• Y Canon volvió a temblar
  • ¿Dónde demonios estaban los fotógrafos?
OpiniónEnfoque diferencial

Esclavos del retoque

 
12
NOV 2007

Trabajar de fotógrafo en prensa es, muchas veces, un proceso repetitivo. En no pocas ocasiones repetimos la misma fotografía una, otra y otra vez. Día tras día, semana tras semana.

Los plenos del Congreso (repitamos), las comparecencias del Consejo de Ministros (repitamos), las presentaciones de libros en las sedes de las editoriales (repitamos) o las conferencias en los grandes hoteles (repitamos) se repiten repetidamente en esta profesión.

En fotografía química el 99% de las instantáneas se atinaban a la primera: luz y color perfectos de un solo disparo

Los lugares no cambian. Las luces, generalmente, tampoco. Y el decorado es como en los viejos dibujos animados de Hanna-Barbera.

Por esa razón, a las pocas semanas de trabajo uno sabe perfectamente qué balance de blancos hay que usar, qué sensibilidad se ha de colocar, qué diafragma y qué velocidad hay que fijar para clavar las fotos. Una vez vistas en la pantalla del ordenador, las tomas bien tiradas no necesitan -en efecto- retoque alguno.

Eso ha sido así desde siempre. En fotografía química, el 99% de las instantáneas se atinaban a la primera: luz y color perfectos de un solo disparo. Sin embargo, hoy día no son pocos los compañeros que no conciben eso de no retocar, ni que sea un mínimo ajuste de niveles, un reencuadre o una pequeña máscara de enfoque.

Hoy día no son pocos los fotógrafos que no conciben eso de no retocar, ni que sea un mínimo ajuste de niveles

Dejando al margen un par de medios que tienen por norma no editar las fotos -bajo ningún concepto-, lo cierto es que se está imponiendo la cultura del Photoshop. Tanto, que se retoca hasta lo que no hace falta retocar.

Pero no sólo a nivel profesional. Es como una droga que te hace adicto sin darte cuenta. Un cielo más azul, un bosque más verde, un atardecer más rojo... todo se retoca. La excusa suele estribar en el afán por obtener fotografías más espectaculares, aunque dejen de ser reales.

Lo que el ojo ve a través del visor no importa; lo que importa es aquello que nuestra imaginación ha visto. Y por la fuerza de Photoshop, logramos hacer que ambos conceptos coincidan. Nuestro compromiso con la realidad queda en un segundo plano.

El retoque es como una droga: un cielo más azul, un bosque más verde, un atardecer más rojo...

Eso deriva en un exceso de manipulación digital. Es como cuando uno prueba un pastel y se pregunta si con un poco más de azúcar sería más dulce... Al final, lo endulzamos tanto que empalaga y se hace desagradable.

Con Photoshop, el fenómeno es similar: tan impactante queremos dejar una fotografía, que deja de ser una fotografía para convertirse en una composición digital.

Impera en este siglo XXI la mentalidad que dicta que si una fotografía no se somete al proceso de retoque, le falta algo. Y ahora que el formato RAW está prácticamente asentado en la cultura fotográfica de base, este efecto es mucho peor.

Tan impactante queremos dejar una fotografía, que deja de serlo y se convierte en una composición digital

Casi todos -no vamos a decir todos- los fotógrafos que editan en RAW hacen múltiples ajustes, muchos de ellos innecesarios. Un cambio de tono aquí, un refuerzo de contraste allá, una saturación más alta acá... Todo sea por dejar una foto tal como la tenemos en la cabeza, aunque no sea fiel a la realidad.

La realidad tangible es hoy una baratija para los sentidos. Hace no demasiado tiempo el retoque era nuestro aliado. Gracias al ordenador y con un poco de pericia, podíamos recuperar una instantánea oscura, ennegrecer un humo un poco "lavado" y eliminar alguna que otra arruga en nuestros retratos.

Hoy hemos convertido esa ayuda en una soga que nos aprieta, en una espada que nos conmina a modificar una realidad que ya no es lo suficientemente real.

Nos convertimos en creadores de otra realidad en la que la fotografía es sólo el punto de partida

El ordenador ha afilado el lado romo de la navaja de la posproducción, convirtiendo el retoque en un arma de doble filo. Hemos olvidado realizar grandes fotografías y nos conformamos con imágenes aceptables que luego podemos modificar con un programa de retoque... y cuando logramos tomar directamente una fotografía perfecta, no somos conscientes de ello.

Estamos dejando de ser fotógrafos para convertirnos en creadores de otra realidad: una realidad alternativa en la que la fotografía es sólo el punto de partida, no la meta.

Y todo esto cuando apenas si hace diez años que trabajamos más o menos en serio en un mundo digital. Miedo me da pensar qué pasará dentro de diez años. Quién sabe, tal vez para entonces ya no sea necesario; tal vez para 2018 los ordenadores fotografíen, editen y piensen por nosotros.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

Artículos relacionados (1)
OpiniónEnfoque diferencial
28 / ENE 2008
0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar