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OpiniónEnfoque diferencial

El que no sabe y el que no quiere saber

 
13
ABR 2009

Estaba servidor hace unos días en un centro comercial de esos especializados en tecnología -y no soy tonto- haciendo cola para devolver un aparato que no funcionaba como debía. Justo delante tenía a un hombre de unos 40 años, impecablemente encorbatado y con una Nikon D40 entre las manos. Cotilla como pocos, pegué la oreja para ver qué problemas estaba dando la réflex nikonista.

El hombre encorbatado estaba ofuscado porque su "cámara de 400 euros" no funcionaba bien y era nueva. La pobre dependienta, que a saber qué formación fotográfica tenía, tampoco acertaba a decir más que "seguro que tiene usted razón".

Un cliente se quejaba porque en las fotos de su nueva réflex aparecían manchas: la clásica mota de polvo en el sensor

Al poco, llegó un dependiente de fotografía que luego resultó ser uno de los chicos que están en la tienda de copias fotográficas. Tampoco sabía qué demonios pasaba.

Siempre educado y sin perder la compostura, el joven dependiente le recomendó a nuestro hombre encorbatado enviar la cámara al servicio técnico -gratis, por supuesto- para que le echaran un vistazo. Más o menos en un mes estaría de vuelta.

No podía mas, así que avancé descaradamente hacia el mostrador para indagar sobre el asunto mientras tramitaban los papeles.

El hombre encorbatado, dirigiéndose ya más a mí que a sus otros interlocutores, contaba que la cámara tenía una mancha, mancha que siempre se veía en el mismo sitio, pero sólo -qué curioso- en las fotografías en que aparecía cielo. "Debe de ser algo del sensor, porque si hago fotos en interiores no se ve."

El problema, como muchos habrán podido adivinar, lo provocaba una simple mota de polvo en el sensor. Pero de eso el caballero no tenía ni idea. Cuando volví a casa, la conversación entre el hombre encorbatado y los amables dependientes retumbaba en mi cabeza.

¿Cuánto habría tardado nuestro hombre encorbatado en hallar una solución a su problema en Internet?

En estos momentos, servidor está pensando en renovar la moto. Pero puesto que lo único que sé de motos es conducirlas -y reconozco que no muy bien-, he utilizado la magia de Internet en general y de San Google en particular para arrojar un poco de luz a mis dudas.

Veinte minutos de búsqueda y ya sabía que el modelo que me gusta está disponible en tres colores, que probablemente cambiará de motor el próximo año, que los accesorios son caros y sólo valen los de la propia marca, que en cada cambio de aceite es recomendable cambiar el filtro y que de vez en cuando la moto da tirones al pasar por zonas de polvo.

¿Qué haré yo si, llegado el día, cruzo un camino de cabras y la moto da tirones? Nada, porque se ve que esto es habitual en ese modelo.

¿Cuánto habría tardado nuestro hombre encorbatado en escribir "manchas sensor cámara digital" en un buscador para obtener más de 10.000 resultados con alguna que otra solución a su problema? Nada, porque se ve que es mejor no molestarse en averiguar qué sucede y quejarse porque su "cámara de 400 euros" no funciona bien.

Aun así, lo que más me perturbó -permítanme la exageración- fue el insustancial -pero siempre amable- intento de ayuda del "chico de fotografía", como su propia compañera lo calificaba. Un mínimo conocimiento fotográfico habría ahorrado el cabreo y la decepción del cliente.

Un dependiente estuvo un buen rato señalándome las diferencias entre dos cámaras que en realidad eran un mismo modelo pero de distinto color

Pero no es culpa del dependiente. Hace algún tiempo realicé una investigación de campo sobre el nivel de preparación de los empleados de algunas tiendas especializadas, y menudo desastre.

Aunque es cierto que la mayoría estaban más o menos entrenados, algunas contestaciones fueron dignas de encuadernarse y venderse con lomo dorado.

Recuerdo a una chica que me advirtió de que si llenaba la tarjeta y no quería borrar las fotos tenía que comprar otra. Otro dependiente estuvo un buen rato señalándome las diferencias entre dos cámaras que en realidad eran un mismo modelo... pero de distinto color.

No es su culpa, insisto, sino de los responsables del establecimiento, que no ofrecen la formación necesaria a sus empleados. Y luego pasa lo que pasa, que se junta el hambre -un cliente con nula iniciativa para indagar por su cuenta- con las ganas de comer -un dependiente sin conocimientos.

El resultado, una más que probable devolución de la cámara tal y como salió de la cadena de montaje: impoluta. Créanme los más escépticos: buscar en Internet no hace daño.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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