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OpiniónEnfoque diferencial

Patadas con una cámara

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SEP 2015

El principio de incertidumbre de Heisenberg viene a decir, en palabras sencillas, que cuando estudias un fenómeno la propia acción de estudiarlo interfiere en él. Aunque este principio no se formuló pensando en la fotografía, siempre he dicho que le va como anillo al dedo, pues cuando intentas fotografiar algo -especialmente personas- incides de un modo u otro en su forma de actuar. Por eso, cuando uno fotografía, trata -o debería tratar- de pasar inadvertido.

Paradójicamente, para pasar inadvertido muchas veces hay que relacionarse con el sujeto a fotografiar. Acercarse a la gente, vivir con ellos, estar con ellos es algo que no se hace solamente para ganarse su favor sino también para que se acostumbren a tu presencia y actúen con naturalidad. Por eso es tan difícil ser fotoperiodista, porque hay que meterse hasta el meollo de todo y no dejarse influenciar por lo que allí ocurra, se esté a favor o en contra.

Me acuerdo mucho de esto cuando me toca fotografiar alguna reunión. Siempre hay alguien que dice: “¿Se pueden saludar?” Ahí está el fotoperiodista contaminando la acción. Los fotografiados se saludan, sí, pero ya nunca sabremos si realmente querían o no hacerlo. Un periodista no debería ser condicionante de su crónica.

Esa es la teoría, porque luego en la práctica ocurre lo que dicen que le ocurrió a Kevin Carter, que fotografió a un niño y a un buitre y muchos le crucificaron por no ayudar, por ser –sostenían- fotoperiodista antes que persona. Estos días también hemos crucificado a otra periodista, Petra Laszlo, pero esta vez por algo incuestionablemente denigrante. Laszlo no solo influyó en lo que grababa sino que lo hizo con una repugnante agresión del todo injustificada e injustificable.

petra laszlo
Foto: Marko Djurica (Reuters)

No ser neutral con una cámara al cuello es algo inherente a la condición de ser humano, y si canallas los hay en todo el mundo, nosotros no íbamos a ser la excepción

Es difícil ser fotoperiodista si no se es un robot, porque aunque en la mayoría de casos te puedes abstraer de la realidad y limitarte al clic, hay otras en que querrías cantarle las cuarenta al interfecto que tienes delante o simplemente se te llenan los ojos de lágrimas. Y aunque sabes que tal vez dejar de fotografiar puede salvar una vida, la responsabilidad del fotoperiodista es contar la historia primero y si acaso llorar después.

Pero más allá de eso, de ayudar al que necesita ayuda, el fotoperiodista debe mantenerse neutral. “Debería serlo, pero no funciona así”, puntualizaba Ricardo García Vilanova, pues no ser neutral con una cámara al cuello es algo inherente a la condición de ser humano.

Lo que sí que es absolutamente rechazable, censurable y me atrevería a decir que abominable es hacer lo que hizo la tristemente famosa reportera húngara cuando agredió al débil llevada por el odio. Además de convertirse en una desalmada, se convirtió en una manipuladora, y si lo segundo la inhabilita como periodista, lo primero le retira la acreditación para definirla como persona.

La profesionalidad es la excusa para no actuar, pero es solo eso, una excusa que nos decimos a nosotros mismos cuando en realidad somos unos cobardes por no soltar la cámara y ponernos delante de esa madre a quien la policía golpea sin parpadear.

Nadie dijo nunca que aquellos fotógrafos que el 11-M abandonaron literalmente su cámara en una piedra y se fueron a atender a los heridos fueran menos profesionales que los que nos limitamos a mirar por el visor y apretar el botón una y otra vez. Entre salvar una vida y un World Press Photo no hay comparación posible, aunque a veces queramos creer que sí.

Aunque los motivos del suicidio de Kevin Carter son confusos, no hay duda de que su icónica foto le cambió la vida. No sabemos si las diversas grabaciones donde la anteriormente mencionada reportera de ultraderecha patea a los que huyen de la guerra le cambiarán la vida tanto como a Carter, pero si este obtuvo como recompensa un Pulitzer y el rechazo de parte de la sociedad, lo que le debería esperar a la otra debería ser el repudio tanto personal como profesional.

La deshumanización es un defecto congénito del ser humano, y si canallas los hay en todo el mundo, los reporteros gráficos no íbamos a ser la excepción.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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