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OpiniónContando píxeles

¿Prestigio? El que tengo aquí colgado

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FEB 2014

Cuando uno decide estudiar Periodismo asume que saldrá de la facultad sin haber aprendido demasiado pero sabiendo jugar al mus. Y que salvo braguetazos, herencias o loterías, nunca será rico. Pagar la hipoteca dándole a la tecla ya es a día de hoy casi un milagro. Pero, de acuerdo, digamos que eso va con la profesión y toca asumirlo. A cambio, como todo el mundo sabe, los periodistas ligamos mucho, trabajamos poco y nos pasamos todo el día comiendo canapés.

Tres cuartos de lo mismo les pasa a los compañeros de la cámara, aunque da la sensación de que ellos siempre van un paso por delante en eso de la precariedad y el inframundo laboral. En los últimos años las condiciones de trabajo de muchos reporteros son de esas que harían sonreír con lascivia a los genios del FMI que proclaman moderación salarial.

Pero una cosa es trabajar mucho a cambio de cuatro duros o jugarse el tipo en cualquier guerra olvidada por crónicas pagadas a precio de becario de bloguero o que te roben las fotos. Y otra muy distinta es que encima se rían de ti.

¿Verdad que cuesta mucho imaginar a la BBC pagando con prestigio? Casi tanto como a un banco aceptando sacos de prestigio para pagar las facturas

Porque sólo como una burla puede entenderse la respuesta que el otro día dieron desde un medio on-line dedicado a la información del corazón después de que una periodista descubriera que habían cogido y publicado una foto realizada por ella para ilustrar una entrevista. No ya sin pagar, sino siquiera sin molestarse en pedir permiso.

Ya te pagamos con el prestigio de salir en nuestra web. Una gilipollez de este calibre respondieron. Hay que ser muy mezquino y respetar muy poco el trabajo de los demás para pensarlo. Y tener muy pocas luces para decirlo.

Te pago con prestigio, pero además sin darte la opción a rechazar ese cheque con un sonoro corte de mangas. Yo cojo la foto, y luego ya si eso… Así que aquí no sirve ese argumento tan liberal de que la culpa está repartida al 50% entre quien ofrece unas condiciones miserables y quien las acepta, como si se tratara de un acuerdo entre iguales.

Pero el fascinante tema del prestigio tampoco es algo nuevo, porque eso mismo es lo que ofrecía la edición española de El Huffington Post para pagar a sus blogueros. No deja de ser curioso que lo propongan como forma de pago justo los medios que no andan muy sobrados de ese prestigio que pretenden regalar a sus trabajadores. ¿Verdad que cuesta mucho imaginar a la BBC pagando con prestigio? Casi tanto como a un banco aceptando sacos de prestigio para pagar las facturas.

La buena noticia es que las redes sociales han demostrado ser un buen antídoto para este tipo de desmanes. En las últimas semanas hemos visto un par de casos en los que el ruido generado ha conseguido hacer que los ladrones de fotos –al fin y al cabo eso es lo que son- pidieran disculpas y acabaran apoquinando por la instantánea.

Lo más seguro es que una miseria. Y posiblemente a regañadientes y porque les han pillado, no porque hayan entendido que las fotos se tienen que pagar. En ese sentido, no cabe tener muchas esperanzas.

Porque la mala noticia es que sólo un pequeño porcentaje de los casos saldrá a la luz. Y aún menos serán las veces en las que todo termine bien y el fotógrafo acabe cobrando. La idea de que las fotos son gratis –y más si están en Internet- está tan instaurada que va a ser muy difícil acabar con ella.

Que manden fotos los lectores. Que hagan fotos los redactores. Ya nos damos una vuelta por Flickr, a ver qué pescamos. Éstas son las soluciones de muchos medios y empresas cuando hace falta una imagen.

Y tal vez no debería sorprendernos. Vivimos en la cultura del chollo, el regateo y el ya-nos-lo-hará-alguien-más-barato. Nos frotamos las manos ante ese puñetero cupón de descuento que nos promete por 8 euros la misma cena que antes costaba 50, sin sospechar que algo raro tiene que haber en ese trato. O sin pensar que cualquier día de estos nos tocará –si no ha pasado ya- a nosotros.

Creer que el trabajo de los demás siempre vale menos que el nuestro es un buen caldo de cultivo para que se acabe normalizando la idea de que no hacen falta periodistas ni fotógrafos. Cualquiera puede hacerlo. Posiblemente mejor y más barato, además. O gratis. O a cambio de prestigio.

Pagar con prestigio, dicen. ¿Prestigio? El que tengo aquí colgado. No rima como con abogado, pero siempre me salté las clases de Derecho. Estaba en la cafetería jugando al mus.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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