Crónica
PMA 2006: CRóNICA

No hay marcha en la PMA

 
28
FEB 2006
Iker Morán   |  Orlando

Decía la canción que no hay marcha en Nueva York. La escala del avión fue de apenas de treinta minutos, y lo único que pudimos sentir del espíritu neoyorquino fue a un entusiasmado estadounidense acompañado de su familia que cruzó la puerta al grito de "The city that never sleeps!" "¡Ouyea!", añadimos.

Independientemente del ambiente que reine en la gran manzana, el soleado Orange County Convention Center no está siendo la alegría de la huerta, precisamente. Pese a que la segunda jornada ha sido más concurrida que el día de la inauguración, son muchos los que coinciden en que la PMA está perdiendo fuerza, por mucho que continúa siendo la feria de referencia para el mercado fotográfico norteamericano.

La celebración de Photokina este otoño es un detalle que no escapa a nadie. Los fabricantes han acudido puntuales a su cita, pero sin perder de vista los deberes pendientes para después de verano.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

A pesar de las nuevas incorporaciones (Apple ha puesto su dosis de elegancia entre tanto colorido), las ausencias de última hora -Konica Minolta aparecía en los primeros planos enviados a los medios por la organización de la feria- y esa presumible desaceleración de la cita han dejado auténticas zonas desiertas.

De hecho, da la sensación que el espacio destinado a los expositores está algo más acotado este año de lo que pudimos ver en 2005. Así, el único pabellón ocupado por la Photo Marketing Association, la PMA, poco tiene que ver con lo que recientemente pudimos ver en el 3GSM Congress de Barcelona -la comparación de ambos sectores de mercado es injusta, lo sé- o lo que posiblemente nos espera en Colonia.

Así que una vez cubiertos los grandes titulares a base de jornadas maratonianas a ambos lados del Atlántico, y mientras discurren con más calma los dos días de feria que restan, llega el siempre divertido momento de observar las peculiaridades de este lugar; una especie de Marina D´Or gigantesco y con olor a barbacoa.

Lo que ocurre es que lo que el primer año tenía su gracia, pierde parte de su encanto con la repetición. En efecto, la inmensa bandera de las barras y las estrellas sigue en su sitio para recordarnos en todo momento dónde estamos. Un detalle que se agradece, puesto que se han dado casos de visitantes extranjeros que, por momentos, se han creído en otro planeta.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Repiten también las masajistas y los limpiabotas de la entrada. Lo mismo ocurre con los Lincoln y los Mustang, o esos discretos Dodge y Hummer que se gastan por aquí. O los taxis, que bien sean en versión interminable de coche con cristales tintados o furgonetas para quince personas, el precio se rige siempre por el mismo criterio: cuesta exactamente lo que a ellos les da la gana.

Tampoco nos han defraudado las sinuosas modelos que aderezan toda feria que se precie -recatadas, eso sí-, aunque también en este sentido los desfiles y "performances" de turno han brillado por su ausencia. Ni siquiera Canon, que el año pasado nos facilitaba el trabajo de encontrar imágenes curiosas, se ha mojado este año.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Completa la lista de tópicos otro de irremediable insistencia en este tipo de eventos: el gusto de los fabricantes por exponer sus productos en el rincón más oscuro del stand. A ser posible -normalmente lo es- rodeado de metales, cristales y cualquier decoración que produzca un buen reflejo cuando intentamos sacar una foto de la cámara en cuestión.

Con un ritmo un tanto cansino y poca marcha, la PMA ya ha cruzado su particular ecuador. Por cierto, aquí los jamones ni siquiera son de York. Vienen directamente en forma de hot dog.

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