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EN MEMORIA

Paco Elvira, "on my way"

 
8
ABR 2013

En nuestra sociedad se ha instalado la tradición de hablar bien de las personas cuando éstas han fallecido, aunque ello no significa necesariamente que en vida las hayamos tratado bien. Esta hipócrita costumbre enturbia el escenario cuando uno quiere, con sinceridad, hablar bien de alguien que se lo merece, que se ha ganado la estima y el respeto de todos los que lo han tratado. Si los que nos hemos relacionado con Paco Elvira tuviéramos que elaborar un "top ten" de las mejores personas que hemos conocido, sin duda Paco estaría en lo más alto. Y esto le encantaría, porque era un adicto a los "rankings".

Del Paco Elvira fotógrafo y su ingente trabajo nos podemos informar con facilidad, así que intentaré centrarme en la continua presencia de Paco en mi camino.

Me resulta difícil recordar el día que le conocí, ya que fue una época de importantes cambios, de muchas y nuevas relaciones personales. Pero fue a través de amigos comunes a principios de los años 70, cuando todo apuntaba a que una nueva era estaba a la vuelta de la esquina. Yo tenía poco más de 20 años.

Paco, estudiante de Económicas, fotografió en 1971 las cargas policiales en la facultad a raíz del concierto de Pete Seeger. Esto fue el principio no sólo de su carrera fotográfica, sino también de su compromiso social. En 1973, cuando me tocó cumplir con el servicio militar, me fui (en realidad me llevaron) a Mallorca, y Paco empezó a forjar su leyenda entre nosotros.

"Paco vendió su Seat 600 con el que iba a la facultad para financiar su primer viaje a Irlanda del Norte cuando todos estábamos ahorrando para comprar nuestro primer coche"

Vendió su Seat 600 con el que iba a la facultad para financiar su primer viaje a Irlanda del Norte, el primero de sus reportajes en una zona de conflicto. Cuando todos estábamos ahorrando para comprar nuestro primer coche, va Paco y se vende el suyo. !Qué tío! Este acto provocó en muchos de nosotros una mezcla de envidia y admiración, cosa que aumentó el interés por estar cerca de "nuestro" héroe.

En 1975, ya con Franco muerto, montamos Joan Fontcuberta y yo un estudio en la plaza Tetuán de Barcelona. Ahí nos convertimos nosotros en la envidia del resto de colegas, ya que era un pequeño lujo disponer de un espacio donde trabajar y conspirar que no fuera en casa de los padres. El estudio se convirtió en un pequeño centro de reunión de progres, peludos y barbudos con ganas de cambiar el mundo. Por cierto, el nombre del estudio era "Nyaca" y el logo "institucional" consistía en un texto cuya tipografía se levantaba al final, bajo la "c" y la "a", y soltaba una ventosidad. El logo fue realizado por una incipiente diseñadora que ahora goza de fama internacional. Se trataba de ir contra casi todo.

Volviendo a Paco, en nuestro estudio se organizaron diferentes actividades fotográficas ligadas a la Transición en Cataluña. Una de ellas fue organizar un nutrido grupo de fotógrafos para documentar la gran manifestación del 11 de septiembre de 1976 en Sant Boi de Llobregat, ya que se prohibió hacerla en Barcelona. Cuando hicimos la selección de las fotografías con el fin de editar un libro, recuerdo especialmente las de Paco y las de Carlos Bosch. Las suyas eran "distintas". Algunos ya habían fotografiado las duras cargas policiales de las manifestaciones de la "Llibertat, Amnistia i Estatut d'Autonomia" en el Passeig de Gràcia de Barcelona en febrero del 76. De ahí nos quedan las imágenes icónicas de Manel Armengol.

También en esta época tuvimos la oportunidad de estar en contacto durante el breve periodo en el que colaboré como fotoperiodista (pipiolo) con la revista Primera Plana, que si la memoria no me falla fue la primera revista del grupo Zeta antes de la creación de Interviú, en 1976.

Paco siempre estaba. Ya en aquella época su actitud modesta, su cara de buen chico que nunca ha roto un plato y sus notables fotografías hacían de él alguien que siempre apetecía tener al lado en cualquier cosa que se pretendiera organizar. Aportaba serenidad, confianza, buenas fotos y una cultura visual que pocos teníamos.

"Su actitud modesta, su cara de buen chico que nunca ha roto un plato y sus notables fotografías hacían de él alguien que siempre apetecía tener al lado"

Hay que señalar que, entre otras cosas, Paco contribuyó a que muchos empezáramos a constituir (por envidia, todo hay que decirlo) nuestra biblioteca de libros de fotografía. A algunos les sorprendía que "gastara" tanto dinero en libros. Su capacidad para desenvolverse en inglés le daba una cierta ventaja sobre los que, con suerte, habíamos estudiado francés. (Su afición por lo anglosajón es el motivo de que el título de este texto sea en inglés. Seguro que a Paco le hubiera gustado el guiño.)

Después vino su etapa de trabajo de investigación periodística en Interviú sobre temas delicados y arriesgados con Xavier Vinader, de quien siempre hablaba maravillas. Ésta fue probablemente la etapa en que menos nos vimos. Yo le seguía a través de sus reportajes, y cuando coincidíamos siempre era una pequeña alegría.

A medida que pasaban los años Paco afianzó su carrera y combinó sus reportajes periodísticos con una especialidad que pocos conocíamos: la fotografía de viajes. Si bien los espectaculares reportajes de National Geographic eran conocidos por todos, no teníamos asimilada la idea que se podía vivir de viajar a destinos turísticos (aunque sería más apropiado decir viajar para fotografiar).

Sus publicaciones en la entonces prestigiosa revista Ronda Iberia eran la envida y admiración de mucha gente. Producía un cierto orgullo subir a un avión de Iberia y toparse con un reportaje de Paco. Daban ganas de decirle al vecino de asiento: "Mire, el fotógrafo que ha realizado estas magníficas fotografías es amigo mío."

También vino la Primavera Fotográfica, fundada en 1982. Ahí Paco siempre estuvo presente, pero no como protagonista, sino más bien en la retaguardia. Él estaba enfrascado en sus reportajes, pero contábamos con su apoyo y procuraba no faltar a los distintos eventos que se organizaban.

Años después tuve la oportunidad de "ficharlo" como profesor de fotografía de reportaje en la escuela IDEP de Barcelona. Él ya estaba dando clases en la Universitat Autònoma, pero aceptó entrar a formar parte del equipo docente de IDEP. Como era de esperar, su actitud como profesor era una proyección de lo que era como persona: paciente, empático, educado y entusiasta con los jóvenes fotógrafos.

Después de 31 años en IDEP, buena parte de ellos como responsable del departamento de fotografía, puedo afirmar que Paco es probablemente el profesor que menos trabajo me dio. Siempre puntual y con sus clases preparadas. Si tenía un viaje en perspectiva, avisaba con antelación. No le recuerdo una ausencia no prevista. Era tan cumplidor que pasaba desapercibido, no había que preocuparse por él. Saber explicarse en clase también era otra de sus grandes cualidades. Paco era muchas cosas, pero sin duda llevaba la docencia en las venas. Una vez más, Paco estaría en la cima del "ranking", en este caso de los buenos profesores.

Foto: Núria Gras (Quesabesde)
Paco Elvira, durante la presentación del calendario solidario de 2012 del InOut Hostel.

Entre las paredes de IDEP también nació un estrecho vínculo entre Paco y una de nuestras alumnas, Fiona. A Fiona se la llevó una cruel enfermedad cuando aún era demasiado joven. Desde el principio Paco lideró los apoyos que ella recibió del mundo de la fotografía, cuando era tan sólo una incipiente estudiante. Paco estuvo con ella en múltiples ocasiones, consolándola y animándola. Incluso la fotografió en el hospital antes de entrar en el quirófano por última vez. También acompañó a la familia a esparcir sus cenizas en la montaña y plantar un árbol en su memoria. Paco era capaz de ampliar constantemente su círculo de amigos entrañables.

Fueron incontables las ocasiones en las que Paco asomaba la cabeza por la puerta de mi despacho para saludar antes de entrar en clase. Siempre con aquella media sonrisa amable y cara de decir: "Vengo a saludarte y me sabe mal molestar o interrumpir."

No fueron muchas las ocasiones en las que Paco venía con la necesidad de hablar de sus cosas personales o íntimas, pero recuerdo dos periodos (no muy distanciados en el tiempo) en los que se le veía desbordado.

El primero fue durante su divorcio, un hecho que vivió de forma traumática. Supongo que pensó que mi amplia experiencia en este terreno podría servirle de consuelo. El segundo fue la angustia que le provocaba gestionar la adolescencia de Andrea. Se esforzaba en encontrar la forma de hacer feliz a su hija y no dejar de inculcarle valores y normas de comportamiento. No sabía muy bien cómo lidiar con una mujer en formación. Fueron días de largas charlas y confidencias mutuas, sentados en mi despacho de IDEP.

Estos días me he arrepentido innumerables veces de no haber aprovechado más (aún más) el haber tenido a Paco durante tantos años a mi alrededor. La lista de cosas que podría haber hecho con él y no hice se me hace interminable. Así como las cosas que debería haberle dicho y no dije. A veces para no molestarlo, otras veces por cobardía.

La semana pasada Pepe Encinas, uno de sus grandes amigos (fue al Garraf para localizarle junto a Eva, Andrea y Albert), me preguntó: "¿Tú saliste con él algún día a avistar pájaros?". La respuesta fue "no", y en ese momento fui consciente de las muchas cosas que nos han quedado pendientes, que ya no podremos hacer juntos.

Con Nuri, mi esposa, teníamos planeado invitarle en las próximas semanas a La Magistral a una sesión de cocina. Un mano a mano entre Paco y Nuri (dos grandes en la cocina) con el fin de que sirviera tanto para su blog como para el nuestro. Una especie de duelo culinario del que yo, y probablemente Eva, hubiéramos sido los claros beneficiarios. Otra cosa más para la interminable lista: Paco nos ayudó en los comienzos de La Magistral dando publicidad del proyecto en su blog y pudimos contar con su presencia en un par de talleres.

"Su actitud como profesor era una proyección de lo que era como persona: paciente, empático, educado y entusiasta con los jóvenes fotógrafos"

La figura y humanidad de Paco nos acompañarán siempre, pero lo echaremos de menos de forma cruel. Ya tengo mono de sus entradas en el blog. En mi correo tengo contabilizadas 323 entradas en el 2012 y 79 en los tres meses de 2012. !Imparable!

Echaremos de menos su tímida sonrisa, su discreción, incluso su actitud presumida pero llena de modestia cuando comentaba lo bien que le iba la bicicleta (el Bicing) para mantenerse en forma y desplazarse por Barcelona o sus sesiones de gimnasio. O su contenido orgullo cuando contaba las miles de visitas en su blog o las miles de veces que había sido "retwitteado", siempre con su tono y actitud humilde.

También echaremos de menos las pequeñas contradicciones que lo hacían aún más entrañable, como reconocer que le gustaba el buen vino y que debería moderarse un poco más una vez abierta la botella. O cuando decía que le gustaba "comer sano" pero no tenía en cuenta el origen de la materia prima de su plato. Inevitablemente me salía un "hòstia, Paco, no fotis!"

El paso del analógico al digital no le fue fácil, pero se adaptó muy bien. Aún recuerdo que fue uno de los últimos profesores en abandonar las diapositivas en las proyecciones en clase. Cuando en IDEP todos utilizábamos el ordenador y el videoproyector, en las clases de Paco había que montar el carrusel de Kodak con bandejas para 80 diapositivas. Le había dicho en muchas ocasiones: "¿Paco, quieres que te escaneemos las diapositivas?" Él, un tanto ruborizado, respondía: "No, no... así ya me va bien." Hasta que un buen día decidió hacer el cambio. Desde entonces, poco a poco, con mucho esfuerzo y la ayuda de un buen puñado de amigos, se convirtió en el líder de las redes sociales en el ámbito fotográfico.

La presencia de Paco en mi camino ha sido tan constante como natural, de esas que notas su importancia cuando las pierdes. La última parece casi de película, como su trágica muerte en La Falconera, uno de los escenarios de su novela "Un día de mayo" (que me acompaña, dedicada por Paco, junto al ordenador mientras escribo).

La pasada fue una semana difícil. Empezó el domingo con un mensaje de un amigo común preguntándonos sobre el paradero de Paco. Después vimos el post de Eva Huarte en Facebook. Eva, con quien Paco había decidido unir su vida recientemente, estaba angustiada por su ausencia. Nos acostamos con el corazón encogido: esto no encajaba con el talante de Paco.

El lunes por la mañana, poco después de las ocho, llamé a Andrea, la hija de Paco. Me confirmó que no había noticias de él y que estaban desesperados. La policía no actuaba (no habían pasado las 48 horas de rigor) y se iban pasando la pelota entre el juzgado y los Mossos d'Esquadra. Llamé al teléfono de Paco y daba señal de que estaba operativo y con el buzón de voz lleno.

Decidimos saltarnos las vías oficiales y pedimos la colaboración de un amigo que trabaja en Movistar. Le di el número de Paco y me dijo que, a pesar de ser festivo, haría lo posible por localizarle. A los pocos minutos me dijo que el móvil estaba en la zona de Sitges y Garraf. Llamé a Andrea para decírselo cuando ella, junto con Eva, Albert Cañagueral y Pepe Encinas, estaban saliendo ya hacia el Garraf. Si estaba en el Garraf había muchas posibilidades de que fuera en La Falconera.

Hablé con Andrea cuando estaban llegando al Garraf. Me dijo que, por fin, los "mossos" se habían puesto en marcha y que en breve acudirían.

"Probablemente ver a esa multitud que acudió a su funeral hubiera ruborizado e incomodado a Paco, se hubiera sentido responsable de 'molestar' a tantas personas"

Cuando al cabo de unos minutos recibí el mapa con la localización exacta del móvil e iba a llamar a Andrea sonó mi teléfono: Pepe me confirmó que habían encontrado el cuerpo de Paco. Se había despeñado el sábado por un barranco de unos 80 metros de altura. No puedo ni imaginar el dolor de Andrea y Eva en aquel momento.

El pasado jueves tuvo lugar el funeral. Una ceremonia que no estoy seguro de que hubiera gustado a Paco. Afortunadamente Pepe Encinas se ocupó de poner el amor y la sensibilidad que el acto necesitaba. Probablemente ver a esa multitud hubiera ruborizado e incomodado a Paco, se hubiera sentido responsable de "molestar" a tantas personas. La cantidad de amigos y conocidos que acudieron fue espectacular: más de 600 personas aplaudieron cuando el féretro fue retirado.

Durante la ceremonia noté cómo el teléfono vibraba en mi bolsillo varias veces avisando de la entrada de nuevos mensajes.

Cuando estábamos ya en el autobús, de vuelta a casa, decidí consultar los mensajes. La sorpresa mayúscula fue encontrarme con un correo de una prestigiosa editorial con la que Paco editó sus últimos libros que me anunciaba la inminente publicación de un libro de fotografías sobre Barcelona comisariado por Paco Elvira. Me decían que Paco me había incluido en la selección de fotógrafos. Paco había entregado la lista justo antes de Semana Santa.

Escribo estas líneas el sábado, justo una semana después de su desaparición, y no por ninguna razón especial más que porque hasta ahora no he sido capaz de hacerlo. Otros amigos y colegas han sabido reaccionar antes y durante estos días han escrito textos maravillosos sobre Paco.

Mientras escribo me llega la noticia de la muerte de Bigas Luna. En el telediario de TV3 han dado la información en portada, con conexiones en directo desde su casa y declaraciones del "conseller" de Cultura, a quien no recuerdo haber visto en el funeral de Paco.

La incultura, desinformación y menosprecio de nuestras autoridades e instituciones hacia la fotografía y los fotógrafos del país es tan enorme que también podría liderar el "ranking" de la incompetencia e ineptitud. Paco lo diría de forma educada, sin levantar la voz, y lo pondría en una de sus gráficas, donde se vería aún más claro. Siempre tan didáctico.

Paco, como ves, has estado ahí, casi siempre presente, incluso después de tu funeral. Ahora te toca a ti dejarnos que te echemos de menos. Hasta el final de nuestros días.

Manel Úbeda es fotógrafo, profesor de fotografía y codirector de La Magistral.

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