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OpiniónEnfoque diferencial

Ni ética ni profesionalidad: simplemente educación

 
28
FEB 2011

Hace unos días, mientras paseaba por los pasillos de la feria ARCOmadrid preparando una crónica para QUESABESDE.COM, me topé con una modelo famosa. Antigua Miss y bellísima persona a la que tengo el gusto de conocer, iba con su actual novio. En realidad, en un primer momento no la vi a ella, sino a los cinco fotógrafos y un cámara que, dos pasos por delante, inmortalizaban cada uno de sus movimientos.

Hay una regla no escrita que dice que una foto puede obviarse si ningún fotoperiodista la hace, pero una vez que alguien la hace, tenemos que hacerla todos. Así pues, un colega de otro diario y un servidor, ambos con la cámara colgando del cuello, nos acercamos para hacer una ráfaga. Justo cuando disparé, la modelo se acercó y nos soltó a todos con voz lastimera: "

Escudándonos en la ley, los fotoperiodistas y paparazzi cometemos todo tipo de atropellos

Por favor, ya tenéis bastantes fotos... Dejadnos un poco en paz. Esta situación nos da un poco de apuro."

Mi colega y yo bajamos la cámara y proseguimos nuestro camino. Ya habíamos hecho una foto y atendimos al ruego -razonable y muy legítimo- de la modelo. El resto de fotógrafos, todos ellos de revistas del corazón, ignoraron la queja y siguieron dándole cera hasta que les perdimos de vista.

Dos días más tarde, otro compañero me contaba una situación similar. Él, fotógrafo de un diario, se cruzó con cierta mujer en la misma feria, al parecer un personaje de cierta relevancia. Se acercó y se presentó. "Hola, soy fulanito, trabajo para el diario tal y estoy cubriendo la feria. ¿Me permite usted que le haga un par de fotos mientras mira los cuadros?" La interpelada aceptó, y al despedirse le dio las gracias al fotógrafo por pedir permiso.

Un tercer compañero, comentando este caso, nos habló de una reciente entrevista que le hizo a un destacadísimo futbolista, perseguido hoy también por la prensa del corazón. El jugador se quejaba: "No puedo salir a comprar, no puedo salir a tomar algo, no puedo salir a hacer nada. Están los coches a todas horas en mi casa y cualquiera que quiera robarme sólo tiene que ver si están los paparazzi en la puerta para deducir si estoy o no en casa."

Son tres ejemplos que ilustran eso que suele decirse de dar la mano y tomarse el brazo. Comentábamos recientemente entre fotoperiodistas que habría que regular todo este tinglado, pero nadie sabía cómo. La ley que rige ahora este sector no es mala, pero sin embargo es pervertida por muchos fotógrafos -o más bien por los que les mandan- en beneficio propio.

No sólo los paparazzi están libres de culpa: tampoco nos libramos los fotógrafos que vivimos de la llamada "prensa seria". Espectáculos como el de la llegada a los juzgados de Marta Domínguez, el brutal seguimiento a los implicados en el caso Mari Luz o los acosos -podría endulzar el nombre, pero no dejaría de ser acoso- que perpetramos a las puertas de la Audiencia Nacional son de auténtica vergüenza.

Regular la fotografía en la calle sería un duro golpe para los miles (¿millones?) de aficionados a esto de darle al obturador

La ley que citaba más arriba dice, grosso modo, que en la calle todo es fotografiable, que para eso es la calle. Y es una ley que me gusta. Lo que ocurre es que, escudándose en ella, se cometen todo tipo de atropellos que dejan la ética periodística por el suelo. Y de la educación ya ni hablamos.

Reconozcámoslo: no hay regulación posible. Ya lo intentaron en su momento y no coló. Y lo cierto es que me alegro, porque regular la fotografía en la calle sería un duro golpe para los miles (¿millones?) de aficionados a esto de darle al obturador, que tendríamos que andar pidiendo permisos y absteniéndonos de inmortalizar con la cámara incontables escenas. Y de eso nos aprovechamos sacando a pasear la manida frase de "mejor pedir perdón que pedir permiso".

Lo que más me molesta de todo es que hoy mismo seré el primero en ignorar mi propia soflama: haré guardia en la Audiencia Nacional y me liaré a empujones, y mañana me encontraré con algún político y le seguiré hasta que le pille. Poderoso caballero es don dinero, que me hace perder la memoria tan rápidamente.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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