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Espíritu salvaje

En busca del puma

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Foto: Andoni Canela
23
SEP 2014
Andoni Canela | Parque Nacional Torres del Paine (Patagonia)

Tres meses en la Patagonia dan para mucho. Pero para conocer, observar y fotografiar un animal tan esquivo como el puma es necesario mucho tiempo. El puma (Felis concolor) es el carnívoro más extendido en el continente americano, presente desde Alaska hasta el extremo de América del Sur. Un animal que se adapta a los hábitats más diversos: puede encontrarse en montañas, en distintos tipos de bosque, en zonas semidesérticas, en humedales o en praderas.

Pero eso no quiere decir que sea fácil de ver. Más bien al contrario. El puma es esquivo y mimético, y además se mueve a las horas oscuras, al amanecer y al atardecer. En esta ocasión, el escenario de la búsqueda del puma son las montañas y las estepas del sur de la Patagonia, en concreto el Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, y sus alrededores.

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Foto: Andoni Canela

El reto de fotografiar pumas en estado salvaje y en su hábitat natural me recuerda -por los horarios y la dificultad- al trabajo de campo hecho con el lobo ibérico. La ventaja, ahora, es el paisaje. Aquí, en Torres del Paine, los pumas viven en áreas de montaña abiertas y en llanuras de amplios horizontes. No hay bosques tan espesos como los del lobo ni áreas de matorrales tan altos como las escobas y los piornos, así que a priori la localización debería ser más fácil.

Sobre el terreno, los primeros días de observación son infructuosos: el puma no se deja ver. Pero después de intentarlo un montón de jornadas seguidas detectamos un puma acercándose sigilosamente a un guanaco que pasta ajeno al peligro que lo amenaza. Aquí, en la Patagonia, los pumas se alimentan principalmente de guanacos, unos camélidos parecidos a las llamas de los Andes. Para cazarlos utilizan la técnica del rececho: localizan a sus presas y se aproximan a ellas poco a poco, bien escondidos al amparo de la vegetación o las rocas, y cuando las tienen suficientemente cerca, se les echan encima por sorpresa.

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Foto: Andoni Canela
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Foto: Andoni Canela

En esta ocasión, sin embargo, el guanaco lo detecta muy pronto y lanza su chillido de alerta. Quizá ha sido el olor, un ruido o sencillamente lo ha visto. Pero con su grito ha delatado la presencia del puma a sus congéneres. Los pumas tienen una gran capacidad para la carrera corta y pueden realizar unos saltos desde grandes alturas.

Esta manera de cazar limita la capacidad de reacción de los guanacos y los deja sin escapatoria, pero para que sea efectiva deben llegar a la víctima sin que ésta se percate de su presencia y -cuando lo haga- que la distancia sea ya muy corta. Y eso es algo realmente difícil. Esta vez tan solo logro hacer unas fotos lejanas del puma, que, una vez descubierto, continúa caminando en la misma dirección donde estaban los guanacos que se le han escapado.

Pero la suerte nos acompaña, y un atardecer, de regreso al lugar donde nos alojamos en el lago Pehoé, tenemos un encuentro inesperado. Junto a la pista que recorremos con un todoterreno, muy cerca de uno de los lagos de color azul turquesa presentes en el Parque, un puma está escondido entre los matorrales.

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Foto: Andoni Canela

El principal peligro con el que se enfrenta el puma, que no tiene depredadores naturales, es la destrucción de su hábitat y la caza por parte del hombre

Primero solo se le ven las puntas redondeadas de las orejas, y después aparece su cabeza compacta por encima de la vegetación. Finalmente, el puma se levanta y deja ver su cuerpo atlético, de un color que recuerda al de la arena del desierto (de hecho, su aspecto es muy parecido al de una leona).

Nos mira fijamente, y con un gesto de indiferencia, da media vuelta y se dirige caminando junto al lago, en dirección a las formaciones rocosas de los Cuernos del Paine, que, junto a las Torres del Paine (de donde sale el nombre del parque) son uno de los principales atractivos paisajísticos de este lugar.

Los pumas suelen cazar al atardecer o de noche. Durante el día prefieren descansar entre las hierbas altas, la espesura del bosque o protegidos por las rocas, los mismos lugares que también son un buen amparo a la hora de cazar.

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Foto: Andoni Canela
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El guanaco, principal presa del puma en la Patagonia. | Foto: Andoni Canela

Este felino es de hábitos solitarios y muy territorial. Un puma adulto solo convive con sus congéneres durante el breve tiempo que dedica al apareamiento y la hembra. En una camada suele haber una media de tres o cuatro cachorros, que en un principio tienen un pelaje moteado. Los pumas jóvenes permanecen con su madre hasta los dos años de edad como mucho.

Unai y Amaia, mis hijos, juegan al escondite entre las matas negras de Torres del Paine, y la niña pide ser el puma. Ruge cuando persigue a su hermano, pero los pumas, a diferencia de los felinos africanos, no pueden rugir. Unai se lo explica y ella responde que no hable, que los guanacos tampoco lo hacen. A Unai le toca hacer de guanaco y salta por encima de los matorrales como ha visto hacer a este animal cuando lo hemos observado juntos.

De nuevo, nos levantamos temprano para poder pillar al felino moviéndose de camino a su lugar de descanso diurno después de una tarde y un amanecer de cacería. Casi es Navidad, pero en esta parte del mundo es verano y hay muchas horas de luz. Amanece muy pronto y se hace de noche bien tarde. Esto quiere decir que hay que salir de casa antes de las seis de la mañana y volver después de las once de la noche.

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Foto: Andoni Canela
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Foto: Andoni Canela

Como ha ocurrido con el lobo en la vieja Europa, el puma ha mantenido una relación conflictiva con el ser humano porque a veces también caza ganado allí donde lo hay, como por ejemplo las ovejas de la Patagonia.

El principal peligro con el que se enfrenta el puma, que no tiene depredadores naturales, es la destrucción de su hábitat y la caza por parte del hombre. En algunas áreas, sobre todo allí donde convive con población humana y estancias ganaderas, que lo ven como una amenaza para sus rebaños, se considera muy amenazado. En otras áreas más aisladas la población es más estable.

Hago unas cuantas salidas por las estancias fuera del parque nacional, algunas cercanas y otras situadas en los Baguales, en la frontera con Argentina. Allí también hay pumas, pero son -si cabe- más esquivos, y la densidad de la población también es menor. En la estancia donde voy con más frecuencia hay ovejas y vacas, pero también muchos guanacos.

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Foto: Andoni Canela

Uno de los últimos días, acompañado de Unai, tenemos uno de los encuentros más bonitos de estos meses. Con la primera luz del día vemos en la distancia unos animales que se mueven. No parecen pumas, pero… ¡sí lo son!

"Dos cachorros con la madre!", le susurro a Unai. Y efectivamente: se trata de una puma con sus dos pequeños de pocos meses que caminan cerca de una pequeña charca. La luz es preciosa y destaca los colores cálidos de su pelaje. Solo los vemos unos instantes, porque la madre puma decide desaparecer tras unos riscos.

Momentos como éste, aunque el tiempo de observación no fuera de más de cinco minutos, hacen que valgan la pena todas las horas de espera, largas caminatas y mañanas de madrugones.

Andoni Canela es un reconocido fotógrafo de naturaleza cuyo trabajo ha aparecido publicado en cabeceras como National Geographic, Time o Geo. Su serie de artículos Espíritu Salvaje, fruto del proyecto Looking for the Wild que lo llevará a viajar por todo el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, aparece publicada cada mes en Quesabesde

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