• Es la presión
  • Sólo basura
OpiniónEnfoque diferencial

Sólo es una fotografía

 
11
MAR 2013

Cuando hace unas semanas perpetraba mi crónica sobre el salón de arte contemporáneo ARCOmadrid, me esforzaba en ceñirme a la realidad dejando mis prejuicios personales al margen. Hubo -y habrá- en este tipo de eventos fotografías que, de haber sido yo el autor, seguramente las habría borrado. Siempre he dicho que el mérito de muchos artistas no es hacer buenas obras, sino convencer a los galeristas de que lo son.

Pocos días más tarde tuve ocasión de retratar a Will Gompertz, editor jefe de la sección de arte de la BBC. Aproveché la ocasión para atender a la conversación que mantenía con una periodista. La conclusión, más o menos, vino a ser que muchas veces no apreciamos una pieza de arte porque no la entendemos. Probablemente sea cierto: muchas costumbres, tradiciones o fiestas parecen terribles ante los profanos y sólo es después de conocer su historia y motivaciones cuando empezamos a apreciarlas.

Me maravilla la enorme capacidad de los galeristas para "vender" al público lo que muchas veces no es más que un pie desenfocado

Sin embargo, más allá del saber y entender de arte para apreciar una obra, me maravilla la enorme capacidad de los galeristas y expertos en general para "vender" al público lo que muchas veces no es más que un pie desenfocado. Recursos al yo interior, apelaciones a la búsqueda de nuestra insignificancia para con el universo, giros varios en torno al pasado y el futuro. Una ensalada de grandilocuencia y palabras más o menos pomposas que, puestas con cierto esmero, nos dejan con cara de póquer tratando de descifrar su significado (si es que realmente lo tienen).

Hasta cierto punto es más o menos aceptable que en determinadas colecciones haya que justificarse un "leitmotiv" (muchas veces se hace imposible entender la exposición como un todo si no se nos da un cordel al que agarrarnos), pero lo que empieza a estar de moda es añadir también esa pintoresca explicación en exposiciones en las que la colección es tan simple como parece, especialmente en fotografía documental.

En efecto, parece que ser simple no es "cool". En algunas de las últimas exposiciones documentales que he visitado el encargado de turno de redactar el prólogo del catálogo se empeña en encontrar un trasfondo mucho más profundo con el que elevar la mística de la obra, que no deja de ser una colección de fotografías de lugareños de hace cien años. Ni más ni menos.

Algunas veces parece que se olvida el valor de la fotografía en sí. Algunas imágenes son valiosas por ser un documento de algo que ocurrió hace mucho tiempo en otro lugar; otras, porque recogen un momento histórico; las hay que lo son porque simplemente ilustran un momento irrepetible. La fotografía muchas veces es valiosa per se, no necesita tener detrás una historia de amor con final feliz o la motivación alucinógena de un artista de relumbrón para presumir de caché.

Una de mis primeras fotografías medio serias fue la imagen de un limón. Era tan simple como eso: un limón ligeramente sucio apoyado en una superficie de aluminio. La foto no era nada del otro mundo. Ni la composición ni la iluminación estaban especialmente cuidadas, y tampoco había una motivación más allá de -justamente- fotografiar un limón.

No sé muy bien por qué esa foto del limón se hizo un hueco en mis galerías personales. Romanticismo, supongo. No busquemos más: no había calidad ni trasfondo. Recuerdo que, años más tarde, preparando una selección de mis fotografías para una conferencia, alguien me dijo algo así como "¿explicarás la foto del limón?".

En realidad siempre he pensado que si una foto ha de ser explicada es que no está del todo bien hecha, pero lo que me confunde del todo es que para algunas personas una fotografía no puede ser sólo una fotografía y siempre tiene que ser, además, una historia.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar