• Sídney: que sí, que no y todo lo contrario
  • Polinesia Francesa: ¡enséñame la pasta!
Las postales perdidas del tío Matt

Nueva Zelanda: del lado de la naturaleza

 
19
MAY 2010

Compuesta principalmente por dos islas, Nueva Zelanda tiene la mayor diversidad natural de todos los archipiélagos del Pacífico. Nacida entre choques de placas tectónicas y erupciones volcánicas, se mantiene como un destino casi virgen. Es éste su mayor atractivo, y los apenas cuatro millones de neozelandeses que habitan este lugar lo cuidan con esmero, orgullosos de un país que requiere del control más absoluto para mantener su delicado equilibrio.

A diferencia de otros continentes y países que estuvieron conectados inicialmente, Nueva Zelanda surgió de las profundidades del mar y sólo comenzó a estar habitada por quienes consiguieron llegar hasta ella, evolucionando y acomodándose en un entorno casi libre de depredadores.

El pico más alto de Nueva Zelanda, el monte Cook, y su reflejo sobre las aguas del deshielo de un glaciar. | Foto: Ignacio Izquierdo

Así, muchas de las aves que aquí llegaron crecieron y perdieron su capacidad de volar. Siglos más tarde, cuando Nueva Zelanda fue alcanzada por los primeros polinesios, este déficit sería para estos pájaros letal: cazar era tan fácil que bastaba con agitar un árbol para que cayeran.

El amanecer ilumina el volcán Taranaki, que recuerda al Fuji japonés y que alimenta infinidad de leyendas mientras acuña fama de despiadado entre los montañeros. | Foto: Ignacio Izquierdo

Con la llegada de nuevos habitantes, especialmente de depredadores como ratones, ratas o el propio ser humano, las cadenas alimenticias se tenían que readaptar de nuevo, y en el proceso muchas especies no vivieron para contarlo.

El embrutecido mar de Tasmania castigando la costa Oeste de la Isla Sur. | Foto: Ignacio Izquierdo

No fue hasta entradas las últimas décadas cuando la conciencia del valor ecológico de Nueva Zelanda se recuperó, y se empezó a trabajar duramente para mantenerlo hasta llegar al nivel de hoy en día. Ahora, el control al que están sujetos los productos importados, las personas, los equipajes y los vehículos se une a la creación de zonas libres de depredadores -generalmente pequeñas islas- para regenerar las poblaciones más amenazadas, cómo el icónico kiwi.

Milford Sound, uno de los fiordos más espectaculares de las Fjordlands y el único al que se puede llegar por carretera, lo que le ha dado una fama turística mundial. | Foto: Ignacio Izquierdo

¿Podrá la naturaleza, acomodada durante siglos, recuperar el tiempo perdido en pocos años? A duras penas. Las especies autóctonas no tienen ninguna posibilidad de supervivencia contra depredadores más experimentados.

Las focas, que estuvieron en peligro de desaparecer por su caza indiscriminada y ahora ya están fuera de peligro, se cuentan por centenas en las costas. | Foto: Ignacio Izquierdo

El último caso se dio con la importación para usos peleteros del marsupial australiano possum, cuya fuga y falta de enemigos hizo crecer su población hasta más de 70 millones de ejemplares en apenas dos décadas, destrozando la flora endémica del país.

Las caprichosas formas de las naturaleza, en la pequeña península de Otago. | Foto: Ignacio Izquierdo

Pero todos estos inconvenientes no han hecho sino incrementar el valor y el aprecio de los neozelandeses por lo suyo y han añadido al trabajo de control de las especies otro más interesante: el de educar y hacer partícipes a todos los habitantes de la supervivencia de su entorno natural.

Tremendo "fresquete" mientras esperamos al sol con las primeras lucecitas del alba en Opito Bay, en la península de Coromandel. | Foto: Ignacio Izquierdo
Foto: Ignacio Izquierdo
Despidiéndose del día entre las rocas de la bahía de Curio.

Educar, además de ser una idea siempre interesante, es la única posible. Sin gente suficiente para controlar toda la extensión del país, sólo queda apelar a la conciencia de cada uno.

El atardecer se viste de gala sobre el lago Wanaka. | Foto: Ignacio Izquierdo

Desde las oficinas de conservación también ponen todos sus medios al alcance del gran público. Hay infinidad de folletos y carteles informativos, páginas web y todo tipo de servicios para que todo el mundo pueda aportar su granito de arena. "Nueva Zelanda está para disfrutar de la vida salvaje. Lo sabemos. Sabemos que por eso estáis aquí, que a eso habéis venido. Vamos a hacer lo posible para que lo disfrutéis sin dañarlo."

Llegar tras el verano supone tener que ir bien abrigadito, pero a cambio es el mejor momento para sobrecogerse con el otoño. | Foto: Ignacio Izquierdo

Pocos países del mundo tienen más parques nacionales y reservas marinas, y aunque ciertamente hay zonas restringidas al público, la mayoría son de uso público. Lagos, ríos, montañas y valles. Completan la fórmula infinidad de baños públicos e innumerables cabañas en las montañas para quien quiera adentrarse en las zonas más remotas.

Los leones marinos ignoran al visitante... a no ser que te acerques a menos de 20 metros de ellos (no, no lo digo por nada). | Foto: Ignacio Izquierdo
Foto: Ignacio Izquierdo
Uno de tantos delfines oscuros que juguetean en el mar de Kaikoura.

Hay opciones para todos los gustos: desde pequeños recorridos de menos de una hora hasta "trekkings" de varios días; recorridos en caballo, bicicleta o kayak. Nunca llegar a ser parte de un documental estuvo más al alcance de nuestra mano.

La espectacular costa de la Isla Sur, hogar de infinidad de aves. | Foto: Ignacio Izquierdo

¿Quieren ver delfines, focas, leones marinos, pingüinos, albatros, ballenas, keas, wekas, kiwis? Sólo hay que seguir las indicaciones y respetar los consejos. ¿Y qué decir del paisaje? Moldeado por las fuerzas de la naturaleza, quita el aliento. Ya hace algo más de una década, Peter Jackson lo presentó al mundo en forma de la archiconocida trilogía de "El Señor de los Anillos", y aunque se limitó a mostrar espectaculares montañas y valles, lo cierto es que la variedad es mucho mayor.

La travesía de Tongariro, un "trekking" considerado como uno de los mejores del mundo de un día de duración. Además, atraviesa Mordor. Imposible perdérselo. | Foto: Ignacio Izquierdo

Comenzando por las salvajes costas, pasando por dunas de arena o helados y azulados glaciares que se desbordan por las montañas, recorriendo sus propios Alpes, sus terrenos volcánicos, sus lagos de azufre, géiseres en zonas vibrantes de actividad geotérmica, acantilados, colinas y muchos, muchísimos bosques.

Caminando por las heladas laderas del glaciar de Franz Josef. | Foto: Ignacio Izquierdo
Foto: Ignacio Izquierdo
Lago en ebullición en Rotorua, una de las zonas geotérmicas más importantes de Nueva Zelanda, aderezada con un "agradable" olor a azufre.

Es tan espectacular y tiene tantas posibilidades, que no han dudado en explotar su lado más salvaje, el que le ha dado a Nueva Zelanda el sobrenombre de "país de la adrenalina". De nuevo, las opciones son tantas que abruman: desde cómodos paseos en helicóptero y ultraligeros a "rafting", ala delta y "bungy jumping".

¿Quién da más? Eso sí, no hagan caso al "marketing" que asegura que, si uno no ha participado en los deportes de riesgo de Nueva Zelanda, es como si no hubiera estado en el país. Aunque lo cierto es que resulta difícil negarse. Seguro que aquí acaba saliendo la vena más aventurera e irresponsable de cada uno.

¡Geronimooo! "Bungy jumping" en Queenstown. | Foto: Ignacio Izquierdo

Carguen la tienda de campaña en el macuto o háganse con una furgoneta o autocaravana y piérdanse por Nueva Zelanda sin rendir cuentas a nadie. Y si me quieren pedir un consejo, no paren demasiado tiempo en las pequeñas ciudades excesivamente "sajonizadas", a menos que sea para recargarse de provisiones antes de retomar las serpenteantes carreteras. Hay un mundo silvestre esperándoles.

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar