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Con texto fotográfico

"Lo que más me anima a hacer reportajes son esas cosas que no puedo llegar a entender" Oriol Segon

 
Foto: Oriol Segon
12
SEP 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Se hace difícil encontrar en nuestro imaginario colectivo un adolescente blanco vestido de militar y empuñando un arma automática. Esto es precisamente lo que Oriol Segon muestra con acierto en su reportaje sobre un campamento militar en Hungría, donde quienes manejan el AK-47 no son niños africanos sino europeos. El fotoperiodista catalán pasó una semana documentando el verdadero trasfondo del campamento, donde bajo una estricta disciplina castrense los chavales dejan de ser niños para convertirse -por la fuerza- en adultos.

Oriol Segon

Me planteé documentar fotográficamente los campamentos para niños y adolescentes después de quedar impresionado por el trabajo de Fabrice Dimier, de la agencia Libre Arbitre, sobre un campamento militar en Rusia. De alguna manera las imágenes que vi me llegaron tanto que me despertaron las ganas de transmitir también en imágenes mi punto de vista sobre el tema.

Empecé a documentarme acerca de campamentos militares para niños en Europa y descubrí uno en Hungría. Más tarde supe que el húngaro Arpad Kurucz ya había fotografiado en este mismo campamento. Incluso había sido premiado, pero eso no me frenó. De hecho le escribí, y me pasó el contacto del responsable del campo.

Yo pensaba que sería un tema bastante candente y polémico, y que sería bastante difícil a fotografiarlo, pero me dieron cancha para hacer el reportaje. Había ciertas dificultades, como tratar de ser lo más invisible posible para los chavales y sobre todo para los militares que hacían la formación. Pero si cumplía algunos códigos, podría realizarlo de forma sencilla.

A partir de ahí ya fue un poco el instinto. Había algo ahí que me conmovía, algo que no sé definir. Me di cuenta de que lo que más me anima a hacer reportajes son esas cosas que no puedo llegar a entender: ¿cómo unos padres pueden llevar a un niño a un campamento militar donde bajo mi punto de vista, muy subjetivo, le van a castrar parcialmente las emociones y la sensibilidad?

Quise documentarlo de una forma muy narrativa, pero dando también importancia a las emociones que podían sentir los chavales. Se trataba de mostrar cómo vivían esa transición de una semana, qué cambios sufrían. Uno de los cambios que observé fue el de un chico que los primeros días lo pasó muy mal y era muy vulnerable, sobre todo a las órdenes de los militares. Poco a poco fue ganando poder, hasta creérselo de tal forma que al final era él quien reproducía el rol de agresor hacia los otros. Fui testigo de este cambio en el que el más vulnerable podía llegar a ser el más incisivo.

Normalmente suelen estar una semana, algunos un poco más o vuelven de nuevo. Conviví una semana entera con ellos. En esta foto estábamos ya en los últimos días, hacia el final del entrenamiento. Ya habían recibido formación de armas, utilizaban munición de fogueo, les habían dado el casco y les habían instruido en la marcha militar. Justo en el momento de la foto se preparaban para simular un combate.

La foto expresa muy bien lo que representa este reportaje. Por un lado el rostro de una cara europea, caucásica con el arma. Esto es un contraste que no estamos acostumbrados a ver. En nuestra iconografía está la imagen del niño africano, pero tenía ganas de provocar un poco con este contraste. Además aquí se ve que es un niño, que el casco le queda grande, que el arma le viene enorme y de alguna forma tiene un rol entre poderoso y vulnerable al mismo tiempo. Esta fotografía representa la transición entre el niño interior y el hombre que pide la sociedad, en este caso la húngara, que por lo poco que conozco es bastante militarista.

Para este reportaje tenía claro que la intencionalidad era subjetiva. Lo que me llevaba allí era precisamente el contraste de ver niños europeos en un campamento militar. Aun así traté de no documentar superficialmente el tema representando también los puntos humanos que había allí y dejé de lado algunos prejuicios. La idea era combinar subjetividad y objetividad.

Aunque allí ni se dormía ni se comía en las mejores condiciones, para mí lo complicado fue el hecho de estar en un entorno militarizado. De alguna forma no podía ser yo mismo, no podía dejar entrever mi desconfianza acerca del autoritarismo y la disciplina militar si quería seguir adelante con el proyecto. Me hubiera gustado acompañar a algunos niños cuando les venía el bajón y querían volver con sus familias. Definitivamente las emociones estaban poco permitidas en el campamento.

Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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