imagen y ésta le haga reflexionar. Y eso solo se consigue si la imagen tiene información, no te deja indiferente y su composición destaca por encima de las demás.

A mí me gustaría creer que esta fotografía ha agitado conciencias, aunque cada vez soy más escéptico y creo más en la intervención directa de las oenegés y las personas que trabajan sobre el terreno ayudando.

En qué medida ayudan los medios no es algo palpable, pero un trabajo que hace una oenegé sí que es algo palpable. Si tú trabajas para una oenegé y haces esas fotos y las publicas para captar fondos, eso sí que tiene una acción-reacción en cuanto al resultado. El trabajo para un medio de comunicación, no.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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