• Nueva Zelanda: del lado de la naturaleza
  • San Francisco: una ciudad en movimiento
Las postales perdidas del tío Matt

Polinesia Francesa: ¡enséñame la pasta!

 
16
JUN 2010

El Cielo en la Tierra. Así es la Polinesia Francesa si nos fiamos de los cánones de paraíso con que la publicidad suele bombardearnos. Playas tropicales de arena sedosa bañadas por aguas azules. Una hamaca bajo un cocotero. Relax. ¿Quién no querría estar allí? La realidad, una vez más, nos muestra que no es oro todo lo que reluce y que el paraíso, si de verdad existiera y se hubiera asentado en la zona, sólo estaría reservado para los obscenamente pudientes.

Escuchen atentamente; les voy a revelar un secreto: la Polinesia Francesa es un paraíso de cartón piedra, de esos en los que cuando miras para el otro lado, en dirección opuesta a los "resorts", ves el truco.

Seguro que os apetece un paseíto por la arena... ¡Ya sois míos! | Foto: Ignacio Izquierdo

Oiga, que esto es lo mismo que hemos visto ya en las costas de Malasia e Indonesia. Calle, calle... no diga tonterías. ¡Esto es la belleza! ¡No hay nada igual en todo el mundo! Es usted afortunado de que siquiera le permitamos pisar estas islas. ¿Acaso no es magnífico tener su propio "bungalow" sobre las aguas? Y fíjese, fíjese: tiene hasta una mesita con el fondo de cristal para que pueda ver bajo el agua. Oh.

Venga, démonos un remojón. Y ahora, ¿qué? | Foto: Ignacio Izquierdo

¿Y cuánto dice que me va a costar cohabitar con la susodicha mesita? Uy, caballero, me asusta usted. Aquí nadie pregunta los precios. Si lo hace, ¿no será que no puede pagarlo? Aquí se queman los billetes como si no hubiera un mañana. Disfrute, disfrute.

Montañas que aparecen abruptamente desde la superficie del agua, vestigios de unas islas creadas a base de volcanes submarinos. | Foto: Ignacio Izquierdo

¿Cuándo ha tenido usted la posibilidad de estar en el edén? Pues venga, no se estrese; ahora mismo le preparamos un paseíto en barca por la laguna azul con un concierto de ukelele para que se sienta usted como un rey. No se preocupe, que de la tarjeta de crédito ya nos encargamos nosotros. Cling, cling.

Para los amantes del surf, en Teahupoo, dentro de Tahití, se pueden ver -dicen- algunas de las mejores olas de tubo del mundo. | Foto: Ignacio Izquierdo

Uno de los principales problemas de la Polinesia Francesa, es que ha vivido demasiado tiempo bajo el lema del despilfarro, siendo ésta su razón de ser, alimentada por multimillonarios y aspirantes a ricos en una espiral que disparó los precios. El mensaje, tal y como aún lo mantiene su gobierno hoy día, es el siguiente: éste es un destino de lujo; quien lo quiera, que lo pague.

¡Oh, sole mío! Ukelele remix. | Foto: Ignacio Izquierdo

Así que se convirtió en un lugar "cool", donde había que estar si querías demostrar lo bien que te trataba la vida, si querías impresionar, si no te querías quedar atrás. Y con los precios estratosféricos y el orgullo de autoproclamarse el destino turístico más caro del mundo, reservado a una élite, en tiempos de crisis, donde los intentos de millonarios han desaparecido del juego, no queda mucho que rascar.

Palmeras y agua prístina: un icono de la Polinesia. | Foto: Ignacio Izquierdo

Que digo yo, cariño, que estas vacaciones las vamos a pasar en Tailandia, que además tienen "tuk-tuk" y es la mar de divertido. ¿Qué te parece? Además, el Pacífico queda muy lejos y siempre te acaba doliendo la espalda de estar en el avión... ¿Verdad? ¿Verdad que sí?

Parece que no hay mucho que hacer, ¿no? | Foto: Ignacio Izquierdo

Se le acumulan los problemas al paraíso, incapaz de sostenerse por su propio pie. Durante mucho tiempo en la Polinesia Francesa gozaron de una partida monetaria proveniente del gobierno galo, que no hacía demasiadas preguntas. Pero ahora, cada vez más reticentes, no hacen más que cuestionarlo todo y la partida se reduce y reduce cada año. El turismo de lujo ha dejado de ser rentable para una isla, y que tu principal arma deje de ser efectiva no puede traer nada bueno.

El mercado de Papeete, el alma de la ciudad: ropas, carne, pescado, flores... | Foto: Ignacio Izquierdo

En islas como Bora Bora, se acumulan los restaurantes fantasma, donde los camareros sonríen a la nada. Mesas sin clientes. Hoteles semivacíos con nuevas fases a medio construir. Insólito.

Una joven y pícara pescadora, más atenta a la cámara que a las redes. | Foto: Ignacio Izquierdo

No es que no quede nadie, pero el turismo sigue bajando, y mientras otros lugares como las Islas Fiyi o las Cook están sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos con precios más asequibles (lo que no quiere decir que lo sean del todo, entiéndanme), la Polinesia Francesa sigue anclada, presa de su orgullo ciego. Aquí no pasa nada. Aquí todo está bien. Circulen, circulen.

Los atolones que forman una capa de coral alrededor de la isla crean una laguna en el mar, de agua calmada y con fantásticos reflejos durante el atardecer. | Foto: Ignacio Izquierdo

Aún quedan valientes que se atreven a seguir explorando islas, buscando las que están alejadas de los complejos hoteleros con la esperanza de rehuir esa locura. Una gran parte del turismo "low cost" se empieza a desplazar a otras islas como Moorea, que siendo sensiblemente menos cara, también está cayendo y perdiendo visitantes.

Comienzan a aparecer las estrellas en Moorea. | Foto: Ignacio Izquierdo

No desesperen, que aún quedan opciones si lo suyo es visitar estas islas y manejan un presupuesto algo limitado. Acérquense a los puertos y pregunten a los capitanes de los veleros; muchos están dispuestos a buscar tripulación que les ayude a navegar. Un magnífico "pack" sin rumbo ni tiempo fijo. Ayudas a cambio de alojamiento y viaje. Pagas tu parte de la comida y aprendes a surcar los mares. Para los espíritus más aventureros, es una gran opción que lógicamente está cogiendo más y más fuerza.

Y yo que había madrugado para tener sitio donde poner la toalla. | Foto: Ignacio Izquierdo

Porque la zona, tan deficientemente explotada como está, sin una segunda o tercera división de turismo, bien merecería la pena ser visitada, pero mientras se aclaren y hasta que no me inviten a gastos pagados, dudo que vuelva a poner los pies por allí.

Llegó el atardecer. ¿Buscamos un sitio para cenar o cocinamos? Mejor ve sacando los "spaghetti". | Foto: Ignacio Izquierdo

Después de todo, ¿quién quiere irse de vacaciones para tener que estar todo el día con la calculadora viendo cómo van los gastos? ¿De verdad necesitamos esa mesita con el fondo de cristal en el "bungalow"?

Foto: Ignacio Izquierdo

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar