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Petare: laberinto de ladrillo en Caracas  

20
FEB 2008

Petare es un gigantesco poblado que alberga a más de un millón y medio de personas y se extiende por los cerros del este de Caracas formando un impresionante laberinto de calles y precarias casas de ladrillo. Aquí vive desde hace casi 40 años Mirentxu Eguiguren, una guipuzcoana cuyo trabajo con los más necesitados le valió el premio al Cooperante Vasco en 2003.

Al llegar a Caracas, varios amigos del Centro Vasco nos hablaron de Mirentxu Eguiguren, una mujer guipuzcoana que lleva décadas trabajando con y para los pobres de Petare, una zona deprimida de la capital venezolana.

Cerros totalmente cubiertos de chabolas junto a la autopista del este de Caracas.

La llamamos por teléfono y programamos un encuentro para el día siguiente. Nos cita en una boca de metro desde donde nos acompañará al cerro.

Antes de colgar, le explico mi intención de llevar el equipo fotográfico, y a mi pregunta de si es arriesgado, responde rotundamente: "¡No, hombre! Esto es muy seguro, más que otras ciudades que habéis conocido. No hay problema."

Su respuesta contrasta con los avisos que hemos venido recibiendo desde que llegamos a Caracas, e incluso antes. Muchos amigos nos han recomendado no sacar el equipo fotográfico por la capital venezolana debido a la gran cantidad de robos y asaltos que se dan en sus calles.

Estas precarias viviendas caraqueñas reciben el nombre de "ranchos". En una sola de estas casas pueden vivir hasta 40 personas.

Al día siguiente, montamos en un pequeño autobús que nos deja en el centro de la ciudad y buscamos una boca de metro. Un moderno y limpio vagón nos lleva por el subsuelo caraqueño hacia el este hasta llegar a Petare, la penúltima parada. Nos enteramos entonces de que hemos salido del Distrito Capital y entrado en Miranda, otro estado venezolano.

Llegamos puntuales. En la taquilla donde hemos quedado nos encontramos con Mirentxu, una agradable mujer cargada de energía que en absoluto aparenta los 60 años que tiene. Tras los saludos, nos pide sin perder un instante y con su curiosa mezcla de acento vasco y venezolano que la acompañemos.

Mirentxu Eguiguren, una mujer cargada de energía.

Caminamos a buen ritmo entre el tráfico y llegamos a una pequeña plaza. Aquí subimos al primero de los todoterrenos aparcados en fila. Eguiguren nos explica que en Petare las pendientes son tan pronunciadas y las calles tan estrechas que los autobuses no pueden subir, por lo que sólo es accesible en este tipo de vehículos.

Uno de los todoterrenos con capacidad de hasta doce pasajeros que funcionan como pequeño transporte urbano del cerro.
Nos acercamos al cerro y la carretera se va estrechando como un embudo.
Los "ranchos" se amontonan unos sobre otros formando auténticas torres de ladrillo.
Los deslizamientos de tierra son habituales en la época de las fuertes lluvias tropicales. Para evitarlo, las partes más expuestas se cubren con cemento.
Docenas de cables se conectan al poste eléctrico.
La fachada del Centro Comunal Casa del Nazareno, el edificio levantado por Mirentxu.

Entramos al edificio. Mientras nos lo muestra, Mirentxu nos cuenta su historia: "Llevo viviendo 37 años con esta gente y estoy contenta porque me siento útil. Soy de las personas que piensan que he venido al mundo para hacer algo bueno, para ayudar a los demás, porque, si no, ¿para qué vale la pena vivir?"

"Cuando llegué, esto era una chabola. Después de años de esfuerzo, se ha convertido en un edificio de seis plantas que cuenta con guardería, aulas en las que estudian alumnos especiales, una escuela técnica. un lugar en el que ofrecemos un montón de servicios a la comunidad y atendemos diariamente a más de 200 niños."

Varios niños y niñas duermen la siesta en uno de los salones.
La sala de los más pequeños.
Dos fotografías a la entrada recuerdan a los benefactores económicos más importantes de la casa. El de la izquierda no es otro que el famoso cocinero Karlos Arguiñano; a la derecha, su esposa, prima de Mirentxu.

Mirentxu ha inventado un curioso método de alfabetización con el que asegura conseguir que los niños de cinco años aprendan a leer y escribir en tres meses. Las letras, en lugar de enseñarse como símbolos sin ningún referente para el niño, se convierten en personajes relacionados con la realidad en la que viven.

Mirentxu nos lo explica de una manera muy gráfica: "La pe, por ejemplo, es Pepe, que vino como emigrante del oriente de Venezuela y fue atropellado por un todoterreno en Petare. Le llevaron al hospital y le tuvieron que amputar una pierna, y ahora camina con un palo. Mientras cuento la historia, hago que todos los niños la vayan representando: ahora caminamos como Pepe, ahora dibujamos a Pepe."

Mirentxu revisa la escritura de uno de sus alumnos.

Ella trata a los alumnos con una mezcla de ternura y autoridad. Puede reñir a un niño severamente porque no ha trabajado como debía y al cabo de un rato darle un achuchón que parece que vaya a estrangularlo.

"Muchos de los padres son analfabetos y no pueden ayudarlos. Yo me impongo y los obligo a que aprendan. Siempre les repito que tienen que aprender para conseguir un futuro."

Nuestra protagonista habla con una de sus colaboradoras mientras la chiquillada observa con curiosidad.
Un pequeño grupo comienza hoy sus clases de baile en otro de los salones.
Este otro grupo espera pacientemente la hora de salir.
Mirentxu observa el trabajo de unas niñas.
Los niños están tranquilos y felices en este lugar.

Mirentxu nos lleva al último piso para mostrarnos las espectaculares vistas de la ciudad.

Imagen de Petare. Detrás, la ciudad de Caracas ocupando el valle.

Ante esta vista, deja de hablarnos de su trabajo y pasa a explicarnos la problemática del lugar donde vive.

"Esto que se extiende delante de nosotros es Petare, una ciudad que ya ha sido absorbida por Caracas. En la actualidad, está formada por más de 2.000 "barrios" [sinónimo de favela en Venezuela] en los que viven en difíciles condiciones más de un millón y medio de personas."

"Cualquiera de los 'ranchos' que veis desde aquí, cualquiera de estas chabolas, puede estar habitada por familias muy numerosas, de hasta 40 miembros."

Desde el punto en el que nos encontramos hasta el otro extremo de Caracas hay una veintena de kilómetros de asfalto. La ciudad se encuentra a 900 metros de altura sobre el nivel del mar.

"Desde que llegué aquí fui viendo cómo la situación de la gente empeoraba sin que ningún gobierno hiciera nada. Para paliarlo, organizamos con otras personas comunidades cristianas de reflexión y transformación. Involucramos a mucha gente del barrio en el trabajo, y especialmente a muchas mujeres."

La cordillera con que Caracas limita al norte y que la separa del mar Caribe es la cordillera de la Costa, una pared de 1.000 metros de altura.

"Hicimos un gran trabajo por la comunidad. Y, finalmente, hace nueve años llegó la Revolución Bolivariana. Hasta entonces, ningún gobierno se había preocupado por nosotros, por los pobres."

"Chávez ha traído la alfabetización masiva, ha construido aquí escuelas, universidades, hospitales. Ha suministrado medicinas, levantado muros de contención para evitar los desprendimientos de tierras. En fin, ha mejorado el nivel de vida de la gente de Petare, que ahora incluso se alimenta mejor."

"No podéis imaginar la ilusión con la que me vienen los padres contándome que sus hijos empiezan la universidad. ¡Un hijo de Petare en la universidad! Esto antes no ocurría. Ahora tenemos otra esperanza."

Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.

La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.

Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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