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Policías y reporteros gráficos: cinco horas de calma, cinco minutos de noticia (Parte III)

 
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MAY 2009

Ya lo dijo Robert Capa: si no tienes una buena foto, es que no estabas suficientemente cerca. Un fotógrafo ha de estar al frente de la trinchera para tomar las mejores fotos, y eso suele derivar en roces más o menos contundentes y más o menos involuntarios con las fuerzas policiales. Pies de foto poco afortunados y fotos sacadas de contexto son, en algunas ocasiones, la chispa que necesita el polvorín para saltar por los aires.

Un Guardia Civil en activo se pregunta que si en una manifestación hay cinco horas de tranquilidad y cinco minutos de altercados, "¿por qué sale siempre la foto de los altercados?" Policías veteranos que han pasado por la unidad también se quejan de que la prensa siempre saca las fotos más escabrosas de las Unidades de Intervención Policial (UIP).

Jon Barandica, fotoperiodista y jefe de fotografía del diario Público, está de acuerdo en el fondo de la afirmación, pero expone sus razones: "Una foto de un altercado sin duda va a tener mucho más impacto visual, más fuerza dramática que una foto normal. ¿Tendemos a poner siempre la foto más impactante? Sí, pero también hay que entender que tenemos la opinión de los jefes, y hay que tener en cuenta lo que dice el texto de la noticia y cómo está hecha la maquetación."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Agentes de la UIP abandanonan la furgoneta policial durante unos altercados racistas en Alcorcón (Madrid).

Ricardo Gutiérrez, jefe de fotografía de El País, remarca que esto "no es amarillismo en absoluto". Así lo ve este veterano fotógrafo: "No se puede cuantificar la importancia de una noticia por su duración. Que haya una manifestación y durante cinco horas no pase nada no es noticia; que haya altercados aunque sean cinco minutos, sí."

Uno de los ejemplos más repetidos por los agentes de la autoridad cuando sale este tema se refiere a un enfrentamiento de hace ya muchos meses entre la policía autonómica catalana, los Mossos d'Esquadra, y unos manifestantes.

"Antes algunos policías te golpeaban la bolsa para que los objetivos salieran despedidos; hoy muchas veces te golpean directamente sólo por estar allí"

Aquel día un agente resultó herido en la manifestación, pero la polémica surgió porque diversos medios publicaron la imagen de un policía autonómico con un "kubotan", un cilindro ligeramente punzante utilizado para reducir o conducir a una persona. "Que haya un policía herido parece que no es noticia", comenta un agente a este respecto.

¿Y las agresiones? ¿Son ciertas las repetidas acusaciones de los fotógrafos acerca del exceso de fuerza por parte de la policía? ¿O son tal vez la venganza de los fotoperiodistas por no conseguir la foto deseada?

"Todos lo hemos visto alguna vez", sentencia un fotógrafo. "Antes, cuando la democracia era mucho más joven, algunos policías te golpeaban la parte de debajo de la bolsa para que los objetivos salieran despedidos y no pudieras trabajar; hoy muchas veces te golpean directamente sólo por estar allí, por hacer fotos. Te pegan por hacer tu trabajo. Tienen miedo a que les saques haciendo algo que no deben hacer."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Un agente de la UIP controla las inmediaciones de la Audiencia Nacional, en Madrid, para evitar incidentes entre grupos de ultraderecha y simpatizantes de Batasuna.

Ahora, según la mayoría de fotógrafos consultados, se trabaja mejor que antes, aunque se sigue sin trabajar bien. Los recientes incidentes con los Mossos tras el desalojo de la Universitat de Barcelona lo demuestran.

"Aceptamos -sentencia un fotógrafo madrileño- que hay accidentes, que te pueden dar un botellazo o un porrazo sin querer por estar en el meollo del tema. Lo que no es admisible es que te pongas a hacer una foto y te peguen con la porra de forma deliberada."

Teléfono escacharrado
La rumorología y el efecto teléfono escacharrado también tienen algo que decir en todo esto.

Se cuenta en Madrid la historia de un fotógrafo, allá por los años 90, que retrató el cargador de la pistola de un Policía Nacional con una pegatina de la bandera falangista. Según se comenta, dicho fotógrafo estuvo buscado por la policía como un vulgar delincuente. "Estuvo casi seis meses sin poder pisar la calle; la policía llevaba su foto en las lecheras [furgonetas de los antidisturbios] y te preguntaban el nombre por si le conocías", nos comenta un profesional del sector.

Una simple llamada al protagonista de esta historia, que hoy pisa moqueta, desmonta la historia punto por punto revelando que lo que realmente sucedió poco tiene que ver con lo que se cuenta.

"Lo que ocurrió fue que hice una foto a unos antidisturbios y llevaban una pegatina en el casco que se parecía al logotipo de una tienda de ideología ultra [denunciada varias veces por ensalzar el nazismo y hacer apología del racismo]. Se asoció a esa unidad con la tienda, y precisamente esa unidad de antidisturbios era muy respetada. Aquel malentendido supuso una mancha para ellos, pero a mí ni me dijeron nada ni me pasó nada."

El carné de prensa no es suficiente
No faltan agentes que piden que los fotógrafos se calcen un chaleco o distintivo similar que los distinga. Un policía de una UPR (Unidad de Prevención y Reacción) se queja de que los fotógrafos no están debidamente identificados y que si ellos tienen que cargar lo van a hacer esté quien esté en la calle. "En esos momentos no te puedes parar a pedir un carné", argumenta.

Fotógrafos consultados cuestionan esta idea, ya que "un chaleco que ponga PRENSA lo hace cualquiera en cualquier tienda. Ojalá hubiera un chaleco oficial [como recientemente se ha aprobado en Catalunya, aunque en este caso es un brazalete] que diese la Delegación del Gobierno, pero ahora mismo lo único que nos identifica como periodistas es nuestro carné de prensa." Actualmente tanto la Federación de Asociaciones de Prensa de España (FAPE) como la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (ANIGP-TV) están en conversaciones con el Ministerio del Interior para extender el ejemplo catalán a toda España.

Y es que en muchas ocasiones el trabajo de los agentes de la UIP choca frontalmente con el de los informadores gráficos.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Los medios de comunicación realizan su trabajo tras el cordón policial minutos después de un atentado de ETA con coche bomba.

Perímetros de seguridad de gran magnitud, agentes que se niegan a desplazarse siquiera medio metro para que los fotógrafos puedan encuadrar y jefes de dispositivo especialmente quisquillosos con las acreditaciones de prensa se enfrentan con fotógrafos que se saltan cordones de seguridad o que no acatan las indicaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado enarbolando la bandera de la libertad de prensa.

"El perímetro es por seguridad", nos cuentan desde la oficina de prensa de la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil, "pero también está para que los investigadores puedan hacer su trabajo; no está ahí por capricho."

Los fotoperiodistas están de acuerdo con esta sentencia, aunque algunos remarcan que a veces la actitud no es nada flexible: "¿Qué le cuesta a un policía moverse medio metro o un paso para que tengamos tiro? Yo creo que nada, pero hay algunos que dicen que no se mueven, y no se mueven."

Saltarse un semáforo
Otros fotógrafos comparan las órdenes dadas por los policías con un semáforo: "Si llegas tarde a trabajar, no es nada raro que te saltes un semáforo en rojo. Sabes que está mal, pero lo haces porque no puedes justificar un retraso. Eso sí, si te pillan, pagas la multa. Con los cordones es igual. Muchas veces los fotógrafos que no publican no cobran ni un euro, y si no tienen la mejor foto, no cobran. Lo que no está bien es que, si te pillan, te pongas chulo."

El premio Ortega y Gasset de periodismo Sergio Pérez es diametralmente contrario a esta opinión: "Saltarse un cordón [policial] es del género tonto; estás arriesgando tu vida y la del policía. Y ya ni siquiera por eso: es que si te cuelas hoy, mañana, en vez de estar a 200 metros, vamos a estar a 400."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Un fotógrafo atraviesa el dispositivio policial durante una manisfestacion de funcionarios cerca de la Audiencia Nacional, en Madrid.

"Lo que no puedes pretender es que te dejen pasar a la media hora de explotar una bomba. Claro que tampoco es de recibo que antes de que te dejen pasar hayan dejado pasar al SELUR [Servicio de Limpieza Urgente] y no quede nada", explica Pérez. "Y que luego el Samur [Servicio de Asistencia Municipal de Urgencia y Rescate] pase las fotos", apostilla otro informador.

"Saltarse un cordón policial es del género tonto, ya que estás arriesgando tu vida y la del policía"

Chema Moya, curtido fotógrafo de la Agencia EFE, es probablemente uno de los profesionales que mejor puede ponderar la relación entre fuerzas policiales y prensa en un polvorín como es el País Vasco. Tras haber pasado por la relativa calma de Sevilla, el ajustado protocolo de Madrid y el miedo constante en tierras vascas, nadie mejor que él para saber qué es realmente asfixiante y qué no.

"La relación con las diferentes policías es muy distinta en el norte. Operaciones de la Policía Nacional había muy pocas, pero sí las hay de la Guardia Civil y la Ertzaintza. Con la Ertzaintza hay muchos problemas, pero con la Guardia Civil todo son facilidades. Tenemos nuestros chivatazos, que nos avisan de las operaciones, y el trato con los agentes es perfecto", explica Moya.

"Tienes que cumplir una serie de normas no escritas, como ir con la luz interior del coche encendida y las ventanillas siempre bajadas para que se te vea bien, pero puedes trabajar. La Guardia Civil se informa de quién eres, tienen dossieres tuyos y hacen llamadas, y esto es bueno porque saben quién eres, qué vas a hacer y qué has hecho, y que no eres una amenaza."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Policías de paisano recogen muestras en las cercanías del foco de la explosión de un coche bomba colocado por la banda terrorista ETA en Madrid.

"En el País Vasco no te acreditas: la Guardia Civil te acredita a ti", continúa relatando Moya. "Según llegas a una operación, van a ver quién eres y si pueden fiarse de ti. Además, la Guardia Civil te avisa de todo. Por ejemplo, te viene un agente y te dice 'vamos a sacar dos cajas de documentos y un ordenador; dos minutos más tarde nos vamos'. Entonces tú sabes que en cuanto hagas la foto de las cajas te tienes que ir corriendo porque ellos se van con tres portazos en cinco segundos y te quedas solo con los radicales. La Ertzaintza no te avisa."

Preguntados los sindicatos de la Policía Autónoma Vasca por esta cuestión, la respuesta obtenida fue un "os llamaremos" que a día de hoy -semanas después- no se ha hecho realidad. De un modo similar actuaron los sindicatos del Cuerpo Nacional de Policía o el gabinete de prensa de la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil, que apenas contestaron un par de preguntas telefónicas remitiéndonos a una futura entrevista que nunca se produjo.

Lo que podríamos hacer, lo que pudimos haber hecho
Oteando la cercanía no se aprecia una solución a este conflicto. Policías y periodistas gráficos se echan constantemente un pulso en un combate inútil donde se pisan caras en lugar de estrechar manos.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Un agente de la UIP realiza funciones de prevención en la azotea de un hotel ante la visita oficial del presidente del gobierno.

Quizás algún día se darán cuenta de que la unión hace la fuerza; de que informadores gráficos y policías se necesitan mutuamente. Esperemos, como dijo Marie von Ebner-Eschenbach, que cuando llegue el tiempo de decidir lo que se podría hacer no lamentemos lo que pudimos haber hecho.

NOTA: La mayoría de las fuentes consultadas por QUESABESDE.COM para la elaboración de este artículo han preferido permanecer en el anonimato. El nombre de pila de los agentes del orden que en él aparecen citados se ha modificado por petición expresa de los entrevistados.

Este reportaje es la tercera parte de una serie compuesta por tres artículos:
- Policías y reporteros gráficos: como el gato y el ratón (Parte I)

- Policías y reporteros gráficos: pixelízame (Parte II)

- Policías y reporteros gráficos: cinco horas de calma, cinco minutos de noticia (Parte III)

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