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OpiniónEnfoque diferencial

Respeto

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13
OCT 2014

Que en una exposición como “Demasiado joven para casarse” haya que sudar tinta para saber quién hizo las fotografías (nada menos que Stephanie Sinclair, galardonada autora de talla internacional), que éstas ni siquiera vayan firmadas y que cuando preguntas nadie sepa nada y aparentemente a nadie le importe, es una de esas gotas que colman un vaso que hace ya tiempo está desbordado. Pero por supuesto aquí no pasa nada: son fotógrafos.

Nos hallamos inmersos en la era de la información, donde la importancia de una fotografía se mide por la cantidad de clics que puede dar en lugar de por su valor informativo (menuda paradoja). El autor del recientemente publicado retrato de un líder político besando a su novia me comentaba con bastante enfado que desde un conocido medio de comunicación le ofrecían precios irrisorios por ella, y que además le sugirieron que la venderían sin problema si algún otro medio la solicitaba. Suma y sigue.

Hablamos de la ética del fotoperiodismo justo antes de pasárnosla por donde sea necesario si tenemos ocasión de conseguir la imagen que queremos

Que las fotografías siempre han sido vistas como un subproducto -especialmente si hablamos de periodismo o reportaje- es algo que por desgracia hemos denunciado ya en múltiples ocasiones. Pero mirar para atrás y ver lo lejos que dejamos esas líneas rojas que se supone no deberíamos haber cruzado nunca es algo que da que pensar.

Puede que nadie nos respete. Puede que ese respeto no nos lo hayamos ganado. O tal vez peor: puede que ya lo hayamos perdido. Lo que nos pasa a los fotógrafos es que tenemos un ego tan grande que nos traiciona a poco que nos descuidemos. No hay más que ver las redes sociales, webs, blogs y demás sitios donde los profesionales de la cámara exponemos nuestros trabajos para comprobar que, en cuanto podemos, estamos presumiendo de lo que publicamos y dónde lo publicamos, y poco importa lo mucho que nos hayamos tenido que bajar los pantalones para lograrlo.

Se nos llena la boca de ética y autoestima cuando hablamos de lo mal que está la profesión, pero luego encontramos mil excusas para justificarnos cuando incumplimos lo que nosotros mismos defendemos.

No es de recibo tener que regalar las fotos a un gran medio de comunicación, pero cuando acuden a nosotros no vacilamos un segundo para cederles la imagen de turno (o venderla a un precio de chiste, que viene a ser lo mismo pero con un pequeño clavo en forma de “yo pongo el precio que quiero” al que agarrarnos). Del mismo modo, hablamos de la ética del fotoperiodismo justo antes de pasárnosla por donde sea necesario si tenemos ocasión de conseguir una imagen que otros querrían pero que solo nosotros tenemos a tiro.

A veces envidio a los fotógrafos del corazón. Ellos entienden que su trabajo tiene un precio, y como tal lo venden. No se avergüenzan -ni tienen por qué hacerlo- de hablar de sus fotografías como si fueran un kilo de salmón a 300 euros la pieza. Sin embargo, y ahí está el problema, muchos de nosotros nos creemos que fotografiar a un tipo a las puertas de un hospital es periodismo de calidad y que esto va cambiar el mundo, cuando, por muy presidente del gobierno de España que sea y por mucho ébola que haya a su espalda, lo que estamos haciendo es propaganda.

Respeto, sí. Respeto es algo que deberíamos tener los fotógrafos, pero también es algo que deberíamos ganarnos. Tomar una tribuna al asalto para conseguir una posición centrada no es respetarnos. Racanear -cuando no directamente robar- la bolsita con el perfume que regala una marca tras una rueda de prensa no es respetarnos. Regalar una fotografía para poder presumir de firma no es respetarnos.

Pretender que estamos cambiando el mundo con nuestras fotografías de periodismo de salón hecho en el salón de actos del Palacio de la Moncloa… Bueno, eso solo es autoengaño, pero tampoco ayuda a que nos respeten. ¿Y adónde vamos exigiendo respeto si no nos lo tenemos a nosotros mismos?

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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