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Porfolio

El fuego purificador de Las Luminarias

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Raúl Amaru se introduce con su cámara en el fuego, la oscuridad y los jinetes de estas fotogénicas fiestas

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NOV 2015

En las noches del 16 y 17 de enero, víspera de San Antonio Abad, patrón de los animales, las calles de la localidad abulense de San Bartolomé de Pinares se llenan de fuego para celebrar la noche de Las Luminarias, una espectacular fiesta patronal en la que jinetes a caballo saltan por encima de inmensas hogueras para purificarse y ahuyentar los malos espíritus.

Esta celebración, que cuenta con más de 200 años de antigüedad (aunque sus orígenes se remontan a los ritos paganos de la Edad Media), es la protagonista absoluta de un magnífico reportaje del fotógrafo colombiano Raúl Amaru, que nos sumerge con su cámara en la magia y el misterio del fuego purificador.

"Las imágenes que se pueden lograr son impresionantes. Los jinetes surgiendo de hogueras gigantes y rodeados de humo en medio de la noche crean un espectáculo apocalíptico”

“La primera vez que supe de Las Luminarias fue en 2013 a través de una fotografía de Víctor Otero que recibió una mención de honor en Picture of the Year Latam. En aquel entonces yo vivía en Bogotá, y jamás sospeché que algún día vería la fiesta con mis propios ojos.” Años más tarde Amaru se trasladó a vivir a Madrid y no dudó ni un segundo en acercarse con su cámara a San Bartolomé de Pinares.

Y es que, tal y como reconoce el propio autor, la fiesta de Las Luminarias es una golosina para los fotógrafos. “Gráficamente las imágenes que se pueden lograr son impresionantes. Los jinetes surgiendo de hogueras gigantes y rodeados de humo en medio de la noche crean un espectáculo apocalíptico”, explica. Lejos de centrarse exclusivamente en eso, el autor también contactó con una familia del lugar para conocer de primera mano los preparativos para el evento.

Aunque sea un lugar ideal para obtener grandes fotos, trabajar en Las Luminarias no siempre es fácil: “Una de las mayores dificultades no tiene que ver tanto con el fuego como con el humo. La cantidad de humo es tal que resulta asfixiante, se hace muy difícil respirar y a veces es casi imposible ver nada. Luego hay que tener cuidado de no quemarse con las hogueras y no salir golpeado por un caballo.”

Según nos explica Amaru, el reportaje está hecho mayoritariamente a 3.200 ISO para poder disparar a velocidades relativamente altas y así congelar el movimiento de los jinetes. El resultado son unas imágenes llenas de contraluces, fuertes contrastes y amenazadoras sombras para cuya realización el autor contó con una Nikon D7000 y un sencillo 18-55 mm f3.5-5.6.

Raúl Amaru reconoce inspirarse mucho en la pintura para sus trabajos, y entre sus fotógrafos de referencia no duda en destacar uno por encima de todos los demás: Cristóbal Hara. Cuenta en su haber con varios premios fotográficos, uno de ellos en uno de los concursos de Quesabesde.

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