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OpiniónEnfoque diferencial

El 100%

 
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DIC 2011

¿Alguien recuerda qué fue de la carrera de los megapíxeles? En la corta historia de la fotografía digital esta particular "cannonball" hizo correr ríos de tinta, propició decenas de titulares y se convirtió en sueño y pesadilla de más de un fotógrafo. Bastaba que saliera una cámara con cuatro millones de puntos para que se presentase sin solución de continuidad otra de cuatro con dos. Y ya estaba el lío formado.

Pero llegó un momento en que el público dejó de fijarse en los megapíxeles, y como en aquel capítulo de "Los Simpsons" en que los monstruos mueren cuando la gente los ignora, las firmas dejaron de competir estúpidamente para ver quién lo tenía más grande y se centraron en otros aspectos. Evolucionar, sí, pero con cabeza y obedeciendo a los tiempos. Las resoluciones siguen creciendo, es cierto, pero ya no son algo prioritario. Ya lo dejó Nikon bien claro con su D3: podían haberle metido 14 megapíxeles, pero con 12 iba sobrada y les daba margen para mejorar otros parámetros. Como la sensibilidad.

Ah, la sensibilidad. Hubo un tiempo en que tener el mayor número ISO en la caja de la cámara era como cuando se presumía de la velocidad punta de un coche: impresionaba, pero a la hora de la verdad era inutilizable. El ISO alto, el forzado, los modos "high"... eran o bien una sopa de ruido insufrible o bien un empaste salvaje sin detalle alguno.

Sea como fuere, ir más allá de 400 ISO era jugársela, y apostar por las cuatro cifras era simplemente una locura. Pero qué más daba: casi nadie hacía fotos sin luz si no tenía flash. Y punto. En el siglo XVIII nadie decía "hoy como en Madrid y luego ceno en Barcelona". Las cosas han cambiado.

El fotógrafo profesional debe estar a la vanguardia de la tecnología, porque sólo a él pueden exigírsele trabajos en las condiciones más complicadas

Hace unos días una importante multinacional contrató mis servicios fotográficos. "Meeting" internacional de la firma, decenas y decenas de altos directivos, conferencias, charlas, cenas... Ya sabemos cómo va esto. Fotos de todo. Dos mil mejor que mil. Sin flash, que molesta a los directivos. Y que todo quede bonito. En mi primer evento de este tipo, hace ya algún añillo, me pidieron casi como quien dice una vertical y una horizontal. Si hubiera utilizado carrete, igual ni hubiese gastado el segundo.

El caso es que el evento constaba de dos partes: una en plan "show", con una iluminación casi de cine, y otra cuya ambientación más tenebrosa inquietaría incluso a Batman. Apenas un par de lámparas en el techo y la luz de un proyector. Muy acogedor para actividades más intimas, pero más bien hostil para lo fotográfico.

Pero eran lentejas. Utilizando un objetivo estabilizado a f2.8 y velocidades del orden de 1/40 de segundo con mayor frecuencia de la deseada, el ISO a duras penas bajaba de 4.000. Hace un año no habría podido hacer frente a este trabajo en las condiciones acordadas. Hace un año, con una cámara de una generación más antigua, habría tenido que recurrir al flash -desobedeciendo la orden de quien paga- o esconderme cual avestruz bajo de la montaña de abrigos. Desolador panorama.

Cuando recientemente se presentó la Canon EOS-1D X, la cantinela del ISO volvió a mis oídos como cuando sonaba la canción del megapíxel. Que adónde vamos con 200.000 ISO, que si nadie pasa de 1.600 ISO... Y resulta que no, que todavía no hemos tocado techo, y que si la sensibilidad fuera resolución ahora mismo iríamos por los seis millones.

La moraleja de todo ello es que el fotógrafo profesional debe estar siempre a la vanguardia de la tecnología. A él y sólo a él pueden exigírsele trabajos en las condiciones más complicadas, y a éstas debe poder hacerles frente.

Seguramente no vuelva a necesitar una sensibilidad tan elevada en muchos meses. Tal vez sea ésta la única vez que mi equipo haya probado "en combate" semejante ISO. Es posible que alguien piense que no merece la pena tener la cámara más avanzada para realmente necesitarla el 0,1% de su vida laboral. Ya digo yo que no. Un profesional no puede afirmar, al menos sin ruborizarse, que cumple con el 99,9% de tus trabajos. Eso no es un profesional.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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