Opinión

And the Oscar goes to...

 
6
MAR 2006

Somos así. Nos gustan más los premios que a un freak instalar sistemas operativos, aunque sepamos a ciencia cierta que el número de galardones recibidos o la categoría de los mismos no tienen por qué ser directamente proporcionales a la calidad del premiado en cuestión. Eso es un detalle sin importancia. Nosotros lo que queremos es dar premios. O mejor aún: recibirlos.

Si esto de los premios ocurre en el cine, imagínense qué pasa con la industria fotográfica, que después de todo es un mercado

Miren si no lo que ocurre cada año con los Oscar. No sé aún si los dos vaqueros serán los que finalmente se lleven al tío Oscar al huerto -chiste poco afortunado, disculpas por adelantado-, o si cualquier otra producción será la vencedora de la noche. Escribo estas líneas mientras las estrellas se pasean por la alfombra roja (eso es glamour, y no lo de Orlando), y como comprenderán, no es plan esperar hasta las seis de la mañana para que el párrafo quede redondo.

Gane quien gane, eso no implica necesariamente que ésa sea la película del año. De hecho, es muy posible que el mejor largometraje no haya estado ni nominado, ni exhibido, ni que sepamos cómo se titula. Y es que, aunque lo de la calidad quede muy bonito, sin una buena estrategia comercial y la adecuada red de marketing puede que sólo el vecino llegue a enterarse de lo excelente actor secundario que puedes llegar a ser.

Los del viejo continente no nos quedamos atrás a la hora de abrir el sobre y repartir premios a diestro y siniestro

Si esto ocurre en el cine, que teóricamente es un arte, imagínense qué pasará con la industria fotográfica -o cualquier otra-, que después de todo es simple y llanamente un mercado.

Aquí los premios son uno de los pasatiempos favoritos de muchas marcas. Sin ir más lejos, el otro día durante la sesión de prensa de la PMA se pusieron a repartir unos galardones a los que -la verdad- nadie hizo demasiado caso. Eso sí, a los diez minutos todas y cada una de las marcas premiadas tenían puesta la correspondiente estatuilla luciendo palmito junto a los productos agraciados.

Pero no es ésta una tradición arraigada solamente al otro lado del Atlántico. Aunque por allí se les dé muy bien organizar este tipo de saraos, los del viejo continente tampoco nos quedamos atrás a la hora de montar nuestra propia fiesta, abrir el sobre y repartir premios a diestro y siniestro.

Asumo que es una batalla perdida y que tal vez haga falta un relevo generacional para que ciertas cosas cambien

Da igual si eres de la asociación de hojas parroquiales del bajo Aragón, de la agrupación de usuarios zurdos de réflex digitales o que tus premios tengan menos prestigio que Eurovisión. Si concedes uno, ¡alehop!, todos te empiezan a mirar de repente con más cariño y respeto. No vaya a ser que te olvides de ellos y tus quince lectores y doce asociados concedan el codiciado galardón a la competencia.

Asumo que es una batalla perdida por el momento y que tal vez haga falta un relevo generacional para que ciertas cosas comiencen a cambiar. Pese a ello, y aún a riesgo de hacerles perder la ilusión a unos cuantos, hay un par de cuestiones sobres los premios -tal y como ahora se entienden- que alguien debería explicar a sus receptores.

Preferiría pensar que lo saben de sobra, pero es tanto el entusiasmo que ponen cuando hablan de ello o tanto el mimo que dedican a los que de forma anual reparten justicia, que a veces parece que ellos mismos han llegado a creerse el cuento. Así que ahí vamos...

Los premios son una estrategia de algunos actores para que las marcas no sean tan remolonas a la hora de extender el cheque publicitario

Niños y niñas: efectivamente, vuestras cámaras son estupendas. Sois una reputada compañía que lleva muchos años en este negocio, y nadie duda de la calidad de vuestros productos. Algunos más que otros, y en ocasiones mejor o peor que la competencia. Pero en todo este listado de obviedades, siento deciros que tener la medalla al mejor GPS con cámara integrada no aporta absolutamente nada. Ni a vuestro GPS, ni a un usuario cada vez mejor informado.

Sé que luego queda muy bonito ese anuncio a toda página y en color, con la cámara subida en un pedestal y su corona de flores y su trofeo... pero ha llegado el momento de que alguien os cuente la verdad. Agarraros fuerte.

Resulta que lo de los premios no es más que una ágil estrategia de algunos actores de este mercado para que les hagáis caso y no seáis tan remolones a la hora de extender el cheque publicitario. Una medida o forma de presión que, por otra parte y teniendo en cuenta cómo están las cosas, no sólo es legítima -cada uno sobrevive como puede- si no que lo más curioso es que continúa siendo eficaz.

Lo mejor es establecer suficientes categorías y premios para que todas las marcas reciban un trozo del pastel

Por si ello no es suficiente, ahí va otro secretillo. Como la idea es quedar bien con todo el mundo, lo mejor es establecer suficientes categorías, apartados, divisiones y premios para que todas las marcas puedan recibir un trozo del pastel. Ya saben: te quito un poco de aquí, pero no pasa nada porque este año la mejor pantalla de 5 pulgadas es para ti. ¿Acaso es casual que todas las marcas consigan siempre algún premio?

Da lo mismo que la política de comunicación de la empresa sea de frenopático o que tu supervivencia resulte un milagro en un mercado donde las nuevas marcas vienen pisando fuerte, conscientes de que no es lo mismo ser que estar y que dejar de estar es el paso previo a, directamente, dejar de ser.

Tú ya tienes tu premio, y con ello tienes resuelta la estrategia de marketing para todo el próximo año. Así que sube al escenario, sonríe a las cámaras y disfruta de la estatuilla y del momento de gloria. Que lo tuyo te ha costado.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar