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DOS DéCADAS DE RETOQUE

20 años viendo el mundo a través de Photoshop

 
26
FEB 2010

Es difícil imaginar la historia de la fotografía y del diseño de los últimos 20 años sin Photoshop. Estos días en Adobe están de celebración, pues el más popular de todos sus programas cumple dos décadas de vida. Desde que se lanzase la versión 1.0 para Mac en 1990, muchas cosas han cambiado en el mundo. Entre ellas, la forma en la que hoy lo vemos gracias a la aplicación desarrollada por Thomas Knoll, un ingeniero que quería trasladar al monitor la magia del cuarto oscuro fotográfico.

Ya durante los años 80, algunos programas de edición de mapas de bits se habían hecho relativamente populares, como Deluxe Paint. Una aplicación que permitía manipular fotografías más o menos rudimentarias en las plataformas PC y Amiga.

Pero fue Photoshop el que se llevó el gato el agua. Y eso a pesar de la lenta evolución del programa durante sus primeros años. El mundo de la imagen digital aún no estaba maduro a principios de la década de los 90, cuando era toda una rareza ver una cámara que no usase película.

La primera versión de Photoshop veía la luz en 1990.

De hecho, hasta finales del año 1994 Photoshop no incorporó la función estrella de trabajar con capas; en 1999, el módulo Image Ready -hoy desaparecido por la existencia de Fireworks en el catálogo de Adobe- permitió por fin trabajar con imágenes para Internet, y en 2003 se incluyó el plug-in Camera Raw para editar archivos en bruto de fotografía.

Photoshop ha sido y es un programa muy apreciado en las agencias de diseño gráfico, en la medicina, en la industria editorial, en la fotomecánica y en las productoras audiovisuales.

Pero el medio en el que mejor se desenvuelve sigue siendo la fotografía. ¿Por qué? Básicamente por dos razones: es capaz de hacer cualquier ajuste de los que hacíamos en el laboratorio químico, y con él los fotomontajes y las manipulaciones que podemos hacer han alcanzado niveles de fotorrealismo.

Transformando cánones de belleza
Ya existían manipulaciones mucho antes de que Knoll crease su criatura, pero el invento ha sido el gran responsable de que la realidad y la ficción se confundan hoy más que nunca.

Photoshop permite mejorar objetivamente una foto, pero también manipularla hasta extremos en los que el motivo queda muy alterado. Incluso es posible crear imágenes completamente ficticias fusionando a modo de "collage" distintos elementos fotográficos. La frontera que separa la mejora de una foto con la manipulación icónica ha hecho que el programa sea noticia en los medios de comunicación. Hoy, de hecho, ya es un símbolo de la cultura popular.

La influencia de Photoshop se deja notar en portadas como ésta, de la revista Vanity Fair.

Los efectos del maquillaje digital en modelos han provocado críticas incluso por su repercusión en la salud. El uso intensivo de la herramienta ha creado cánones de belleza artificiales y ha potenciado la difusión de trastornos nerviosos, como la anorexia.

Eliminar kilos, estilizar la figura, borrar marcas de expresión, mejorar el tono de la piel, manipular el brillo o el color de los ojos... son algunas de las operaciones que a diario millones de expertos en Photoshop realizan sobre toda clase de fotografías de publicidad, revistas, moda y retratos corporativos.

Eva Herzigova, Monica Bellucci o Sophie Marceau son algunas de las modelos que han aparecido últimamente fotografiadas por Peter Lindbergh en la revista Elle. La particularidad de este trabajo es que en él no se ha utilizado Photoshop ni maquillaje, en una especie de pequeña rebelión hacia el uso masivo de la herramienta en las publicaciones de moda.

En la prensa también se ha caído en la tentación de difundir fotografías manipuladas con Photoshop. Un ejemplo conocido son las imágenes de Paris Match, en las que a Sarkozy se le eliminaron los michelines. Un asunto polémico, pues el reportaje no era un posado. En otros ejemplos, el retoque se convierte en alteración radical de la realidad representada, como es el caso de ciertas fotos de la última guerra del Líbano que publicó Reuters.

Ese caso llevó a Adobe a anunciar que trabajaría con Canon y Nikon en un sistema de control sobre la autenticidad de las imágenes digitales. Pero nada se ha sabido del tema desde entonces. También un grupo de parlamentarios franceses llegó a plantear hace unos meses que la ley obligase a indicar si una foto ha sido manipulada digitalmente.

¿Dónde está el michelín de Sarko? Tampoco los líderes políticos escapan al pincel mágico de Photoshop.

Pero sin llegar al extremo de incurrir en la manipulación o el fotomontaje, podemos encontrar numerosos casos de dramatización de fotografías periodísticas. La última edición del premio World Press Photo incluso ha dado un cierto espaldarazo a esa tendencia.

El máximo reconocimiento del certamen fue para una foto en la que era tangible el uso de efectos digitales, como añadir un viñeteado para centrar la atención en las dos mujeres que protagonizan la escena. Sin embargo, para la profesión no todo vale. Al fotoperiodista danés Klavs Bo Christensen se le retiró un importante premio en su país por abusar en la posproducción del negativo en una foto de Haití.

Más humo del que realmente había. Un fotógrafo libanés alteró con herramientas de edición las columnas de humo en Beirut como consecuencia de los ataques aéreos israelíes en 2006. Reuters lo despidió fulminantemente.

Fuera del ámbito periodístico, la fiebre por Photoshop ha llevado a que muchos consideren que una foto que no haya pasado por el programa tiene poco valor. Eso provoca que exista una enorme industria dedicada al tratamiento y retoque de fotos.

Pero lo cierto es que no son tantos los artesanos digitales capaces de convertir la ficción en una realidad creíble. Muchos de los desastres provocados por el uso torpe del programa son recopilados en el implacable y divertido blog Photoshop Disasters.

Aberraciones

El fenómeno de la propagación de técnicas más o menos aberrantes se da también por las enseñanzas de algunos de los que confeccionan materiales didácticos sobre el programa. Miles de revistas, blogs y libros nos cuentan cada día técnicas para "mejorar" nuestras fotos. Algunos, embriagados por las numerosas opciones del programa, parecen querer emular -aunque mal- las enseñanzas de Ansel Adams, creador del sistema de zonas.

Una de las consecuencias más nefastas del "vértigo de Photoshop" es el abuso de la técnica HDR o de alto rango dinámico

Una de las consecuencias más nefastas de lo que podría calificarse como "el vértigo de Photoshop" es el abuso de la técnica de alto rango dinámico (HDR). Aunque ya existía antes de incorporarse a la versión CS2, en el año 2005, fue entonces cuando se propagó de forma imparable. Hoy se usa con desmesura. El resultado es que abundan imágenes con colores e iluminaciones irreales que parecen ilustraciones en lugar de fotos.

Son incontables las imágenes hechas con esa técnica que pueden verse en Internet. En Flickr, por ejemplo, hay más de 33.000 grupos sobre HDR, e incluso existe una red social especializada llamada HDR Creme. Algunos fabricantes de cámaras también potencian su desarrollo al incluir la función de disparar varias fotos con distintos niveles de exposición.

Es sólo un caso de cómo la industria fotográfica se ha visto notablemente afectada por la influencia del programa. Pero los ejemplos abundan. En la fotografía química era complicado hacer fotografía de arquitectura. Hoy, cualquiera que use Photoshop puede realizar una corrección fácilmente de la perspectiva en una foto.

Ni que decir tiene que un detalle como ése provocó una disminución clara en las ventas de objetivos descentrables. Igual puede decirse de herramientas como los filtros de color para objetivos, cuyo uso pasó de ser una necesidad a una mera elección a la hora de trabajar con fotografía en color o blanco y negro. El programa permite manipular con gran facilidad la gama cromática.

Presente, futuro y competencia

Photoshop ha crecido de tal forma que hoy existen seis aplicaciones distintas con ese mismo nombre: la edición estándar y extendida para toda clase de profesionales; Lightroom, la versión para fotógrafos que no permite hacer fotomontajes; Elements, para aficionados; photoshop.com, para trabajar en la nube, y una aplicación para el iPhone (aunque las dos últimas son más que nada productos que simplemente se valen de la potente marca creada por Adobe).

La versión CS5, o como se vaya a denominar, está al caer, y al parecer incluye funciones para eliminar las distorsiones ópticas de los objetivos, mejoras para seleccionar máscaras en las que incluso aparezca pelo y una herramienta bastante espectacular para eliminar figuras humanas u otros elementos en una foto con gran facilidad.

No son pocos los programas que de una u otra forma compiten con Photoshop, pero lo cierto es que ninguno dispone de funciones tan avanzadas como él ni son tan populares.

Photoshop vive probablemente su mejor momento, con una industria que desarrolla complementos para él, centros de enseñanza para aprender a usarlo, publicaciones especializadas...

Durante años se hablaba de Corel Photo-Paint como una alternativa real, pues incorporaba muchas funciones del programa de Adobe y era más barato. El problema es que destila cierto aire a sucedáneo, es mucho menos avanzado a día de hoy, no existe una versión para Mac y siempre ha estado demasiado unido a Corel Draw (el programa de diseño gráfico vectorial de la compañía).

La gran alternativa a día de hoy es Gimp, pero ese programa de software libre no termina de despegar a nivel masivo. Entre otras razones, porque utiliza una interfaz gráfica algo complicada, y debido a problemas de patentes carece de algunas funciones importantes, como la posibilidad de cargar archivos TIFF.

Sin embargo, es posible que a medio plazo su uso se expanda debido al alto precio que hay que pagar por Photoshop, que en su versión extendida vale casi 1.500 euros, y a que se ha anunciado que en la próxima versión se mejorará drásticamente su interfaz de usuario.

En cualquier caso, Photoshop vive probablemente su mejor momento. Bajo su sombra existe una potente industria a nivel mundial de empresas que se dedican a desarrollar complementos para él, centros de enseñanza para aprender a usarlo, publicaciones especializadas y profesionales que se dedican a transformar con él, para bien y para mal, nuestra visión del mundo.

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