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OpiniónEnfoque diferencial

Los árboles del bosque

 
23
MAY 2011

Juan Medina, de la agencia Reuters, conseguía publicar hace unos días una magnífica imagen de la Puerta del Sol en la portada del The Washington Post. Es una foto increíble, no sólo por su ejecución técnica, que es perfecta, sino por el simbolismo que encierra. Es una de las imágenes del movimiento 15-M que han dado la vuelta al mundo.

Sin embargo, cualquiera que haya estado mínimamente enganchado a Twitter o Facebook estos días habrá visto que, más allá de la icónica instantánea de Medina, han aparecido publicadas en esas redes sociales otras decenas de imágenes igualmente increíbles.

Una de las conclusiones del 15-M es que el fotoperiodismo, profesional o ciudadano, está más vivo que nunca

Aunque hoy día las ediciones digitales de los medios de comunicación se actualizan al minuto, una de las cosas que ha demostrado el movimiento 15-M (una más) es que en no pocas ocasiones la velocidad supera a la calidad en la lista de prioridades informativas.

Los fotoperiodistas nos hemos quedado desfasados con nuestras cámaras híper modernas y súper caras. Lo imprescindible estos históricos días era celeridad: hacer la foto y colgarla en Internet cuanto antes. ¿Calidad? Si la información lo vale, todos toleramos un poco más de ruido de lo habitual, un encuadre deficiente, una iluminación pobre o una ligera trepidación.

Para los amantes de la fotografía, y especialmente los del fotoperiodismo, la semana pasada fue una auténtica gozada. Los profesionales hemos recibido, otra vez, una magnífica lección de humildad de decenas de fotógrafos anónimos que han inmortalizado con sus cámaras (réflex, compactas e incluso móviles) pequeños grandes detalles que a los ojos a sueldo se nos han escapado. No son pocas las instantáneas que rebosan calidad técnica e informativa a partes iguales. La portada de El País del pasado sábado, firmada por un hasta entonces "desconocido" Jacobo Méndez, es un gran ejemplo de ello.

Se pueden sacar de esto muchas conclusiones. Una de las mas frías es que todos los fotoperiodistas necesitamos con urgencia un transmisor incorporado a las cámaras SLR. No es de recibo invertir miles de euros en equipo y que un móvil nos gane la partida. Sí, es cierto que hay transmisores externos que se conectan a las cámaras, pero, oiga, son unos cuantos cientos de euros más, y un móvil de 250 euros ya hace el trabajo. La transmisión inalámbrica debería ser una prestación más, no una opción apta sólo para algunos bolsillos.

La portada de este sábado del rotativo El País, con la foto de Jacobo Méndez a triple columna.

Otra de las conclusiones es que el fotoperiodismo -profesional o ciudadano- no sólo no ha muerto, sino que está más vivo que nunca. Los que decían que el futuro del periodismo gráfico pasaba de forma casi exclusiva por el vídeo se han dado de bruces contra la realidad: el movimiento 15-M se ha retransmitido al mundo sobre todo con fotografías.

Y por último, y probablemente la conclusión más importante de todas: por una vez hemos podido ver el bosque y adentrarnos en él para contemplar los árboles, aunque hayan tenido que ser quienes fotografían por afición los que nos han abierto los ojos.

El policía con la flor en Murcia. Labordeta más presente que nunca. El huerto de Sol. El grito del silencio. Son imágenes que, probablemente, sin el periodismo ciudadano, sin Internet y sin redes sociales se habrían quedado en algún archivo perdido en algún cajón de algún aficionado, pero que hoy forman parte ya de la historia.

Son fotos de los protagonistas de la noticia. Ellos, que pueden permitirse el lujo de ser parte de la información -algo que, en teoría, los periodistas no podemos hacer- han demostrado a los profesionales gráficos que las imágenes están ahí... si bajas a la calle a buscarlas.

Foto: Sergio Ruiz / sergi MD

Hay un "hashtag" en Twitter titulado #periodismorealya con el que se está haciendo un llamamiento a la clase periodística a bajar a la calle y no contar las cosas desde Internet. Eso es algo que los fotógrafos ya sabíamos. Y es que se puede escribir la crónica de una guerra desde el sillón del hotel, pero para conseguir fotos de los insurgentes en Libia hay que jugarse el pellejo.

Incluso en plena resaca postelectoral, podemos afirmar que la revolución del 15-M ha prendido mecha y afectará a todas las esferas sociales. Fotográficamente hablando, la lección que nos ha dado este movimiento es que cuando una imagen es buena da igual quien la firme, quien la haga, quien la edite. Solo sé que si no tengo una fotografía como la de Jacobo Méndez es porque yo no estaba allí.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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