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Agenda fotográfica

Tres desastres en la galería Carmen de la Guerra

 
22
JUN 2006
Eduardo Parra   |  Madrid

La céntrica galería de arte madrileña Carmen de la Guerra se suma a PHotoEspaña 2006 acogiendo a tres artistas en una misma exposición. Se trata de "Desastres", de Robert Gligorov, Néstor Arenas y Beatriz Ruibal, una muestra repleta de ironía y en la que se propone reflexionar sobre la huella que queda en la naturaleza tras sobrevivir al hombre.

Tres autores de diferentes trayectorias y orígenes -España, Cuba y Macedonia- se han reunido en el nido de PHotoEspaña 2006 para dar a conocer su visión de la naturaleza, el tema de esta edición del certamen, en su relación con el ser humano. La peculiar galería madrileña Carmen de la Guerra -su planta inferior la forman antiguos túneles subterráneos- ha reunido a estos tres talentos en una comunión en la que el ser humano aparece como un depredador de los recursos naturales.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Son tres visiones distintas con un nexo común. Por un lado, el macedonio Robert Gligorov presenta su propio mundo de fusión naturaleza-máquina, donde los seres vivos se reducen a una masa sanguinolenta de vísceras y aparatos electrónicos carentes de sentimientos. Una realidad en la que la naturaleza ha sido pervertida por el afán del hombre en pro de una evolución antinatural que busca atajos en la tecnología.

Foto: Robert Gligorov

Cubano de nacimiento, Nestor Arenas utiliza el juego -y los juguetes- enfrentando a diversos muñecos y figuras "de acción" con auténticos animales depredadores. Es una representación fotográfica de lo pequeños que somos ante la naturaleza, y de que a pesar de nuestro teórico dominio del mundo, no somos más que muñecos -juguetes- en manos de una naturaleza con paciencia casi infinita.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Beatriz Ruibal, por último, ocupa la parte más siniestra de la galería: varios túneles ciertamente inquietantes del sótano.

Foto: Nestor Arenas

La artista española se vale de una oscuridad superlativa para jugar con las luces y las sombras en sus imágenes, ya sea colgadas de una pared, ya sea proyectadas en una casca artificial de agua. Ofrece Ruibal una huida hacia una isla paradisíaca, vista casi desde un viejo catalejo, situando al espectador como un náufrago -quizás voluntario- que viaja hacia la esencia misma de la naturaleza virgen, auténtica protagonista de sus obras.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

La pequeña -a pesar de reunir a tres artistas- e irónica exposición permanecerá abierta de forma gratuita hasta el fin de este mes, de martes a sábado.

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