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OpiniónEnfoque diferencial

Buitres

 
25
MAY 2009

Hace unos días un compañero de profesión, Fernando (Fer), tenía motivos para dar palmas con las orejas tras conseguir su primera portada en una revista de tirada nacional. La ilusión del primer momento -todos los que trabajamos en esto recordamos nuestra primera portada como nuestro primer beso- debió dejar paso a la incredulidad ante el retoque -más bien manipulación- al que habían sometido la imagen.

Ya se sabe que el retoque no sólo está mal visto en prensa, sino que para muchos es casi un pecado. Y cuando el retoque se convierte en manipulación, más que pecado es un insulto a la profesión. Sin embargo, parece que en prensa rosa todo vale.

La situación era la que sigue: comunión de cierta hija de famosa; salida de la susodicha al acto de celebración; gente a su alrededor y por detrás. Así se hizo la foto y así se transmitió, porque así era la realidad (salvo el efecto de pixelado aplicado en el rostro de la menor, obligatorio por ley).

La portada retocada que finalmente vio la luz.

Sin embargo, a alguien de la revista Diez Minutos no le debieron gustar los individuos del fondo y decidió que el divino Photoshop se los podía cargar con la misma facilidad con que Poseidón hundía barcos. Total, si no son nadie, qué importa la ética periodística.

Y así, en efecto, se publicó la imagen. Manipulada para que, de las cinco personas originalmente presentes en la escena, sólo aparecieran dos. Es posible que la foto sea ahora mejor -teniendo en cuenta todo lo buena que puede ser una foto de una comunión-, pero no es auténtica y eso en prensa es primordial.

Supongo que éste no es el lugar para debatir si la prensa rosa tiene o no más credibilidad o si es periodismo de segunda, pero lo que queda claro es que los editores gráficos de las revistas del colorín tienen tanta ética periodística como un mono ganas de comerse un caballo. Y quienes lo permiten, que sí son periodistas, tres cuartos de lo mismo.

Los editores gráficos de la prensa rosa tienen tanta ética periodística como un mono ganas de comerse un caballo

Hace pocos días la polémica saltó en el nuevo continente por un archivo RAW procesado, según el jurado, "en exceso". Aquí se saca una portada claramente manipulada y las asociaciones de prensa no dicen esta boca es mía.

Los editores gráficos no se contentan con poder recortar la foto a su gusto, que ya de por sí es un acto que no pocas veces desvirtúa la esencia de la imagen original -lo pudimos comprobar hace unos días con la polémica de Fernando Alonso-, sino que algunos también se cuelgan la etiqueta de semidiós del periodismo para falsear una imagen así por las buenas.

¿Y qué firma le ponen a esa foto? ¿La del fotógrafo o la del retocador? ¿Y si ahora se empieza a correr la voz que tal fotógrafo manipula sus fotos cuando, en realidad, ha sido la revista que las ha comprado la que ha manipulado? ¿Le pidió alguien permiso al fotógrafo para perpetrar este retoque?

En las redacciones se creen con un derecho particular a reinterpretar lo que el fotógrafo capta, y se equivocan. Que un fotógrafo venda una foto no significa que la puedan distorsionar, del mismo modo que si yo doy -o vendo- unas declaraciones no se pueden remontar para que digan otra cosa. Parece lógico, pero por lo visto a algunos va a haber que hacerles un croquis.

Algunos se cuelgan la etiqueta de semidiós del periodismo para falsear una imagen así por las buenas

No sé qué es peor, si que los editores lo hagan o que nadie se queje de que lo han hecho. Tal vez -y digo tal vez- a los paparazzi les importen poco estos retoques, pero a los fotógrafos de prensa diaria, al menos a la mayoría, sí les preocupan.

Si son capaces de borrar dos o tres personas para dejar un fondo limpio, ¿qué no serán capaces de hacer para vender más ejemplares? ¿Nos creemos la próxima foto de esa famosa cuya falda indiscreta se levanta en el peor momento? ¿O aquellas manos furtivamente cogidas entre dos "sólo amigos"?

De acuerdo que la prensa rosa nunca ha sido el paradigma de la credibilidad, pero hay cosas que traspasan todos los limites. Camuflar como una verdad absoluta lo que alguien ha oído que han dicho tiene delito, pero falsear una foto no tiene perdón.

Algún día levantaremos el culo de la silla y nos quejaremos. Hasta entonces, me temo que tendré que conformarme con quejarme desde este púlpito.

Nota editorial: se ha retirado la fotografía original, en la que aparecen cinco sujetos en vez de dos, a petición del autor de la misma, quien también ha hecho saber a QUESABESDE.COM que su opinión sobre este asunto no coincide necesariamente con la del autor del presente artículo. Precisamente como consecuencia de ello, se han matizado las referencias personales presentes en el primer párrafo del artículo ("dejó paso a la incredulidad cuando se dio cuenta del retoque" por "debió dejar paso a la incredulidad ante el retoque").

Fe de erratas: la foto se realizó a la salida del acto de celebración de la comunión y no a la entrada, como el autor indicaba inicialmente en su opinión.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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