• El precio de las cosas
  • Fotografía, sí, pero no a cualquier precio
OpiniónEnfoque diferencial

El virus

 
27
MAY 2013

Hace un tiempo el propietario de un envidiable escenario me ofreció la posibilidad de tomar algunas fotos en él con la excusa de promocionar esos maravillosos fondos para posteriores producciones. Dos amables modelos aceptaron formar parte de la producción, y es que en pocas ocasiones podrían aparecer posando en un entorno como aquel. No había dinero de por medio, sino una promoción para el lugar y fotos gratis para los participantes. El único que ganaba, por así decirlo, era el fotógrafo, que ofrecería esas imágenes a una publicación (en este caso por dinero, sí).

Se hicieron las fotos, y según lo acordado se cedieron a los interesados para su uso y disfrute. Tal como era previsible, éstas fueron compartidas en las redes sociales no sin bastante éxito. Cuando casi estaba yo -como quien dice- a punto de compartirlas también en mis círculos, desde la mencionada publicación me informaron de que estaban interesados en ellas. Así que me tuve que contener y esperar. Y esperar.

Me ha infectado un virus que está atacando fuertemente a los fotoperiodistas: preocupa más presumir que informar

Acostumbrado al fotoperiodismo del día a día, en el que una imagen caduca en cuestión de horas y la información vieja es la de ayer, no poder enseñar las imágenes me causó cierta inquietud. ¿Podría el mundo sobrevivir sin ver esas fotos? ¿Podría mi ego aguantar tanto tiempo sin recibir las palmaditas de todas las semanas, sin digerir el semanal lote de "me gustas" que tanto lo engorda?

Veo en los perfiles de mis colegas de profesión muchas galerías con sus portadas, recortes con sus publicaciones y reseñas de sus fotografías. Quién no presumiría de esos recortes si los tuviera. En este caso me pude contener, pero a duras penas. Me ha infectado un virus que está atacando fuertemente a los fotoperiodistas: preocupa más presumir que informar.

Las redes sociales son una poderosa herramienta con múltiples fines: permiten promocionar un trabajo, denunciar una injusticia y llegar -en resumen- mucho más lejos de lo que nunca pudimos soñar, pero también son un potenciador de nuestro ego y crean en nosotros una necesidad de mostrar y demostrar al mundo cuán grandes somos para -supongo- recibir esas palmaditas de las que hablaba antes.

Hay quien dice, claro, que el fotoperiodista tiene derecho a promocionarse y vender su trabajo como mejor considere. Por supuesto. Desgraciadamente en este mundo hasta los fotoperiodistas pagan facturas. Sin embargo, me pregunto si no estamos empezando a buscar las fotos por su impacto visual antes que por su valor informativo. Nos preocupa más el qué dirán que lo que nosotros, con nuestras fotos, tenemos que decir.

Pero no carguemos la culpa sólo a los fotógrafos. Aunque es cierto que todos tenemos nuestro ego -algunos más que otros-, este virus, la preferencia de la foto explosiva por encima de la foto informativa, se lleva macerando en el seno de las redacciones desde hace tiempo. Tal vez se empiece a notar ahora que las redes sociales nos permiten ver que la imagen más impactante no siempre es la más informativa.

Años atrás, preparando una información para QUESABESDE.COM, pregunté al jefe de fotografía de un importante diario español si publicaría una toma espectacular de una quema de coches aun cuando esa quema hubiese sido la excepción en una manifestación pacífica. Me dijo que sí, porque la fotografía tenía que ser informativa pero también llamativa.

En mi escuela a eso le llamaban morbo, y hoy día es con morbo con lo que ganamos premios, llenamos el muro de Facebook y conseguimos nuestras palmaditas.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar