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Ignacio Izquierdo.-
La energía de San Francisco es especial. Dicen que es cosa de vivir encima de una falla, a sabiendas de que cualquier día un terremoto masivo acabará con la ciudad tal y como la conocemos. Así que, mientras llega ese momento, mejor disfrutar de cada día e intentar hacer lo que te hace feliz. O al menos tener tiempo para hacerlo.
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 El icónico Golden Gate Bridge, orgullo de San Francisco, al atardecer. |
De muchos de sus garajes, ahora reconvertidos en un próspero Silicon Valley, ha surgido mucha de la tecnología que usamos hoy en día. Apple, Google, Yahoo!, Cisco... Generaciones, en muchos casos, que han dejado a un lado el traje y la corbata para crear nuevas maneras de trabajar y aproximarse al cliente.
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 Lombard Street, probablemente la calle más famosa y conocida de San Francisco y la única que sube una colina de manera serpenteante. |
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 El "skyline" del distrito financiero, rodeado de pequeñas casitas coloreadas. |
Un ecosistema de empresas que nacen, crecen… y aunque muchas no llegan a vivir demasiado, a nadie parece importarle. El fracaso, dicen por aquí, es parte del aprendizaje, y se admira a todo aquel que tiene el valor de intentarlo. En pocos sitios hay tanta tendencia a la innovación, a crear, a dar rienda suelta a tus ideas sin sentirte ridículo.
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 Pescar, darse un baño, hacer picnic con la familia o practicar el nudismo... todo en el mismo sitio. |
Porque esta ciudad, una de las más abiertas -si no la que más- de Estados Unidos, está impregnada de un ambiente de lo más variopinto y divertido. Le acompañan, por supuesto, las coloridas calles y avenidas, adornadas con tranvías que hacen la función de escaladores en sus múltiples colinas.
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 Viajar en tranvía por la zona céntrica: un lujo turístico que se paga a precio de lujo. Pero, ¿quién se atreve con las cuestas? |
Ciudad multicultural en la que no es raro ver la información tanto en inglés como en castellano o chino, San Francisco está situada a la cabeza de la integración, del respeto de los derechos de los gays y las lesbianas y -curiosamente en comparación con el resto de Estados Unidos- también de los servicios sociales.
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 ¿Calles empinadas? Apenas nada… ¡Si hay quien las sube en bici todos los días! |
En una ciudad donde el voluntariado se vive no como una obligación, sino como una ayuda necesaria, una manera de colaborar con la sociedad, hay servicios y ayudas para muchos. Y aun así, el censo de los "sin techo" es bastante superior al de cualquier otra ciudad que he visitado. ¿La cara más oscura de un capitalismo desmedido?
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 Chinatown de San Francisco: el barrio chino más grande del mundo fuera de Asia. |
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 El Broadway de San Francisco es mucho menos glamuroso de lo que uno pudiera imaginarse y está dedicado sobre todo al entretenimiento adulto. |
Sea como sea, esto no impide que San Francisco ocupe un lugar privilegiado como destino turístico. Su fama de ciudad agradable, bañada por el mar, con casas victorianas, tranvías y el Golden Gate Bridge, el mítico puente rojo (o anaranjado, según el oculista de cada uno), hacen de ella uno de los destinos más visitados de Norteamérica.
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 Los leones marinos de San Francisco se han acostumbrado a la gran urbe y ahora tienen su lugar privilegiado en el propio puerto, donde ocupan un precioso espacio que más de un velero se moriría por usar. Nadie tiene permitido molestarles. |
Uno podría pensar que todo son flores y sol en esta ciudad californiana. Tremendo error. Su geografía le confiere una niebla veraniega que ni en la peor de las Londres. Las nubes avanzan desde el océano y envuelven a la ciudad sin piedad. Cómo dijo Mark Twain: "El invierno más largo que he pasado fue el verano en San Francisco."
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 Ahí viene: la niebla llega a la ciudad. |
Aunque la cosa se enrarece aún más en una pequeña zona donde el sol desafía al resto de la ciudad y suele brillar casi a diario. Su nombre es Mission, La Misión, donde se asentaron los primeros monjes franciscanos dispuestos a evangelizar a las tribus de la zona y que ahora se podría definir como el barrio latino (por no llamarlo mexicano).
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 Los muros de Mission, todo un ejemplo de arte callejero crítico y reivindicativo. |
Así, en un mismo día podemos pasar de elegantes cafés con comida orgánica a los burritos; de montar en el tranvía a hacerlo en bicicleta; de llevar ropa de abrigo a achicharrarnos de calor para congelarnos instantes después; de escuchar una batucada en un parque a un concierto de rock; de la austeridad "hippie" a los medios avanzados que proporcionan las nuevas tecnologías.
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¿Cómo conforma todo esto una ciudad con identidad propia? ¿No se pierde todo en la mezcla? Una vez más, se confirma que la suma de todo es lo que hace a esta ciudad tan atractiva y potente. Nadie es más que nadie. Nadie está de más y todos forman esta pequeña rareza estadounidense.
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 Hay hueco para todos, y que cada uno pueda sentirse también orgulloso de donde viene. O él o sus familiares. |
Me resulta curioso constatar que San Francisco es admirada por el resto del país. Envidian su ambiente y añoran su estilo de vida. Hablar de San Francisco es hablar de la ciudad ideal. Y uno no puede sino pensar en si realmente lo será. Y si lo es, ¿por qué será tan difícil exportar estas ideas y este modo de vida al resto de Estados Unidos?
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Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.
Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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