Opinión

Consumidores del mundo...

 
20
MAR 2006

Mientras nuestros vecinos del norte repasan las lecciones de la Sorbona y vuelven a buscar bajo los adoquines, aquí el botellón es el no va más de la rebeldía juvenil contra el estado opresor y todas esas cosas. Obnubilados por el despliegue informativo que nos han ofrecido nuestros compañeros del periodismo patrio, no queda sino abandonar los eslóganes caducos y adaptarse a los nuevos tiempos.

Incitar a la unión o por lo menos al roce de los proletarios ya no vende. Ahora somos los consumidores del mundo los que tenemos que unir fuerzas para celebrar nuestro día -el 15 de marzo- con quejas, reivindicaciones y haciendo la ola, si fuera menester.

Me sorprendió que en el último estudio de satisfacción del consumidor no se asomara ninguno de los miles de fotógrafos indignados

Los periódicos no dejaron pasar tan significativa fecha: el acceso a Internet, se leía en muchas portadas, el servicio peor valorado por los consumidores del país. Esa es la conclusión a la que llegaba un informe encargado por el ministerio de turno: 20 apasionantes páginas en las que se detallaban los resultados de una encuesta realizada a casi 7.000 personas durante los últimos meses del pasado año.

No, yo tampoco me he leído todo el documento, pero intercalando este tipo de detalles que aparecen en la primera hoja parece que sí. Tipos con recursos, los periodistas.

Pese a lo previsible que resulta que el primer puesto de un estudio de este tipo sea para los siempre queridos proveedores de ADSL -con un 6,89 de valoración sobre 10, pese a ello-, me sorprendió que no se asomara por allí ninguno de los miles de fotógrafos indignados.

Si algo sabemos hacer, además de fotos, es quejarnos, y casi siempre con toda la razón del mundo

Impulsado por esta curiosidad, tuve que llegar hasta la segunda página del dichoso informe para descubrir que los temas de la encuesta eran cerrados y que a los entrevistados sólo se les permitía valorar los servicios ofrecidos en 13 sectores, entre los que no se encontraba específicamente la fotografía ni la electrónica de consumo. ¡Qué decepción!

Y es que, si algo sabemos hacer, además de fotos, es quejarnos. Y con toda la razón del mundo, en la inmensa mayoría de los casos. Por mucho que los estudios aseguren que la satisfacción de los usuarios con sus cámaras es cada vez mayor, sólo hace falta darse una vuelta por foros fotográficos o charlar con profesionales para que, a los diez minutos, alguien le esté mentando el obturador a la marca de turno porque sus cámaras no enfocan. Y de los servicios técnicos, mejor ni hablamos, por si hay menores leyendo.

Precisamente hace bien poco, en una de estas distendidas tertulias, alguien aseguraba con el beneplácito y palmas de todos los allí presentes que los servicios oficiales de reparación en España de las dos principales marcas de fotografía funcionan francamente mal. Por decirlo con buenas palabras.

Los portavoces de las compañías fotográficas tienen que soportar en cada presentación la misma cantinela sobre el servicio técnico

O pregúntenles, si prefieren, a los portavoces de las susodichas compañías, que en cada presentación tienen que soportar siempre la misma cantinela. Da lo mismo de lo que estén hablando: llegado el turno de preguntas, siempre hay por allí alguien que expone el sangrante caso de la reparación de su cámara.

Una situación que en absoluto es nueva, pero que ha empeorado de forma exponencial desde la irrupción del píxel en lo que hasta entonces era el edén fotográfico. Más cámaras, más usuarios, más mecanismos electrónicos, más sistemas que pueden fallar y que, siguiendo la lógica de la probabilidad y de Murphy, acostumbran a hacerlo.

Todo eso por no hablar del polvo de los sensores, auténtico quebradero de cabeza de muchos usuarios y de unos cuantos servicios técnicos que no dan abasto para limpiar cámaras que, además, vuelven a ensuciarse irremediablemente.

El panorama del último año no ha sido muy alentador: sensores defectuosos, objetivos con reflejos y viñeteos, "banding"...

No se trata de insistir en algo de lo que todas las partes ya son conscientes. Pero esta entrañable efeméride para los consumidores es una buena excusa para recordar a quien corresponda que en un mercado donde la competencia es cada vez más salvaje, la atención al cliente y el servicio posventa son siempre un buen argumento. Si no, por muy buenas que sean tus cámaras, puede que el cliente decida irse a casa del vecino y, por el camino, hablar mal de ti.

Y, la verdad, el panorama del último año no ha sido muy alentador: miles de sensores defectuosos, objetivos con problemas de reflejos y viñeteos, unidades que producen "banding", baterías que se calientan más de lo debido... y un largo etcétera. Algo que hace pensar que los clientes de este segmento están obligados a ejercer también de "testeadores" de su cámara, para que se puedan ir corrigiendo los defectos sobre la marcha.

Una vez aceptados nuestro papel en este juego, tal vez el truco sea tomarse con más humor estos problemillas de las cámaras y los servicios posventa. Ya saben, si el Ministerio de Vivienda propone unas zapatillas para hacer frente a la situación del mercado inmobiliario en este país -por aquello de que los jóvenes, entre botellón y botellón, puedan patearse la ciudad buscando piso-, igual el truco es que las marcas del sector calmen a sus clientes a base de chistes y fino sarcasmo.

Regalar un bote de pegamento para la óptica o una aspiradora con cada SLR digital podría ser un buen comienzo para esta terapia de risas.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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