• "La fotografía tiene un poder curativo"
  • "Muchas veces las imágenes más interesantes son aquellas que ni recuerdas ...
Entrevista
RAFA BADIA, FOTóGRAFO

"La fotografía de calle está siendo denostada por una presencia masiva en las redes"

56
Foto: Rafa Badia
17
FEB 2016

Fotógrafo, editor y profesor, Rafa Badia es uno de los referentes fotográficos de España y sobre todo de Barcelona, a la que acaba de dedicar su segundo libro: "Barcelona Blues". Una edición limitada de 200 ejemplares publicada por GrisArt Media que sirve también para conmemorar el 30 aniversario de esta escuela barcelonesa. El fotógrafo canario nos habla de las 80 imágenes -todas verticales- y los 19 poemas que contiene el libro, de la importancia de la edición y de su concepción de la fotografía de calle.

Cuando eras adolescente tu padre te inició en la fotografía durante unas largas caminatas. ¿Qué se te quedó de aquellos paseos?

Mi padre era fotógrafo apasionado y una persona muy culta. Mi formación cultural depende de él en gran medida. Yo me inicié en la fotografía de una forma regular a los 13 años, pero ya antes solía dar paseos por la dársena pesquera con él y mis hermanos en Tenerife, y ya con cinco años fotografiaba trozos de barcos y pescadores.

Pero entre los 15 y los 17 esos paseos, ya por el Retiro [en Madrid], se convirtieron en diálogos fotográficos con mi padre. Yo llevaba una Pentax Spotmatic que me había regalado él o una Leica 1F sin telémetro ni fotómetro que todavía conservo.

Igual lo de la street photography te viene de aquellos paseos.

Completamente. Siempre he sido un fotógrafo de exterior, y también te diría que esencialmente urbano.

¿Qué entiendes por fotógrafo urbano?

Calles, plazas, medios de transporte… No tanto de eventos sociales. Urbano porque cuando salgo al campo me parece fantástico pero me doy cuenta de que voy buscando palos y postes, líneas rectas para componer. La naturaleza me gusta mucho verla en vivo y en directo, pero me cuesta mucho fotografiarla.

rafa badia
Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

¿Qué es para ti la street photography? El poema “Cruce de calles” de tu nuevo libro “Barcelona Blues”, ¿es una definición poética de tu forma de concebirla?

Sí. “Cruce de calles” es el último poema, y creo que de forma inconsciente está escrito ex profeso para “Barcelona Blues”. Es una imagen que ves, una situación que vives durante unos segundos y no la puedes captar sencillamente porque no tienes la cámara. Pero me pareció una buena forma de expresarlo.

A mí me gusta mucho la poesía imaginista americana, la de William Carlos Williams y compañía, que trabajan con imágenes. En unos segundos coincidieron una serie de personas, incluido yo mismo, en un cruce de calles del barrio de Sants, y para mí se construyó una imagen que capté con la mirada, con la memoria y luego la dejé por escrito.

"Siempre he sido un fotógrafo esencialmente urbano. Cuando salgo al campo voy buscando palos y postes, líneas rectas para componer"

Yo no hago grandes distinciones entre la denominación de fotografía urbana o de calle. En una conferencia en 2010 establecí una diferencia entre fotografía de calle y fotografía en la calle. Esta última es la que literalmente tiene lugar en la calle, pero en la que esta no es más que el escenario donde ocurre.

Por ejemplo, muchas fotos de García-Alix son en la calle, pero no son de calle. Las fotos de Diane Arbus también son en la calle. Lo importante son los personajes, y el contexto es un escenario muy interesante.

rafa badia barcelona blues
Poema "Cruce de calles" en "Barcelona Blues". | Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Sin embargo las fotografías de calle son aquellas en las que la calle en sí misma es la protagonista. La calle, la relación de elementos que hay en ella: la gente que cruza, la publicidad, los edificios, los medios de transporte… Todo.

Creo que lo que mejor representa visualmente lo que es la fotografía de calle son las imágenes de Joel Meyerowitz de mediados de los 70 en paso universal, que con un gran angular fotografiaba las avenidas de Nueva York. En ellas te dabas cuenta de que efectivamente sí había personas, pero el verdadero protagonista era colectivo y había un diálogo entre las personas y las vallas publicitarias, las banderas de Estados Unidos, los edificios e incluso el cielo. Todo como un conjunto.

¿Podríamos hablar de una street photography de ámbito espacial y otra más temporal? ¿Diferenciar entre fotografía de escenario o acción o incluso hablar de una combinación de ambas?

Yo creo que sí. La cuestión fundamental en la fotografía documental y la fotografía de calle es documento en tanto que reporta algo que existe en la realidad. Es el trabajo en los ejes del tiempo y del espacio. En la documental el eje más importante es el tiempo, porque relata acciones: algo pasa en algún sitio. Y sin embargo la fotografía de arquitectura trabaja en el espacio: en un sitio hay una cosa; la acción es subsidiaria.

"Al final de mis 20 tenía que viajar. Editar entre los 30 y los 45 años. Pero con lo que me siento más contento y más feliz es con la docencia"

La fotografía de calle tiene de ambas cosas. Hay una parte tradicional que es captar el momento. Ahí conectaríamos con toda la escuela humanista parisina: Robert Doisneau, Willy Ronis, el pequeño instante decisivo de Cartier-Bresson (sobre todo en los años 30). O con autores contemporáneos como Matt Stuart o Mingo Venero, que relatan algo que ocurre en un contexto.

Sin embargo también hay algunos autores que trabajan más en lo espacial. Yo me reconozco más como un autor de espacio que no de tiempo, entre otras cosas porque creo que en la fotografía de calle habría que incluir lo que yo llamo bodegones encontrados.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

Para mí Walker Evans es un autor muy de calle, pero también lo son Aaron Siskind o Harry Callahan. A mí me gusta mucho, y de ahí procede el contacto con la fotografía que me viene de mi padre, esa fotografía del objeto encontrado, del espacio fragmentario que es recogido.

Creo que sí hay una fotografía de tiempo y del espacio dentro de la fotografía de calle. Yo tiendo más al espacio, y aunque mis composiciones son bastante plácidas y equilibradas, como procedo de la escuela del reportaje me he acostumbrado a trabajar muy rápido: incluso fotografías como la [motocicleta] Impala de la contraportada del libro las he resuelto en cuestión de segundos.

Tu relación con la fotografía es –digamos- altruista si tenemos en cuenta que como editor y profesor trabajas con las imágenes de otros.

Yo he tenido tres vidas laborables: primero reportero, fotografiando y escribiendo; después editor gráfico, y finalmente profesor. Se han ido solapando. Comencé a editar cuando todavía estaba colaborando con El País y empecé a dar clases cuando aún era editor de Edicions 62.

Si me preguntas cuál es la etapa que he disfrutado más, creo que cada una ha tenido su momento. Al final de mis 20 tenía que viajar. Editar entre los 30 y los 45 años. Pero con lo que me siento más contento y más feliz es con la docencia. Yo me definiría como profesor de fotografía.

¿Qué te aporta?

Mucho. Un trabajo documental, y esto me vale tanto para la docencia como para la edición, me permite experimentar cosas que yo no puedo vivir… Cuando llega Santi Palacios y me propone que hagamos la edición sobre su obra en un penal en Bolivia, o las fotos de Alfons Rodríguez, con el que solemos tener charlas de edición, u otros autores, tengo la ocasión de vivir vidas que de otra manera no alcanzaría. Por tanto me nutro del trabajo de los demás, expando mi percepción del mundo.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

Pero eso también lo experimenta un espectador.

No es lo mismo, porque cuando haces un trabajo de edición o el seguimiento de un reportaje de un trabajo final de un alumno es mucho más intenso, tiene más detalles, reflexionas más sobre ello. Vivimos en una sociedad en la que el consumo [de imágenes] es rápido.

"Me nutro del trabajo de los demás, expando mi percepción del mundo"

A mi libro yo imagino que se le dedicarán dos ratitos: uno rápido para ver las fotos y luego, al que le apetezca más detalle, leer los poemas. Pero hay diez años de trabajo, de darle cuatro o cinco vueltas de edición, que es lo que tiene que ser, y aun así no puedo pretender que le dediquen muchísima atención.

Lo que sí es cierto es que tanto en la docencia como en la edición afinas mucho en el detalle y tienes una percepción más minuciosa. No llegas a ser la persona que lo ha vivido en primera persona o que se ha ido al otro lado del mundo, pero en cierta forma participas de esa historia.

De tu etapa de reportero de viajes para El País hay una serie de fotografías en blanco y negro de finales de los 80 y 90 que delata que para ti el detalle de lo cotidiano es más importante que el lugar para contar la historia.

La mayoría de esas fotografías están hechas en situación de reportero. Yo hacía los viajes de prensa, y mientras trabajaba estaba alerta y en ocasiones decía: “Esta es para mí.” Como la foto del chico sentado en una terraza de París, a quien recién llegado allí vi. Un personaje que conectaba con mi imaginario del periodo más interesante a nivel visual del siglo XX, entre el 45 y el 65. De hecho para mí es un personaje de Albert Camus.

En aquella época teníamos que llevar dos cámaras, una en blanco y negro y la otra en color, para las guías de El País Aguilar, y a partir del 93 porque Tentaciones, el suplemento en el que estaba la sección de viajes, ya editaba páginas en color.

rafa badia
París (1990). | Foto: Rafa Badia

Pero Rafa Badia es claramente un fotógrafo en color…

Yo el blanco y negro lo quiero mucho porque nací y crecí fotográficamente en blanco y negro, pero en el color he descubierto muchos recursos visuales. Fue a partir de un proyecto que le encargó el gobierno de Canarias a la editorial El País Aguilar sobre libros de artesanía en las islas. Me colocaron el encargo por ser canario, y durante la primera mitad de los años 90 fui como unas 12 o 15 veces a mi archipiélago.

Descubrí Canarias desde otra perspectiva, y descubrí la fotografía en color, porque era para un libro. Vi que tenía un potencial visual muy grande con el cual yo me encuentro muy cómodo.

¿Qué referencias tenías de ese nuevo mundo en color y cuáles están presentes en “Barcelona Blues”?

Saul Leiter es un referente, claro, pero lo divertido es que yo lo descubrí en el año 2008 cuando la Fundación Cartier-Bresson le dedicó una exposición y Steidl publicó el libro-catálogo “Saul Leiter”. Me dije: “Este hombre está explicando lo que yo quería explicar.” Lo reconozco como un referente pero no como influencia, puesto que las fotos ya estaban hechas.

Creo que como primer referente visual incluso podría decir que Ernst Haas, a través de sus imágenes en la revista Photo de finales de los 70, me influyó mucho. Recuerdo que cuando vi las primeras fotografías me gasté la paga en un rollo de Kodachrome, una película maravillosa. También Joel Meyerowitz está claro que me influye.

No es que no quiera decir que no tenga influencias, pero voy encontrando autores que conectan con mi línea. Me ha pasado con “At Home” de Bruce Wrighton, con su serie de cámara de placas en Binghamton, en el estado de Nueva York. Veo esos bodegones y esas calles y digo: “¡Dios! ¡Qué bueno!” Nils Jorgensen es otro referente de In-Public, un danés que vive en Londres y que me gusta mucho por la mirada tan poética que tiene.

"En aquella época teníamos que llevar dos cámaras, una en blanco y negro y la otra en color, para las guías de El País Aguilar"

El hecho de que en color no tenga hasta hace unos pocos años unos referentes claros me ha permitido mi propio espacio. Luego resulta que estoy en la misma franja que gente a la que admiro como Gonzalo Juanes.

A José Manuel Navia le estuve editando en revistas como Altaïr, y creo que de forma consciente sí que fue un referente importante en el uso del color denso propio de la diapositiva. Él tendía a saturarla mucho subexponiendo.

rafa badia
Foto: Rafa Badia
rafa badia
Berlín (1997) y Helsinki (1995). | Foto: Rafa Badia

Tu nuevo libro “Barcelona Blues” es algo atípico: todas las fotografías son verticales, contiene poemas... ¿Cómo nace y qué nos cuentas en él?

Es parte de un proyecto en general que tiene miles de imágenes en diapositiva, en negativo color y en digital, y se llama “En BCN”. “A Barcelona” fue el primer libro. Está escrito en catalán y los 80 poemas de ocho versos son en realidad pies de foto poéticos, puesto que no se entienden si no ves la fotografía. Es una propuesta de la editorial Arola para su selección “He mirat aquesta terra” [He mirado esta tierra], que combina poesía y fotografía.

“Barcelona Blues” está publicado por GrisArt Media. Me dio la sensación de que me quedaba material fuera, pero 80 es un número que me gusta porque creo que somos incapaces de asimilar más fotos de una tacada. Siempre tomo como referencia el libro de Robert Frank [The Americans], que tiene 83 fotos. Es la atención que podemos mantener durante un periodo de tiempo determinado.

Inicialmente quería que “Barcelona Blues” fuera una exposición, pero por problemas técnicos me quedé con imágenes escaneadas a 8 megapíxeles. Hace menos de un año revisé esos archivos, y resulta que tenían un tamaño que daba para una impresión de 12 x 18 centímetros a 300 puntos por pulgada. Estoy en una fase en que me gustan los libros pequeños; me encantan las fotos de Kertész porque eran en 18 x 24. Son fotografías de aliento porque para verlas casi has de dejarlo en el cristal. Y un DIN-A5 es perfecto.

Así que pensé en hacer una edición de un libro vertical con poemas. Se trata de 99 poemas, de los cuales 80 son imágenes y los 19 restantes son escritos. Por eso se justifica la elección de un tipo de papel reciclado propio de un libro literario. Llevo escribiendo poesía más de 30 años, y para mí la labor de fotografiar y escribir poemas siempre ha sido algo muy importante: poesía y fotografía son para mí algo completamente natural.

rafa badia barcelona bluesrafa badia barcelona blues
"Barcelona Blues"

"En el fondo yo quiero establecer el estado de ánimo de un ciudadano cualquiera en su propia ciudad, que resulta ser Barcelona, desde una mirada algo melancólica con la que creo que se puede identificar alguna gente"

rafa badia barcelona blues
Ivan Sánchez (Quesabesde)
rafa badia barcelona blues
Ivan Sánchez (Quesabesde)

¿Surgen los textos de las imágenes, es al revés o hay desconexión entre ellos?

En realidad son dos trabajos relacionados que van en paralelo y que a veces se encuentran. Casi todos los poemas los he fotografiado y escrito por separado, y a posteriori me di cuenta de que se relacionan bien y los uní. Es el caso de “Sin aristas”, que creo que es de las mejores fusiones que hay.

En otros casos reconozco que he escrito el poema después de tener la foto porque quería continuar sobre ellas, como una segunda foto. Yo creo que los poemas van de dentro afuera y las fotos de fuera hacia dentro.

¿Puedes matizarnos esta naturaleza bidireccional?

De dentro afuera: yo tengo un sentimiento, una sensación o una percepción e intento trasladarla en una imagen exterior, como en el poema en el que hablo sobre el metro. La sensación de cansancio, de rutina y adocenamiento que tengo cuando voy en el metro en un día de trabajo la convierto en palabras, y hago participar a otros personajes de esas sensaciones mías. Utilizo a la gente de fuera para explicar mi sentimiento o emoción.

En cambio en la fotografía yo veo algo con lo que coincido, una persona con aspecto melancólico [como en la imagen que acompaña al poema “En el metro”], y luego entra en mí, viene de fuera a dentro.

Son parecidos, pero no exactamente lo mismo. Yo creo que la mayoría de mis poemas son muy visuales, y creo que la mayoría de mis fotografías son muy poéticas.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

Nos has explicado cómo nació y cómo está configurado, pero, ¿qué nos cuentas en “Barcelona Blues”?

De entrada el título original era “Barcelona vertical”, pero apareció una publicación con ese nombre y no lo pude utilizar. Luego me di cuenta de que al asociarlo con poemas ya no era Barcelona vertical, era otra cosa.

Creo que el título es bastante específico. Lo que quiero reflejar es el estado de ánimo, esencialmente melancólico, de la cotidianidad de vivir en una ciudad como es Barcelona. Me gusta mucho la frase de [Fernando] Pessoa que venía a decir que la melancolía es el placer de estar triste, en el sentido que yo no creo que sea una persona triste, pero como todo el mundo, tengo momentos de melancolía.

Y esos asaltos de melancolía te pueden venir en casa o en la calle. A mí me vienen en la calle. Lo que hago es darle la vuelta: intento conseguir algo agradable, bonito a partir de un estado de tristeza relativa -o de nuevo, más bien de melancolía- que me embarga cuando estoy en la ciudad. Por eso la cubierta es una fotografía de un atardecer, que es la hora más melancólica.

O en la contraportada aparece una moto que es parte del pretérito. Yo llegué a Barcelona en el 94, pero empecé a frecuentarla en el 90 y he visto cómo ha ido cambiando, cómo han desaparecido cosas y han ido apareciendo otras nuevas. Creo que esa melancolía por las cosas que me gustaban y que han sido sustituidas por otras más impersonales se refleja [en el libro]. En el fondo yo quiero establecer el estado de ánimo de un ciudadano cualquiera en su propia ciudad, que resulta ser Barcelona, desde una mirada algo melancólica con la que creo que se puede identificar alguna gente.

No son miradas en las que pase nada especialmente grande: puede ser una calle, gente en una parada de bus, una pintada en un rinconcito de la calle que nos habla de esa cotidianidad que no vemos porque solemos ir acelerados… Pero si nos detenemos un momento a reflexionar podemos sentir cierta melancolía que a veces puede ser un sentimiento feliz.

"A mí se me hace muy raro que ahora se resuelvan los retratos -que por definición son verticales- en horizontal para poder dar espacio en un plano medio a las manos. Creo que se dan tres motivos para esto: que el vertical no llena la pantalla del ordenador, que se usa demasiado el gran angular y eso complica mucho hacer verticales porque se caen las líneas con mucha facilidad y que las cámaras son muy pesadas y voluminosas y es incómodo usarlas en vertical"

Foto: Rafa Badia

Las fotografías del libro están llenas de puntos más o menos pequeños de color rojo.

Hay varias cosas. Primero los puntos de color. Es cierto que el rojo tiene mucho atractivo y excitación visual, pero también produce una saturación: es muy atractivo pero hay que dosificarlo. El azul es un color más de extensión, frío, tranquilo, relajado, melancólico si quieres. Me gusta porque ambos expresan melancolía y cierta excitación en el hecho de captarlas, la pulsión por tomar la fotografía.

Háblanos de la verticalidad de las imágenes. ¿Han salido todas verticales porque lo pedía la propia fotografía o has tenido que buscarla en algunos casos?

Para mí el proceso de la toma fotográfica es muy intuitivo y no reflexiono sobre ello. En algunas tengo la toma horizontal y la vertical, como en la de los dos chicos en el salón de tatuaje, pero la vertical es de largo mucho más interesante. Para mí es natural porque yo vengo de la cultura del papel, no de la pantalla.

Si miro hacia atrás al trabajo de autores urbanos que me interesan como Sergio Larraín, Warner Bischof o Cartier-Bresson, veremos que el porcentaje de fotografías verticales es menor que el de las apaisadas, puesto que así es la mirada de forma natural.

A mí se me hace muy raro que ahora se resuelvan los retratos -que por definición son verticales- en horizontal para poder dar espacio en un plano medio a las manos. Creo que se dan tres motivos para esto: que el vertical no llena la pantalla del ordenador, que se usa demasiado el gran angular y eso complica mucho hacer verticales porque se caen las líneas con mucha facilidad y que las cámaras son muy pesadas y voluminosas y es incómodo usarlas en vertical.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

Pero a mí me viene de natural si tenemos en cuenta que uso una cámara pequeña y estoy acostumbrado a las publicaciones que son esencialmente verticales.

En el libro todas las fotografías son diapositivas Fuji Sensia de ISO 100 disparadas con una Nikon FM2 y un 50 milímetros. No tienen latitud, así que no puedo equivocarme en la fotometría. Además a un editor no le podías entregar un trozo de una diapositiva, y por tanto la obra tiene que ser exacta y perfecta en el momento de la toma. Veo interesante el grado de tensión creativa que se mantiene.

En diez años de trabajo una ciudad como Barcelona cambia mucho. Tu trabajo es casi un documento de los primeros años del nuevo milenio en la ciudad condal.

“Barcelona Blues”, como toda fotografía callejera, en el fondo es una cuestión de memoria. Varias de las fotografías que aparecen en él son de cosas transitorias o llevaban mucho tiempo y ya se han perdido. Creo que no podemos entender la Barcelona de 1964 sin autores como Xavier Miserachs. En ese sentido yo quería romper una lanza por la fotografía de calle que ahora está siendo denostada por una presencia masiva en las redes.

"Prometo no dar la lata hasta 2018 o 2020 con las nuevas fotografías digitales que estoy haciendo"

Yo pido calma en el sentido de que los procesos sean largos. Prometo no dar la lata hasta 2018 o 2020 con las nuevas fotografías digitales que estoy haciendo. Todo es demasiado instantáneo, y la fotografía de calle basta con salir a la calle para estar en el medio, no necesita de una gran preproducción.

Creo que lo que hay que hacer es ralentizar el proceso y madurarlo. A mí me hablaron por primera vez de publicar un libro en 2000 o 2001. ¡Menos mal que no lo publiqué! Porque ahora me parece que las fotos que había marcado para ese libro no tienen ningún interés. De hecho solo cuatro o cinco se salvan, y hay alguna que está en “Barcelona Blues”.

La excitación de que me fueran a publicar un libro me habría conducido a cometer errores. Ya ahora hay fotos en “A Barcelona”, que ya lleva seis años en la calle, que quitaría, y probablemente en un futuro diría: “Mira, aquí me equivoqué” [Rafa Badía señala un ejemplar de su último libro].

¿Qué ha de tener un libro para que sea bueno y mantenga su validez con el paso del tiempo?

Un libro tiene que ser honesto en la intención y unitario, de tal manera que las partes que lo componen cierren una unidad coherente.

Yo ahora estoy recuperando los CD y los discos que se me han quedado por el camino en varias mudanzas, y curiosamente no estoy comprando antologías, sino los mejores discos [de algunos grupos] como el “London Calling” de The Clash, el “Unknown Pleasures” de Joy Division, o el “Southside” de Texas. Son discos que me parecen coherentes, cerrados y unitarios. Volviendo a la fotografía: no son simplemente sumas de fotografías.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

¿Quedan fuera las antologías?

Son muy interesantes para tener una visión del autor, pero yo creo en los libros como proyecto. El problema es que a veces se impone tanto la idea del proyecto frente a la fotografía que esta se acaba convirtiendo en anécdota, y hay fotolibros que, en aras de la coherencia del proyecto, malogran las fotografías.

"A veces se impone tanto la idea del proyecto frente a la foto que esta se acaba convirtiendo en anécdota, y hay fotolibros que, en aras de la coherencia del proyecto, malogran las fotos"

A veces se produce a través de una imposición antinatural del diseño del libro respecto al contenido fotográfico. Es decir, que prima el diseño frente a la fotografía. Otras veces hay fotografías que no deberían estar y no dejan sitio a otras que tendrían que aparecer.

Y también está el tema de la compaginación: hay un libro que me parece muy interesante, “Transmontanus”, de Salvi Danés, en el que la maquetación impide literalmente ver algunas fotografías. No me sirve que el propio autor diga que no quiere que se vean: si pones una foto es para que se vea; si no, no la pongas.

¿Y qué ha de tener una fotografía para que perdure en el tiempo, para que pueda formar parte de ese selecto grupo de imágenes que te han emocionado y que compartes periódicamente en Facebook?

Varias cosas. Lo primero el concepto de punctum de Roland Barthes: tiene que haber algo que te pince, que te llame la atención, que te emocione. La fascinación puede ser incluso el desagrado.

Recuerdo la primera vez que vi las fotografías de Joel-Peter Witkin expuestas en el Reina Sofía en el 87 o el 88: me enfadé mucho y me marché antes de acabarla. Con el paso de los años me he reconciliado y tiene fotografías que me gustan mucho. Reconozco que es la fascinación o el morbo de lo horrible. El punctum tiene que ver no solo con la belleza.

Lo que sí es cierto es que las fotografías, como las películas o las canciones, pueden cuajar más o menos dependiendo del momento. Hay fotografías que pienso “vaya, las descubrí tarde”, y otras que no las valoré suficientemente en su momento porque no era lo suficiente maduro para ellas.

Por poner un ejemplo: las fotografías que ahora me interesan mucho de Stephen Shore, cuando tenía 20 y pico años no habría reparado en ellas. Estaba más interesado por Robert Frank o Larry Clark y su [libro] “Tulsa”.

Al final las fotografías que te llaman tanto la atención y que acaban formando parte de tu imaginario también lo hacen por razones sentimentales. Hay fotografías que se quedan en ti porque las vives, las conoces y conectan muy bien contigo.

"Barcelona Blues". | Foto: Rafa Badia

56
Comentarios
Cargando comentarios