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OpiniónContando píxeles

¿Y tú de quién eres?

 
4
OCT 2010

Cualquiera que veranee en un pueblo seguro que ha tenido que enfrentarse más de una vez a esta metafísica cuestión. ¿Y tú de quién eres?, te preguntan aprovechando la hora de las cañas o al pasar frente a su improvisada atalaya en la calle principal, con las sillas situadas en la puerta de casa por aquello de aprovechar el frescor de las últimas horas de la tarde.

Aunque al principio la pregunta te pilla un poco desprevenido, pronto entiendes por dónde van los tiros. En realidad es muy sencillo, aunque un poco doloroso para los egos sensibles. Por sí solo uno no es nadie, así que la única forma de definirse es tirar del árbol familiar para explicar qué es lo que te une a ese rincón del mapa.

Cada vez que evidenciamos algo que no gusta a los usuarios de alguna firma, llega el aluvión de críticas en forma de "se os ve el plumero"

En cualquier pueblo que se precie, el nombre es un dato secundario. Lo que importa es si uno es el hijo o nieto de fulanito, el novio de la hija de mengano o el primo de la sobrina del cura. Que ya se sabe que eso también pasa mucho.

Así que no es de extrañar que tras casi diez años pasando los veranos en los confines de Extremadura con la cámara casi siempre encima, uno ni siquiera haya conseguido ganarse una entidad propia como "el fotógrafo". Ah, sí, el de la hija mayor del hijo del que fue cartero. Sí, hombre, que es de Bilbao pero ahora viven en Barcelona. En ese plan es el DNI en muchos pueblos.

Curiosamente, en este sector con el que nos ha toca lidiar -el fotográfico- ocurre algo parecido. Y no sólo entre los usuarios que deciden vincular su amor eterno a tal o cual marca, sino también entre quienes piensan que esa práctica se extiende también a los periodistas -o similares- del segmento.

Recuerdo que hace ya unos cuantos años, en una feria PMA de Las Vegas, nos reconoció un lector de Sudamérica mientras en mitad de la feria grabábamos uno de esos interesantísimos vídeos que solemos hacer.

¿Sois los de quesabesdé, no?, nos preguntó tras observarnos durante unos segundos e identificar nuestro inconfundible y atractivo perfil. Tras la emoción inicial de aquel reconocimiento internacional -éramos jóvenes y todavía no se había creado ningún club de alocadas fans-, nuestro nuevo amigo se nos quedó mirando seriamente y nos soltó algo así como: pero en realidad... ¿vosotros de quiénes sois?

En parte pagamos los platos rotos de un sector que, como tantos otros, ha ido asumiendo con naturalidad prácticas inadmisibles

En este caso, lógicamente, no le interesaban nuestras raíces familiares, sino descubrir a qué compañía del sector habíamos vendido o alquilado nuestra alma.

Aunque le explicamos por activa y por pasiva que no nos casábamos con nadie porque así podíamos llevarnos mal con todas las firmas a la vez y ser insultados simultáneamente por los usuarios de cualquier cámara, creo que no llegamos a convencerle del todo.

Esta entrañable historia me viene a la cabeza cada vez que, tras criticar o aplaudir algún modelo, realizar una comparativa, publicar una entrevista controvertida o, sencillamente, evidenciar algo que no gusta a los usuarios de alguna firma o a la propia compañía, llega el aluvión de críticas en forma de "se os ve el plumero".

En realidad, el asunto es casi tan cansino como divertido. Aunque somos relativamente jóvenes en el oficio, con los años hemos conseguido labrarnos una estupenda fama bipolar que nos permite ser a la vez unos esbirros de Olympus, Nikon y Canon -el orden y la intensidad varía según a quién se le pregunte- y odiar sin tapujos y de forma despiadada a Sony, Olympus y Canon.

Nuestra credibilidad e hipoteca dependen de no tomar el pelo a los usuarios que se pasan por aquí cuando toca renovar la cámara o estar al día del último culebrón del sector

Supongo que en parte pagamos los platos rotos de un sector que, como tantos otros, ha ido asumiendo con naturalidad prácticas inadmisibles: premios que dan tanta risa como vergüenza ajena, especialistas que siempre barren para la misma casa, fotógrafos profesionales que hoy recomiendan la marca A y mañana la critican mientras lucen una cámara B al cuello, bloggers entusiastas a los que les gusta absolutamente todo lo que les dejan probar, compañías que crean medios de comunicación expresamente para que les hagan la ola, campañas de publicidad que desaparecen tras ponerle los puntos sobre las íes a alguna cámara que lo merecía...

Pero no, oiga, en serio, que nuestra credibilidad, reputación e hipoteca dependen de no tomar el pelo a los usuarios que se pasan por aquí cuando toca renovar la cámara, ampliar el equipo o simplemente estar al día del último culebrón del sector.

Sí, ya, eso se lo dirás tú a todas. Que os tenemos muy calados, malditos Cakonympistaxeros, pensarán los de siempre.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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