• La segunda revolución digital
  • Es la presión
OpiniónEnfoque diferencial

Maestros

 
28
ENE 2013

Cuando estudiaba fotografía había dos opciones: cursar en una escuela o aprender uno mismo gastando un buen dinero en carretes, revelados y aspirinas para los dolores de cabeza que podía entrañar todo aquello. Eran tiempos en los que sólo tras muchos ágapes juntos -y no siempre sobrio- un fotógrafo se te abría y te desvelaba sus truquillos.

Aunque hablar ya de aquellos días sin Internet ni foros ni blogs es ponerse en plan abuelo cebolleta, lo cierto es que la mayoría de las veces uno veía una foto de esas que te dejan la boca abierta y no había forma de saber más sobre ella: ni cómo se hizo ni con qué equipo ni en qué circunstancias. Podías intentar imitarla, repetirla o incluso inspirarte en ella, pero la mayoría de las veces siempre faltaba ese detalle que hacía que tu foto no fuera esa foto.

Con el tiempo las cosas cambiaron, y muchos fotógrafos subidos ya a al carro digital compartían en sus páginas web pequeños consejos para llegar más lejos. Y empezaron a proliferar "workshops", talleres y conferencias de grandes maestros fotógrafos. Pagando, claro. Por mi trabajo he asistido a alguno -aunque admito que nunca he pagado nada- y debo decir que la tarifa establecida estaba más que justificada.

No hay que juzgar nunca un libro por su cubierta, una película por su reparto ni un taller por su profesor... al menos hasta que termine

Pero claro, en fotografía todo evoluciona cual Pokémon, y lo que en un primer momento era un más o menos inocente negocio donde una gran experiencia acumulada por unos era transmitida a otros a cambio de un puñado o un saco de euros, se convirtió en un nido de buitres aleteando sobre el vil metal.

¿Son todos los cursos un fraude? Ni mucho menos. En absoluto. Pero sí es cierto que hoy día prácticamente cualquiera organiza cursillos fotográficos. ¿Méritos? Tener una cámara y hacer fotos. No todos están preparados para dar clases, y mucho menos para condensar en unas horas enseñanzas que no se aprenden en un día. Algunos creen que la experiencia es suficiente, otros se creen con patente de corso para enseñar por el simple hecho de facturar como autónomos. Hay muchas "master class" que merecen la pena, pero también hay lugar para las grandes decepciones.

Enseñar requiere un método, no se puede hacer de cualquier manera. Hay que centrarse en lo importante, lograr que el alumno esté atento durante muchas horas, ser consciente de que lo que yo digo, que para mí es tan evidente, puede no serlo para el resto. Tener la certeza de que nadie abandona el aula con dudas. Y eso no lo hace todo el mundo.

¿Algún asistente a estos cursos en la sala? Permítanme la pregunta: ¿se han sentido engañados? Y aún más: ¿han tenido ocasión de comprobar su calidad con otro curso similar? Ésa es la clave.

Enseñar fotografía no es enseñar matemáticas. La imagen fija no es una ciencia exacta ni responde a la fórmula de dos y dos son cuatro. Es más, muchas de sus reglas están ahí sólo para ser rotas, y como en cualquier disciplina artística y creativa importa más el ojo que ve que el cerebro que decide.

Vayan a esos cursos, claro que sí, pero del mismo modo que no hay que juzgar nunca un libro por su cubierta ni una película por su reparto, tampoco hay que juzgar un taller por su profesor. Al menos hasta que termine.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar