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Las postales perdidas del tío Matt

México: viaje hacia Yucatán (y fin de trayecto)

 
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DIC 2010

Según avanzaba hacia el suroeste de México, con la península de Yucatán en la mente, todo iba cambiando. Cierto es que el país, formado por decenas de diferentes etnias, no había sido estático en ningún momento, pero ya había separado la delgada línea de lo razonable, diseccionando en mi imaginación el país y dividiéndolo en unos cuantos. Yucatán, última parada del viaje que me ha llevado a recorrer medio mundo.

Ni siquiera el castellano, ese idioma, es una constante en México. Atrás dejaba la entrañable zona de Oaxaca para adentrarme en el corazón de Chiapas, en la turística San Cristóbal de las Casas, donde los locales Chamulas, que llegan desde la misma San Juan de Chamula, apenas tienen unas cuantas palabras en común. Las justas para regatear en las compras y poco más.

El Caribe mexicano, última etapa de mi viaje. | Foto: Ignacio Izquierdo

Son los chamulas gente de lo más interesante. Bajo este nombre se agrupa a los tzotzil, tzeltal, mame, tojolabal y chol, descendientes de mayas que viven entre mundos. Abrazan un cristianismo mezclado con rituales prehispánicos, viven del trueque y de vender cosas a los turistas y rehuyen las fotografías porque temen que les roben el alma, aunque muchos aceptan si se les paga algo cambio. Tenemos las almas de oferta.

Foto: Ignacio Izquierdo
Oaxaca, una de las zonas más pobres de México y donde -sin embargo- mejor viven la vida. Les faltan excusas para montar pasacalles y tratarte como si fueras uno más. | Foto: Ignacio Izquierdo

Chiapas es una jungla donde descansan, escondidas en su profundidad, infinidad de ruinas mayas. Palenque, una de las más impresionantes, fue descubierta en el siglo XVIII, casi enterrada por completo entre raíces, ramas y vegetación, y ahora sólo se ha "limpiado" una pequeña parte de lo que fue una descomunal ciudad. De hecho, muchos afirman, con bastante razón, que la mayoría de las colinas que pueblan la selva albergan en su interior pirámides mayas.

De Oaxaca llegan curiosos elementos gastronómicos, como los chapulines colorados, un tipo de saltamontes que ayuda a rellenar esos huequitos en los que a uno le apetece picar algo... | Foto: Ignacio Izquierdo

Desde este punto, todo giraría en torno a los mayas. O lo que queda de ellos, que curiosamente es mucho más que las meras aunque monumentales zonas arqueológicas. La ruta maya tiene tantos puntos como uno quiera imaginar, y ahí en medio, entremezclados con el resto del mundo, aún sobreviven sus descendientes. Aunque también se ven reducidos a pequeños pueblos con idioma propio y a gente que vende sus artesanías en las ciudades más importantes del Yucatán.

En mitad de la Selva de Chiapas, las ruinas de Palenque crean uno de los más importantes complejos mayas que han llegado hasta nuestros días. | Foto: Ignacio Izquierdo

Los mayas. Una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica, y quizás una de las más avanzadas en su época. No sólo por su archifamoso conocimiento de la astronomía que les permitió incluso crear tablas de eclipses y un calendario extremadamente preciso, sino también por el resto de artes: arquitectura, cerámica, escultura, música, pintura, matemáticas y hasta un propio sistema de escritura.

Foto: Ignacio Izquierdo
Uxmal (arriba) y Tulum, otras dos de las ciudades mayas más importantes. Tulum, situada en pleno Mar del Caribe, hacía las veces de puerto. Quizás sea el templo que mejor localización tiene en todo el mundo. | Foto: Ignacio Izquierdo

¿Que pasó con ellos? ¿Que pasó con los mayas? Aún a día de hoy se sigue considerando un misterio, pero hay muchos estudios que empiezan a aclarar su decadencia. Lo primero que hay que considerar es que los mayas no eran sólo un pueblo, sino muchos. Pequeños estados de ciudades mayas que luchaban entre sí. ¿Quién necesita enemigos, así?

Chichén Itzá, parte de las nuevas maravillas del mundo. Maravillas que, por cierto, no han estado exentas de polémica: no han sido reconocidas por la UNESCO porque fueron organizadas por un particular a través de votaciones telefónicas e Internet. ¿Qué sucede con toda la población que carece de acceso a un teléfono e Internet? Y es más: ¿está todo el mundo capacitado para dar una opinión válida al respecto? | Foto: Ignacio Izquierdo

Añadan a la mezcla un poquito de inclemencias meteorológicas que acabaron con la agricultura, y ya lo tenemos todo para encontrar la ruina. Los mayas fueron abandonando poco a poco las ciudades al mismo tiempo que nuevas poblaciones, llegadas del centro y de la zona de Oaxaca, se iban asentando en el lugar.

La pirámide central de la Gran Acrópolis de Edzná. | Foto: Ignacio Izquierdo

Hoy podemos ver los restos de lo que una vez tuvo que ser algo glorioso. Los mayas se extendían abarcando mucho de lo que hoy es Guatemala y Belice. Infinitas pirámides apuntando al cielo, mapas de estrellas en la tierra. Entre ellas destaca la maniobra publicitaria que ha catapultado a Chichén Itzá como una de las maravillas del mundo. Es ciertamente impresionante, pero no tanto -pienso yo- como otras menos conocidas que surgen del corazón de la selva, como Edzná, Uxmal o Ek Balam.

Foto: Ignacio Izquierdo
El espectacular Cañón del Sumidero, con más de un kilómetro de desnivel entre el río y la cima de los picos, impresiona al verlo desde las alturas. Y visitarlo desde abajo en lancha ya deja sin habla: paredes verticales, cascadas, cocodrilos... hay de todo. | Foto: Ignacio Izquierdo

Adentrarse en la península de Yucatán tuvo para mí dos regalos inesperados. El primero fue descubrir la cultura de la zona, donde las jaranas y las tradiciones populares se mantienen aún a día de hoy; ellos de blanco impoluto y ellas de blancos floridos bailan al son de músicas cargadas de percusión y metales que bien podrían relacionarse con ritmos cubanos.

La jarana yucateca, todo un despliegue de participación popular para dar color a los momentos de fiesta. | Foto: Ignacio Izquierdo

El segundo fue descubrir los cenotes. La península del Yucatán no tiene ríos superficiales: es un enorme queso gruyer de roca caliza atravesado por ríos subterráneos. Uno de los sistemas de agua bajo tierra más largos del mundo. Un agua que, sin estar en contacto directo con la superficie (salvo por las propias entradas o cenotes) y filtrada a lo largo de capas del suelo, tiene una claridad sorprendente.

Foto: Ignacio Izquierdo
Las cristalinas aguas del cenote Dzitnup (arriba), en una cueva subterránea, y dos buzos en el cenote Dos Ojos, uno de los más impresionantes y conocidos de la zona. | Foto: Ignacio Izquierdo

Quienes buceen se podrán hacer una idea. Se considera que hay buenas condiciones de buceo en el mar cuando hay en torno a 30 metros de visibilidad. En algunos de los "tops" mundiales, esos lugares con los que soñaba Jacques Cousteau, se alcanzan entre 40 y 45 metros. En los cenotes, hasta 200. Bienvenidos a la ingravidez: cuevas submarinas plagadas de estalactitas y estalagmitas no aptas para claustrofóbicos, pero que revelan a la luz de las linternas una infinita belleza.

Buceando en un cenote, con la vegetación selvática de fondo. | Foto: Ignacio Izquierdo

Con esto alcanzaba la costa del Caribe mexicano. Llegaba a los fantásticos turquesas azules que bañan playas de arena suave y blanca, un canto de sirena que hipnotiza. Quizás junto con las playas de Sídney, éstas son las mejores que he visto en todo mi viaje. El agua cristalina, en cambio, rivaliza con la del sudeste asiático, y en cuanto a fondo marino se queda en un honroso podio tras Indonesia.

Foto: Ignacio Izquierdo
Atardece en Puerto Escondido. Las grandes olas del Pacífico hacen de este lugar uno de los destinos favoritos de los surferos. | Foto: Ignacio Izquierdo

La Isla de Cozumel, uno de los centros de buceo de México, se ha convertido en un lugar cada vez menos mexicano, suplantado por legiones de turistas cuya mayoría son vecinos del norte (léase Estados Unidos) que van a disfrutar de este complejo de hoteles y restaurantes. Con zonas de buceo de lo más atractivas, también puede uno alquilar una pequeña moto para alejarse del tremendo bullicio y pasear totalmente solo por sus playas.

Foto: Ignacio Izquierdo
Las suaves playas de Tulum, con no demasiados "bungalows" a pie de playa y de gran tranquilidad y belleza. | Foto: Ignacio Izquierdo

Algo más embravecida -todo sea dicho-, si lo que se busca es relax playero alejado de todo en una isla que puede recorrerse en bicicleta, la solución está un poco más al norte. Enfrentada a la hiperturística zona playera de Cancún, Isla Mujeres aparece como una alternativa mucho más tranquila. Un lugar donde olvidar el paso del tiempo mientras nos mecemos plácidamente en una hamaca. Uno de los rincones que más llaman al relax de cuantos he conocido.

Foto: Ignacio Izquierdo
Isla Mujeres. No hagan caso al nombre; no es lo que se imaginan. Lo juro. Y no es que quiera mantener un secreto. | Foto: Ignacio Izquierdo

Cancún, en cambio, se convierte en una extensión de hoteles a pie de playa, con centenares de tumbonas haciendo de paneles solares para gente llegada de todas partes de este alto y ancho mundo. Es el destino turístico más famoso de todo México. ¿Que tiene muy poco de auténtico? Cierto, pero no son tontos: estamos hablando de una de las mejores playas del país. No hay mucho que ver aquí, salvo darse a las fiestas que se ofrecen por doquier. Aunque, claro, la zona hotelera no es precisamente económica.

Las playas de Cancún. Aquí saben perfectamente cómo hacer felices a miles de personas cada día (si no hay huracán que lo impida, claro). | Foto: Ignacio Izquierdo

Fue esta, la de los fabulosos tonos del Mar Caribe, la última imagen que me llevaría de este viaje fantástico. La que cerraba una mochila y ponía, tras 533 días, rumbo a casa.

Foto: Ignacio Izquierdo

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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