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El paisaje astronómico: fotografiando el cielo estrellado (primera parte)

 
20
MAY 2010

Después del crepúsculo la naturaleza puede seguirnos sorprendiendo con las sutiles luces que nos llegan del cosmos. La fotografía de paisaje astronómico pretende capturar la magia de esas luces para integrarla con los paisajes cotidianos de la Tierra. A pesar de sus innegables complicaciones técnicas, la astrofotografía llega con la promesa de hacernos pasar horas inolvidables.

Cuando llega la noche incluso los más apasionados fotógrafos -sean éstos aficionados o profesionales- suelen guardar sus cámaras. Como mucho, se atreven a fotografiar monumentos o calles iluminadas en las ciudades. Esto es hasta cierto punto lógico. Al fin y al cabo, fotografiar es dibujar con luz, ¿y qué luz natural puede haber tras la puesta de sol?

En realidad, hay muchas: además de nuestro propio sol, en el universo hay millones de soles, nebulosas incandescentes y extrañas luces que reflejan el zodíaco. Estas luces proceden de lugares muy lejanos y por tanto son muy tenues, pero si las consideramos conjuntamente pueden ser un motivo muy interesante para nuestra cámara.

La cabellera del Fitz Roy. | Foto: Jordi Busqué

Nos adentramos en la dimensión del paisaje astronómico. Tengan cuidado: si consiguen superar la barrera de las dificultades técnicas, es posible que ya de por vida se hagan adictos a este nuevo y apasionante tipo de fotografía.

La importancia del cielo estrellado
En la actualidad, son relativamente pocas las personas que saben en qué fase está la Luna o si Cignus ya es visible, pero durante la mayor parte de la historia de la especie humana -y en todas las culturas- conocer el cielo estrellado ha sido muy importante desde un punto de vista absolutamente práctico.

En el antiguo Egipto, por ejemplo, desde el faraón hasta el más humilde de los agricultores, cada noche todos miraban al cielo esperando la primera aparición de Sirio después haber sido invisible durante meses. Y es que esta estrella anticipaba nada menos que la crecida anual del Nilo, un fenómeno fundamental para su agricultura. Si ahora el calendario de papel nos parece algo trivial, no debemos olvidar que las estrellas fueron el primero de los calendarios.

Cactos y estrellas en el altiplano andino | Foto: Jordi Busqué

Las estrellas también pueden usarse como reloj, y aunque se requiere de algo de práctica para poder saber la hora contemplándolas, basta con algunas noches de observación para poder tener una cierta consciencia del paso del tiempo.

La literatura nos ha dejado muchas referencias acerca de esto. Sancho Panza, por ejemplo, se refiere a la posición de la Osa Menor para indicar la hora. En otro ejemplo célebre, Safo de Lesbos decía en uno de sus poemas:

Se han puesto la luna y las Pléyades
ya es media noche
las horas avanzan
pero yo duermo sola.

Casi podemos imaginar a Safo revolviéndose en la soledad de su cama mientras las estrellas parecían moverse con lentitud exasperante.

Júpiter, el dios del rayo, junto a una tormenta de verano. | Foto: Manel Soria

Además de sus usos prácticos, el cielo ha sido una importante fuente de inspiración para la mitología. En el mundo clásico, incluso en la misma Atenas, la oscuridad debía ser casi completa durante las noches, y la contemplación de las constelaciones acompañada de la voz de un narrador que noche tras noche contaba las tareas de Hércules o la historia del rey Cefeo y su esposa Casiopea debía ser un entretenimiento habitual para casi todo el mundo. Las estrellas eran parte muy importante de la vida cotidiana hasta hace poco más de un siglo.

El paisaje astronómico
Pero la modernidad, con sus cantos de sirena de iluminaciones deslumbrantes en las ciudades y con la televisión como sustituto de los espectáculos del cielo, ha apartado completamente a las estrellas de nuestra vida urbana. Ya no nos sirven ni como reloj, ni como calendario... ni tampoco como fuente de entretenimiento.

No obstante, si vamos al campo de noche, actividad muy recomendable sobre todo ahora que llega el verano, rápidamente recordaremos que las estrellas siguen brillando con la misma intensidad de siempre. Son luces débiles, cierto, pero no lo suficiente para que escapen a los sensores ultrasensibles de la mayoría de cámaras digitales actuales o a una larga exposición con cámaras relativamente antiguas.

Acampando en la Patagonia bajo las estrellas. | Foto: Jordi Busqué

Cuando pensamos en imágenes del universo, en seguida nos vienen a la memoria las espectaculares astrofotografías realizadas por observatorios profesionales o por los telescopios en órbita alrededor de nuestro planeta.

Son imágenes de objetos llenos de color y formas inimaginables por el mejor de los pintores, pero también difíciles de comprender o asimilar por el profano. Casi siempre se trata de regiones minúsculas del cielo que nuestros ojos no pueden ver y que se presentan aisladas, sin ninguna posibilidad de compararlas con objetos terrestres que nos sean bien conocidos.

Por el contrario, la disciplina del paisaje astronómico pretende integrar en una misma imagen los cielos estrellados y objetos mucho más próximos, tanto por su distancia como por la experiencia cotidiana que tenemos de ellos.

La Vía Láctea sobre los moáis de la Isla de Pascua. | Foto: Manel Soria

De esta forma, fotografiando grandes zonas del cielo, como las que pueden ver nuestros ojos desnudos, y situándolas junto a árboles, monumentos prehistóricos o montañas, aportamos lo que los fotógrafos americanos llaman "sense of place", es decir, sentido del lugar donde parecen estar y de cuál es la escala de los cuerpos celestes tal y como los ven nuestros ojos.

Trazas de estrellas en el Pirineo aragonés. | Foto: Manel Soria

Con el paisaje astronómico, nuestra intención es recuperar la noción de que los fenómenos celestes son un elemento esencial en el paisaje y que están esperando a ser integrados como un motivo más en la fotografía de naturaleza.

Ésta es la primera parte de una entrega sobre astrofotografía. Haz clic aquí para acceder a la segunda y última parte.

Jordi Busqué (astrofísico y fotógrafo profesional) y Manel Soria (doctor en ciencias y fotógrafo) imparten el Taller de Fotografía de Paisaje Astronómico los próximos días 18, 19 y 20 de junio en Vacarisses, localidad cercana a Barcelona. Haz clic en la siguiente imagen para obtener más información sobre este taller y reservar una plaza en él:

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Con texto fotográfico
Jordi Busqué
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