Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Crónica

Photokina 2016: crónica de una crónica anunciada

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SEP 2016
Iker Morán | Colonia

Pocas cosas hay más sencillas y tristes que ejercer de agoreros de ferias y saraos en declive. Hacer chistes está bien cuando es a costa de los grandes, pero liarse a hachazos con el árbol que amenaza con caerse ya no tiene tanta gracia. Y con Photokina nos pasa algo parecido.

Así que tras unas cuantas ediciones tirando de los tópicos de siempre –esto ya no es lo que era, le quedan dos telediarios, etcétera-, ahora que de verdad se ven pabellones cerrados, huecos sin rellenar y pasillos con mucha menos afluencia que en ediciones anteriores, la sonrisa de listillos se nos convierte en una mueca más seria con un toque de nostalgia. Será que nosotros también nos estamos volviendo unos veteranos del tema.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

No ha habido grandes ausencias en esta Photokina 2016, es cierto. Los estands estaban donde siempre. Algunas novedades animaban el ambiente. Las vitrinas con desarrollos futuros también andaban por allí. Y lo más importante: había algún que otro cóctel, canapés y galletas cuando tocaba hacer la parada técnica.

“Esto parece una reunión de amigos”, nos comenta alguien por los pasillos. No es mala definición, porque la mayoría de caras son conocidas, aunque posiblemente se refería a que los pasillos y la entrada otras veces atestados durante la primera jornada esta vez lucían un ambiente más desolador. Reuniones de clientes, regateo con los márgenes, búsqueda de distribuidores, una cena con el importador llena de sonrisas forzadas porque todo el mundo sabe que trae producto paralelo…

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Esas son las postales típicas de esta y todas las ferias, por mucho que los siempre entusiasmados chicos de la prensa insistamos en darle a todo un tono mucho más épico. Hay ruedas de prensa en las que, por la afluencia y por las carreras para hacer la primera foto, parece que se estuviera decidiendo el futuro de la humanidad.

En algunas hay aplausos a las novedades, como si fuera una keynote de Apple. La Fujifilm GFX, por ejemplo, consiguió alguna ovación, aunque nos preguntamos si fue cosa del calentón, porque luego por los pasillos los comentarios ya no eran tan entusiastas y había incluso algún gesto de preocupación al escuchar el precio.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

No ha habido ausencias, pero Nikon y Canon han venido casi de paseo a Colonia. Los primeros con unas cámaras de acción a las que se empeñan en dar un protagonismo que en realidad nadie entiende. Los segundos con la tranquilidad de que la EOS 5D Mark IV y la EOS M5 recién presentadas les dan un margen de tranquilidad para una buena temporada.

Quienes anduvieran buscando una buena dosis de autoconfianza, sin duda la encontrarían en el estand de Olympus. Entre que la OM-D E-M1 Mark II promete y esos carteles gigantescos que invitaban al cambio de sistema, a ratos nos parecía estar viendo aquella Apple de 1984 luchando contra el malvado IBM.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

La marca irreverente luchando contra la casta y todo aquello, pensamos mientras sentimos un pequeño temblor al escuchar hablar a Olympus de fotografía deportiva. Ya pasamos por aquello con las réflex Cuatro Tercios y la historia no acabó bien, pero no seremos nosotros los pinchaglobos de la fiesta.

Hasselblad y Leica saben que en tiempos de crisis el purismo y la tontería no pagan deudas, así que no tienen mayores problemas en combinar móviles, cámaras instantáneas o alianzas extrañas con su gama profesional. ¿Qué opinarán ellos de la Fujifilm GFX? Estas cosas nunca se dicen en alto, pero, entre nosotros, no se veían demasiadas caras de preocupación por allí ni en el estand de Phase One.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Tampoco en GoPro, donde saben mejor que nadie cómo animar una Photokina: repartiendo cerveza gratis entre el personal. Buena idea para celebrar ese drone Karma que llega con demasiado retraso y esa HERO5 capaz de convertir nuestras anodinas vidas en algo trepidante. Nos preguntamos si sería capaz de hacer lo mismo con una feria que muestra síntomas de evidente cansancio.

No se trata solo de los pasillos vacíos, sino de ese tic terminal de ponerle apellidos grandilocuentes a la feria. Ya no es fotografía, que suena a antiguo y de pobres. Ahora es la feria de la “imagen sin límites”. Pocas pistas hay más claras de que algo no va del todo bien que cuando hace falta adornarlo con lemas y títulos que parecen sacados de libros de autoayuda.

Pero la futurología nunca ha sido lo nuestro, ojo, así que ojalá nos equivoquemos y en 2018 volvamos a Colonia. Photokina y nosotros.

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