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OpiniónEnfoque diferencial

El precio de una firma

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28
ABR 2014

Probablemente es uno de los momentos más complicados en cualquier negociación. Poner el precio por algo, especialmente cuando no es puramente material, es a veces una tarea ardua y hasta contraproducente: si uno no juega bien sus cartas, puede quedarse con las manos vacías. A la hora de poner precio a nuestras fotografías pasa precisamente eso, que nuestras exigencias chocan contra los deseos del que paga y sobre la mesa está la incómoda elección: cobrar poco pero cobrar, o mantenerse íntegro sin ver un euro. La integridad moral alimenta nuestra alma; el dinero, nuestro cuerpo. Elegir no es fácil.

Decidir cuánto cuesta una fotografía no es un tema baladí. Para empezar, hay que tener claro qué tipo de fotografía estamos vendiendo, así como las circunstancias en las que ésta se ha hecho e incluso las nuestras propias. No menos importante es saber a quién vendemos antes de fijar un precio definitivo.

Un ejemplo cercano es el de la efímeramente famosa foto de Manuel Marín, expresidente del Congreso de los Diputados, que firma Cristina García Rodero. Los 25.000 euros que ha costado al erario público y el previsible debate en torno a esta cifra tienen la culpa de que no se hable de su impecable técnica.

Como ahora todo el mundo es fotógrafo, todo el mundo se cree autorizado a meternos el dedo en el ojo

Hace algunos años se pagaron casi 8.000 euros por la foto oficial del presidente de la Generalitat de Cataluña José Montilla, y también fue un escándalo. Especialmente al saberse que la foto oficial de su sucesor, Artur Mas, tan sólo costó 325 euros. ¿Cobró uno de más –valga la redundancia- u otro de menos?

No soy quien para determinar si una foto es cara o barata, y desde luego menos aún sin conocer los entresijos de dicho encargo. Desconozco si se sacó a García Rodero de un trabajo para llevarla adonde estuviere Marín. Desconozco si la fotógrafa de Magnum tuvo que renunciar a otros clientes para hacer esa foto. Desconozco si el expresidente es poco hábil posando y tuvieron que estar con la foto tres semanas. Son detalles que pueden parecer menores, pero a veces no lo son tanto y contribuyen a engordar la factura.

Pero más allá de gastos cuantificables, lo que pagamos aquí es una firma, un nombre. Hay muchos fotógrafos que hubieran podido hacer una foto del nivel -no digo igual- de la de García Rodero por mucho menos, pero seamos sinceros: eso no vende, no da caché. Qué glamour tendría una foto firmada por -permítaseme el chiste- Eduardo Parra.

No defiendo que se gasten 25.000 euros de la caja pública en una fotografía institucional de estas características (mucho menos los 80.000 que se han pagado por el óleo de José Bono, sucesor de Marín en el cargo). Lo que trato de poner en solfa es si el precio es justo o no.

Y es que el precio de una firma -y seguramente ése sea el fondo de la cuestión- no puede cuantificarse objetivamente, y Cristina García Rodero lleva toda una vida ganándose el derecho a poner precio a su firma. El que ella considere. Que luego los clientes tengan o no ganas de pagar lo que ella pide o que lo hagan con el dinero de todos son cuestiones ajenas a estas líneas. Aquí nos estamos preguntando si un autor tiene derecho a cobrar lo que considere oportuno por lo que hace, y sin duda la respuesta es sí: cada fotógrafo puede cobrar por sus fotos -y por su firma- cuanto estime justo.

Lo que me molesta especialmente de todo este asunto es que, una vez más, los fotógrafos seguimos siendo los cuestionados, los estigmatizados por el mantra del “si sólo es apretar un botón”. Nadie cuestiona el trabajo del pintor –Bernando Torrens, para más señas- ni los 80.000 euros que se ha embolsado, pero como ahora todo el mundo es fotógrafo, todo el mundo se cree autorizado a meternos el dedo en el ojo.

No quería terminar estas líneas sin mojarme, aunque sean sólo los pies y desde la orilla. ¿Es correcto el precio pagado por el retrato de Marín? Pese al ya mencionado desconocimiento sobre cómo se hizo la foto en cuestión, sin duda es mucho dinero y seguramente había opciones más –digamos- adecuadas. Porque si tener la firma de García Rodero figurando entre los autores de la Galería de Presidentes mejora la imagen del Congreso, gastarse en plena crisis 25.000 euros en una foto es algo que, sin duda, la empeora.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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