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OpiniónEnfoque diferencial

Que viene el lobo

 
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ENE 2010

No sé si cantando o no, pero a José Luis Rodríguez le deben estar haciendo chistes por todas partes. Si su círculo de amistades tiene un humor como el de un servidor, habrá tenido que sufrir en sus carnes que alguien le llamase "el puma". Pero de lo que no hay duda es de que durante estos días otro animal le está dando muchos más dolores de cabeza: el lobo.

Rodríguez es, por si alguien no está al tanto, rutilante ganador primero y presunto tramposo después del premio Veolia Environment Wildlife Photographer of the Year 2009, o lo que es lo mismo, el más prestigioso premio que un fotógrafo de naturaleza pueda soñar.

A Rodríguez le han quitado el premio y nadie ha presentado una prueba irrefutable para justificar tan drástica decisión

Vaya por delante que desconozco si Rodríguez es culpable o inocente, y que tampoco soy un fervoroso admirador de su obra, pero lo que es verdad es que le han despojado del premio que había ganado.

Yo, que de fotografiar lobos sé un rato (cinco minutos de un documental que vi en la tele hace un par de años), ignoro si el famoso lobo de la foto está amaestrado o si es una maqueta (sí, eso también lo han llegado a decir). Compañeros míos se rasgan las vestiduras tanto en uno como en otro sentido, y aunque hemos discutido el tema en torno a más de un café, lo único que hemos sacado en claro es que a este fotógrafo le han quitado el premio y nadie ha presentado una prueba irrefutable para justificar tan drástica decisión.

Tampoco soy jurista ni sé de leyes, pero tal vez influenciado por el cine me suena aquello de que "se es inocente hasta que se demuestra lo contrario" y eso otro de "más allá de toda duda razonable", y en este caso no se ha demostrado -repito, demostrado- que Rodríguez haya hecho lo que dicen que ha hecho.

Por supuesto, en foros y blogs han aflorado opiniones que en no pocas ocasiones rezuman -o eso parece- cierta envidia por un bando y babosa idolatría por otro. Discusiones argumentadas, sosegadas, calmadas y fundadas, más bien pocas.

Sin embargo, ahora, a toro pasado, nos leemos las normas y las bases -que mira cómo somos que siempre las leemos a posteriori- y resulta que en ellas se dice que, si el jurado tiene dudas, puede actuar como ha hecho.

El jurado ha firmado su propia incompetencia declarando ganadora una foto de la que ellos mismos ahora dudan

Son unas bases un poco arbitrarias y para nada garantistas, ya que convierten una simple sospecha en una prueba de cargo. Pero esa norma la teníamos que haber impugnado antes y no quejarnos de ella ahora. Es como aquel dicho popular que asegura que la mentira más extendida en Internet es la que empieza por "He leído y acepto las condiciones".

Insisto en no juzgar al presunto-lo-que-sea, pero sí me voy a permitir el lujo de criticar a un jurado que ha firmado su propia incompetencia declarando ganadora una foto de la que ellos -ahora- dudan. Y encima, para enturbiar más el asunto, dudan no de motu proprio, sino gracias a ciertas supuestas pruebas aportadas por terceros tras conocerse el fallo del jurado. Aunque la historia no es nueva, me da poca confianza un jurado al que le cuelan un gol por la escuadra y que encima se entera del tanto por el griterío del público.

Recuerdo cuando hace un tiempo en Madrid nos asoló el conocido caso Arcenillas. El susodicho burló a un jurado de especialistas en fotoperiodismo y lanzó una tremenda losa sobre la credibilidad de un mundo -la fotografía- y una profesión -el fotoperiodismo- que desde la llegada de Photoshop vive con la sombra de la manipulación cual espada de Damocles.

Con este nuevo oscuro episodio del que, me temo, nunca sabremos a ciencia cierta qué ocurrió, la fotografía en general vuelve a sufrir un mazazo en uno de sus pilares fundamentales, sembrando la duda y obligándonos a todos a cuestionarnos si lo que se ve en una fotografía es real o no.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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