|
Ignacio Izquierdo.-
En un país que es casi tan grande como un continente, lo más seguro es que la Madre Tierra haya tenido al menos alguna deferencia con su territorio. Al fin y al cabo, en Europa tenemos -por poner un pequeño ejemplo- los Pirineos y los Alpes.
© Ignacio Izquierdo

 Monument Valley, decorado inseparable de infinitas películas del Oeste americano. |
Es difícil -muy difícil- imaginarse las dimensiones de Estados Unidos, donde viajes de 10 ó 12 horas están a la orden del día. Y estamos en condiciones de confirmar que todo -absolutamente todo- sigue esta tónica de las dimensiones espectaculares.
© Ignacio Izquierdo

 El Grand Teton, cuyo nombre proviene de la pervertida visión de los primeros franceses que lo visitaron, reflejado sobre un lago. |
Véase si no el mítico Parque Nacional de Yellowstone, al que muchos recordarán por ser el hogar de las aventuras del oso Yogi, quien ataviado con su corbata y su sombrero se pasaba los episodios intentando robar las cestas de comida a los campistas.
© Ignacio Izquierdo

 Yellowstone, la piedra amarilla. |

 Géiseres, fumarolas... Yellowstone está al rojo vivo. |
Pero Yellowstone no sólo debería ser conocido por eso. Se hallan en él casi dos tercios de todos los géiseres del planeta, con una tremenda actividad geotérmica, además de paisajes que te dejan sin habla y miles de kilómetros en rutas. Y sí: también se pueden ver por aquí osos. Los dibujos animados no mentían.
© Ignacio Izquierdo

 Los fascinantes colores de las aguas geotérmicas de Yellowstone, tan irreales que parecen pintados. |
¿Queremos, en cambio, visitar los árboles más grandes -y probablemente más viejos- del mundo? El Parque Nacional de las Secuoyas es nuestra parada. Un lugar contemplado por 2.000 años de antigüedad donde encogerse y pasear entre gigantes.
© Ignacio Izquierdo

 Con sus 85 metros de altura, el General Sherman, el árbol más grande -que no alto- del mundo, nos saluda. |
¿Y la joya de la corona? Para mí, no hay duda: el Gran Cañón del Colorado, todo un recordatorio de lo ínfimos que somos. Resulta complicado contemplar sin estremecerse los casi dos millones de años de una obra de la naturaleza irrepetible. Te ponen en tu sitio sin piedad, como a un pequeño e insignificante momento, casi imperceptible en el tiempo.
© Ignacio Izquierdo

 Bienvenidos a otro planeta dentro de la misma Tierra. El Gran Cañón del Colorado disfruta desencajando mandíbulas. |
De la mano de un río, el Colorado, las cordilleras y los cauces fluviales se fueron formando, dando lugar a más de 400 kilómetros de maravilla natural. Hacerse una idea real de su tamaño es imposible por lo desproporcionado. ¿O alguien es capaz de acomodar en su cabeza los más de 20 kilómetros que nos separan de aquello que vemos al otro extremo? Si acaso, los cóndores y algún que otro helicóptero de turistas que los sobrevuela.
© Ignacio Izquierdo

 Tanto atardecer como amanecer en el Gran Cañón del Colorado suponen un goce para los sentidos. |
A partir de aquí, ya hay parques nacionales para todos los gustos: desde paraísos del buceo hasta glaciares, centenares de montañas, desiertos, rocas áridas y rojas, arcos, cavernas... Y eso que ni nos hemos arrimado a otros parajes catalogados, como los bosques nacionales.
© Ignacio Izquierdo

 A un par de horas de los accesos, puede pasar de todo, como salir con sol y llegar con nieve. |

 ¿Vértigo? ¿Quién dijo vértigo? |
Y todo tan bien organizado que parece pecado no haberlo descubierto antes. Información a raudales, alojamientos, zonas de acampada, una legión de "rangers" dispuestos a la mínima ocasión, carteles indicativos, excursiones guiadas, servicios de avituallamiento, cabañas... ¿Qué más se necesita?
© Ignacio Izquierdo

 La Vía Láctea se deja ver en mitad de la noche en el Parque Nacional de Yosemite. |
Pues ganas. Y también un vehículo con el que llegar a los parques. Muchos se encuentran comunicados por transporte público como parte de una red de autobuses que intenta abarcar lo inabarcable del vasto país, pero otros sólo se pueden alcanzar con transporte privado.
© Ignacio Izquierdo

 Yosemite, plagado de cascadas hasta que el verano las sentencie, parece sacado de un cuento. |
Da igual que sea coche, furgoneta, autocaravana o moto. Viaja como te sea más cómodo, y con un poco de práctica las enormes distancias -al menos para una mentalidad española- que hay que recorrer se irán volviendo más y más agradables, como parte de una rutina. Sin ir más lejos, en San Francisco ven como suyo el Parque Nacional de Yosemite, que está a más de cuatro horas de viaje de la ciudad.
© Ignacio Izquierdo

 Lagos que hierven y que revelan fantásticos colores cuando el vapor lo permite. |
Y si los paisajes no nos llenan del todo, hay aún más convincentes argumentos para hacernos un bocadillo, llenar la cantimplora y lanzarnos a la naturaleza. Vida. Vida salvaje. En pocos sitios del mundo se tiene tanta vida animal tan cerca. A la vista.
© Ignacio Izquierdo

 Paciencia y calma nos permitirán ver a un alce más cerca que en un zoológico. |

 De aspecto tranquilo, no está de más dejar espacio a los bisontes. Después de todo, nadie quiere que salga persiguiéndole a 60 kilómetros por hora uno de estos ejemplares. |
Aunque indudablemente la aparición del hombre ha perturbado en mayor o menor medida a la vida animal, no se escatiman esfuerzos en que el impacto sea lo menor posible. Dar de comer -incluso a ardillas- está generalmente prohibido, y se educa para respetar el entorno y que sean muchos los que puedan seguir disfrutando de ver animales en libertad.
© Ignacio Izquierdo

 Característicos colores que adornan la cima del Half Dome al atardecer, uno de los emblemas del Parque Nacional de Yosemite. |
Es normal cruzarnos, ataviados con trípodes y telescopios, a infinidad de visitantes. Quién sabe: lo mismo podemos disfrutar de una marmota, un alce o una manada de bisontes, pero sería una pena perderse el precioso pelaje y pausar caminado de un "grizzly" en la lejanía.
© Ignacio Izquierdo


|
Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.
Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

|