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OpiniónEnfoque diferencial

Los cuchillos por la espalda no hacen ruido

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JUN 2014

La noticia pasó algo desapercibida, engullida por la tiranía mediática de una semana en la que todo lo que no fueran reyes o fútbol era ominosamente expulsado del panorama noticiable español. Y pese a la gravedad del hecho, apenas si hubo un mínimo conato de revuelo cuando se supo que las autoridades competentes habían rechazado conceder una acreditación al fotoperiodista Pedro Armestre para asistir al acto de proclamación de Felipe VI como rey de España.

Aunque por supuesto no hubo más excusa oficial que la de la “seguridad” (ese cajón de sastre donde todo vale para esconder mil tropelías), tanto el propio afectado como todos los que le conocemos asumimos que su relación con Greenpeace está detrás de todo esto. O mejor dicho, el miedo del ministerio del Interior a esa relación, presuponiendo que había un riesgo real de que Armestre (para más inri galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España hace pocos meses) facilitase de algún modo que la ONG ecologista realizase una acción mediática en un día tan señalado.

Si bien esa posibilidad existía (puestos a especular…), el fotógrafo se estaría cavando su propia tumba profesional si tomase parte de un modo u otro en una acción de protesta. Hay más razones para no malpensar, pero cuando hay una tan contundente las demás sobran.

Lo sucedido con Armestre es una censura preventiva que pone en jaque al resto de profesionales, que ahora podemos ser juzgados no solo por nuestras simpatías sino también por nuestros clientes

Por desgracia, hoy día la mayoría de profesionales gráficos no pertenecen a una gran plantilla de una empresa que les paga puntualmente cada mes. La mayoría tienen múltiples clientes y múltiples pagadores, y también por desgracia la mayoría no puede permitirse rechazar clientes en base a sus convicciones ideológicas. Es obvio, pero tal vez haga falta recordar que trabajar para alguien no significa pensar como ese alguien.

Lo sucedido es un hecho grave, una censura preventiva que pone en jaque al resto de profesionales, que ahora podemos ser juzgados no solo por nuestras simpatías sino también por nuestros clientes. Es grave y además es un insulto. Lo es porque la negativa a acreditar a Pedro Armestre supone poner en entredicho la profesionalidad de un periodista.

A muchos fotógrafos nos gustaría espetarles cuatro cosas a ciertos políticos cuando los tenemos a medio metro, pero en esas situaciones se imponen el sentido común y la profesionalidad. Si de algo pecamos muchas veces algunos fotoperiodistas -yo el primero- es de ser unos hipócritas y reírle las gracias a quien hace un minuto has puesto a parir.

Permítanme que ejerza mi derecho al pataleo, que use esta columna como válvula de escape frente a la frustración por un hecho que avergonzaría a cualquier sociedad moderna. Hemos asistido ya a tantos abusos con los periodistas en general y los fotógrafos en particular, que de la herida ya hemos hecho callo y no nos afecta.

Las autoridades sabían que ni la agencia para la que trabaja Armestre (Agence France-Presse) ni sus compañeros haríamos lo que nos pedía el corazón, que era no ir a trabajar ese día. Hicimos en cambio lo que nos dijo la cabeza y cumplimos con nuestra obligación, haciendo valer eso que alguien ha decidido que Armestre no tiene: profesionalidad.

Al final, como no podía ser de otra forma, Armestre estuvo en la proclamación, culebreando como hace a diario. Y no pasó nada, por supuesto.

Me aventuro en el terreno de la especulación, pero esto no me huele a simple caso de seguridad preventiva sino a un acto de revancha barriobajera donde un fotógrafo es la herramienta para decirle a una ONG que sus acciones no se olvidan. Y si por delante tienes que arrebatarle a un fotoperiodista una de las imágenes de su carrera, pues se la arrebatas. En las bambalinas del poder los cuchillos por la espalda no hacen ruido.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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