| Tu trabajo se resiste a las catalogaciones: está a medio camino entre el cine, la fotografía y la ciencia.
Sí, es una mezcla de trabajo científico, exploración y aventura. Llevo 24 años dedicado al cine y la fotografía científica, sobre todo en la especialidad de naturaleza. El trabajo realizado en Atapuerca, donde han aparecido los fósiles humanos más antiguos de Europa, es posiblemente la faceta más conocida de este trabajo. Llevamos ya 22 años allí.
Es una labor muy continuada, y el resultado son varios documentales, miles de fotografías de todos los descubrimientos y más de 400 publicaciones internacionales. Sólo con este tema hemos logrado muchas portadas, no sólo en España, sino también en Alemania, Italia o Estados Unidos.
Últimamente también ha sido muy espectacular el proyecto de la cueva de los cristales gigantes, en el desierto de Chihuahua, o una serie de rodajes en Chad e Indonesia, así como otro que haremos ahora en enero en la Patagonia.
¿Y qué papel desempeña la fotografía?
Para mí siempre ha sido una prioridad el cine. Soy fanático de las imágenes en movimiento. Nunca me he sentido un fotógrafo y nunca he sido conocido como tal, aunque haya publicado algún reportaje en National Geographic. No me considero de ese gremio.
Yo hago cine, pero lógicamente necesito un apoyo de fotografía fija para todo este trabajo; para los libros, para las publicaciones.
Por eso necesitamos un equipo fotográfico que cumpla una serie de condiciones, tal y como las cumple el equipo de cine, que ya está muy rodado.
En su día adoptaste la Olympus E-1 para llevártela a estos viajes y someterla a condiciones extremas. ¿Por qué aquel modelo?
Fue un experimento, porque hasta entonces había hecho siempre diapositiva con cámaras de otras marcas. Probamos primero en una cueva en España cómo funcionaba este salto a la fotografía digital, y como salió bien, decidimos llevarla para el proyecto de la cueva de los cristales en México, junto a las cámaras de película.
Nunca habíamos trabajado en unas condiciones así. A 300 metros de profundidad y a menos de 3 kilómetros de un punto caliente de magma, estábamos a 50 grados de temperatura con una humedad del 98%. Las cámaras necesitan, primero, un tiempo de adaptación para que no se empañen. Es una hora y media en la que los equipos, literalmente, chorrean agua.
Las cámaras analógicas ya empezaron a fallar. Se coló agua en las ópticas y la temperatura era tal que había que poner un rollo y dispararlo entero rápidamente porque la emulsión de la película se deshacía y se pegaba a la pletina.
© Javier Trueba


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¿Y la cámara sobrevivió?
Sí. Y todo ello pese a que trabajamos en estas condiciones extremas durante dos meses seguidos. La situación era tal dentro de aquella cueva que el cuerpo humano sólo resistía 8 minutos; en ese tiempo, se perdían dos litros de agua. Entonces, tienes que salir y estar fuera una hora y media recuperando todos esos líquidos.
Qué mejor prueba que ésta para comprobar que la E-1 era una cámara muy robusta y estanca. No sólo sobrevivió, sino que más de la mitad de las fotos del reportaje de 27 páginas que publicamos en National Geographic sobre este tema están tomadas con la E-1.
© Javier Trueba


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Así que, para ti, la resistencia era la característica fundamental de la E-1 y ahora lo es de la E-3.
Es importante también partir de una ideología nueva. Es absurdo volver a los conceptos de la fotografía tradicional con la fotografía digital. ¿Por qué tienes que cargar con un teleobjetivo pesado si con el sistema de Olympus las ópticas y las cámaras son mucho más compactas y ligeras? Ya llevo bastante peso con el equipo de cine.
Se demuestra que con un CCD menor y ópticas más ligeras se pueden conseguir unos resultados de gran calidad. Creo que es un argumento más que suficiente para que la gente poco a poco se vaya convenciendo de que este sistema funciona.
Y respecto a la nueva cámara, por ahora la sensación que te da la E-3 es de igual robustez que la E-1. Te sientes igual de cómodo. Por mi parte, hereda la confianza que tenía puesta en la otra. Hasta tal punto que, en el último viaje a Indonesia, ya no me he llevado las otras cámaras. Sé que no me va a fallar.
Es de suponer que en estos entornos el tema de la limpieza del sensor es crítico.
Atapuerca es una nube de polvo en suspensión. Cuando saco la cámara, está totalmente blanca. Le doy con un cepillo para limpiarla, pero no hay ni una sola foto que aparezca con una moto de polvo. Ahí es donde se puede probar que el sistema de Olympus funciona.
Cuando los compañeros ven que sus sensores están sucios y luego ven tu cámara, cuidado, que se lo empiezan a pensar.
Mientras los otros estaban pensando en cómo reutilizar los objetivos, Olympus diseño un sistema desde cero, y aprovechando aquello se adelantó unos cuantos años con el tema de la limpieza. Las otras marcas están rectificando ahora, y reinventan sus sistemas.
Tras pasar unos días con la E-3, ¿qué novedades destacarías?
Una de las cosas que más echaba en falta en la E-1 era una pantalla más grande. El mayor tamaño del monitor de la E-3 y su luminosidad ya son, para mí, ventajas para el trabajo diario.
Además, en el estudio ya he probado también el tema de la previsualización, y es una aportación genial.
Y lo mismo para las fotografías que tengo que hacer en entornos complicados, en cuevas o pegado a la pared, situaciones en las que no puedes mirar por el visor. En los espacios estrechos, la previsualización y la movilidad de la pantalla serán de gran ayuda.
Trabajamos, además, con el Zuiko 7-14 mm, el 11-22 mm y el 14-54 mm, y todos ellos han resistido hasta hoy sin problemas. De hecho, ahora quiero probar qué tal van con la nueva E-3.
¿Y el nuevo sistema de enfoque?
La verdad es que la velocidad de enfoque no es un tema prioritario para mí. Aun así, he notado que la E-3 es mucho más rápida. Supongo que los fotógrafos de deporte estarán encantados.
Aún no he tenido tiempo, pero tengo ganas de probar cómo se comportan el Zuiko 7-14 mm o el 14-54 mm montados en este cuerpo.
De lo que sí estoy convencido es que el estabilizador en el cuerpo me será muy útil para muchas de esas tomas que, por ejemplo, tengo que hacer en medio de la selva con condiciones de iluminación muy complicadas.
© Javier Trueba


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¿Crees que será suficiente con esos 10 megapíxeles que tiene la E-3?
Estoy acostumbrado a la diapositiva, que te da unos 70 MB de archivo. ¿Para qué tanto, si eso no se publica en ningún sitio? El último libro de Atapuerca que he publicado, por ejemplo, tiene unas dimensiones colosales.
Por eso, agradezco mucho que Olympus haya duplicado la resolución de la E-1 hasta alcanzar 10 megapíxeles en esta E-3. Creo que será suficiente para publicar en el 99% de los casos.
La falta de latitud de las cámaras digitales respecto a la película -a mí me ocurre lo mismo con el cine respecto al vídeo- es otro de los temas que la E-3 ha resuelto muy bien. En este modelo nuevo se nota la evolución respecto a la E-1, sobre todo con los claroscuros con los que muchas veces tengo que trabajar.
Esta entrevista forma parte de una campaña publicitaria de Olympus.

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