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OpiniónEnfoque diferencial

La baza definitiva

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ENE 2016

Nikon ha conseguido precisamente lo que quería evitar. El ISO de 3 millones del que tanto presume la marca amarilla en los folletos de su flamante D5 no es más que marketing. Pero a estas alturas ya sabemos que en cualquier cámara el último -tal vez los dos últimos o incluso más- pasos de sensibilidad no son más que bravuconadas de cara a la galería. Habría sido una buena ocasión la de Las Vegas para callarnos a todos, pero por lo visto es mejor dejar que empiecen a filtrarse fotos de la pantalla de la cámara para que los que se temían lo peor den rienda suelta a sus verborreas.

Sin embargo, del nacimiento de las D5 y D500 me ha sorprendido, más allá de la sensibilidad, los comentarios que el público nikonista ha hecho sobre ellas. No por la cantidad de los mismos, sino por su contenido. Mientras que unos bendicen las novedades, otros las crucifican. Mientras que unos dan la bienvenida a la D500 al grito de “ya era hora”, otros la dan por enterrada suspirando “a buenas horas”.

Así, mientras unos se felicitan por la ingente ráfaga de hasta 14 fotogramas por segundo o la no menos contundente cifra de 153 puntos de enfoque, otros se rasgan las vestiduras afirmando que ni tantos cuadros por segundo eran necesarios y que para apiñar tanto los 153 puntos de enfoque habría bastado con la mitad. O menos. Eso por no hablar de los que suspiran por una nueva full-frame de gama media y se preguntan por qué una APS-C como la D500 precisamente ahora que Nikon había convencido a propios y extraños de que es mucho mejor el caballo grande.

Los profesionales no piden ni tantos megapíxeles ni tanta ráfaga ni tanto ISO, pero sí hay algo que que piden a gritos: un precio más bajo

Con unos Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina, los canonistas saben que tocan novedades de gama alta y confían en que la primavera les traiga buenas noticias con las que responder a los nikonistas profesionales, bastante crecidos -con razón, por otra parte- desde que Nikon enderezase el rumbo de la compañía con la D3.

Con la buena acogida que tuvo la EOS-1D X entre los profesionales, los seguidores de la marca roja confían en un tándem ganador en forma de EOS-1D X Mark II y EOS 5D Mark IV, cámaras que tendrían que estar a la altura de las circunstancias pero sin bajar al barro del ytumasismo que tanto nos gusta a los que vemos la pelea desde la barrera. No hay peor indicio que hacer del demérito del rival un mérito propio.

Ofrecer un producto primero siempre es un arma de doble filo. Lanzarse a los medios como la cámara con 3 millones ISO está bien, pero cuando las pruebas demuestren que esos 3 millones tienen un 50% de mentira y otro tanto de engaño, a Canon le bastará con ofrecer un 50.000 ISO limpio para esquivar el puñetazo nikonista. Si ambas marcas hubieran sacado el producto al mismo tiempo, el impacto de los grandes titulares habría sido contundente. Tres meses más tarde ya no lo va a ser.

No sé si lanzar las novedades de Canon -supuestas novedades, no lo olvidemos- en primavera es calendario previsto o adaptado, pero sin duda es una oportunidad de remontar en una carrera que, aunque ni mucho menos pierde, no está claro que lidere. Vengan las novedades que vengan y presente Canon lo que presente, de lo que no hay duda es que las grandes marcas del segmento profesional siguen enzarzadas en una dura pugna por tener los más contundentes atributos técnicos olvidando que hay una baza definitiva que sería muy inteligente jugar.

Hablo del precio. Con una inmensa mayoría de profesionales que no piden ni tantos megapíxeles ni tanta ráfaga ni tanto ISO, hay algo que sí se pide a gritos: un precio más bajo. Repetiré una y mil veces que no dudo que las nuevas SLR valgan 7.000 euros. Lo que sí dudo es cuántos de los que están dispuestos a pagarlos pueden hacerlo.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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