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OpiniónEnfoque diferencial

Adiós, amiga, adiós

 
11
FEB 2008

Se confirma, parece ser, la noticia. A la espera de un comunicado oficial, sólo un sello y una firma separa a la fotografía tradicionalmente conocida como Polaroid del ostracismo más absoluto. Ni clasicismos ni románticos fotógrafos ni la herencia histórica. La fotografía instantánea basada en papel autorrevelable toca casi a su fin -queda aún por ver si finalmente Polaroid vende su tecnología- sin que apenas nadie pueda ralentizar tan áspera agonía.

Nadie o casi nadie se ha sorprendido. La del formato Polaroid era una muerte anunciada desde hace lustros, que poco a poco había sido asumida por el público. Las voces -pocas- que se han ido levantado para evitar su fin sólo han tenido eco en el silencio.

La fotografía instantánea Polaroid toca casi a su fin sin que apenas nadie pueda ralentizar su agonía

La calidad era cuestionable, aunque no mala, y sus posibilidades creativas, limitadas. La única baza era su inmediatez... ¡Pero qué gran baza!

De no pocos embrollos nos salvó la película Polaroid en sus tiempos. Un flash que no teníamos seguro, un encuadre que no sabíamos cómo quedaría, una profundidad de campo posiblemente crítica... gracias a la inmediatez de nuestras "polas", hasta el más temeroso de los fotógrafos podía disparar su instantánea sin más miedo que el del revelado en el laboratorio.

Pero llegó el píxel, y el feliz noviazgo entre el fotógrafo y su película se truncó. Un recurso fácil, rápido y barato se impuso a otro recurso también rápido, pero no del todo fácil y definitivamente caro. Aguantó la película Polaroid el tipo unos años, pero estaba claro que el fin era cuestión de tiempo. Y según parece, el tiempo se agotó el 10 de febrero de 2008.

Su calidad era cuestionable, aunque no mala, y su gran baza era la inmediatez

La siguiente pregunta está en la mente de todos: ¿qué pasará con la película tradicional? Aunque es un tema recurrente del que ya hemos hablado largo y tendido en estas páginas, no viene mal del todo recordar cómo están las cosas. Y resulta que las cosas están como hace meses: paradas.

No puede decirse que el mercado de la fotografía química progrese rápidamente, pero al menos no retrocede tanto -Kodak y Fujifilm siguen produciendo películas nuevas- como muchos nos temíamos.

Si la película Polaroid no ha podido competir con la fotografía digital y ha sido prácticamente barrida del mapa, la película tradicional sí que parece aguantar el tipo frente al mundo pixelado.

La siguiente pregunta está en la mente de todos: ¿qué pasará con la película tradicional?

La fotografía química no sólo es calidad -de la que muchos aún hoy sostienen es superior a la del píxel-, sino también el romanticismo del copiado y el trabajo artesano y manual.

Eso la película Polaroid no lo tiene, ya que apenas apretado el botón acaba la intervención humana en el proceso. Cierto es que había quien hacía algo de arte con este tipo de papeles, haciendo fotografía por contacto o retirando los químicos antes de tiempo, pero eran los mínimos y no los suficientes para hacer cambiar las tendencias de mercado.

Entonces, ¿seguimos con los químicos? La respuesta inicial es no, aunque tal vez sea una respuesta incompleta.

La guerra ya la ha ganado el píxel, pero la fotografía química no la ha perdido

Hace cinco años habríamos dicho que la fotografía analógica estaba condenada a desaparecer. Un servidor, defensor a ultranza del píxel, no lo tiene hoy tan claro. El haluro de plata ha aguantado la primera embestida de la fotografía digital sin retroceder demasiado. Su estrategia no ha sido el contraataque suicida, sino el rodeo y la evasión para pasar a un segundo plano.

La guerra ya la ha ganado el píxel, pero al menos se puede decir que la fotografía química no la ha perdido. Digamos que la lucha ha quedado en tablas, aunque sobre el tablero sólo se vea un contrincante.

La plata ha asumido su traspaso a una segunda línea y permanece en la retaguardia para los románticos, los artistas y los tradicionales. Y también para los otros fotógrafos, porque aún hoy se sigue escuchando, aunque cada vez menos, eso de "para el viaje, me llevo la otra cámara".

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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