Opinión

¿Culpable de retoque? Pues claro que sí

 
16
MAY 2013

En las redes sociales las noticias corren como la pólvora, y si se unen Facebook y una crítica supuestamente fundada, la propagación es vertiginosa. Este martes, en poco más de una hora, sendos artículos de Der Spiegel y ExtremeTech habían generado miles de comentarios en Facebook. En otro blog, Neal Krawetz hacía un -desafortunadamente mal llamado- análisis forense de la fotografía ganadora del World Press Photo, obra del sueco Paul Hansen. Se trata de una fotografía falsa. Adiós premio. O eso pretendían.

¿Que quién es el tal Krawetz? Ni idea. Pero reconozcamos el error inicial: pensar que algo tendría que decir y que sería verídico. Que si un profesional de la imagen se permitía el lujazo de desmentir a un fotógrafo que estuvo en el lugar de los hechos y a un jurado de 19 personas con una demostrada trayectoria, era porque había algún fundamento. Craso error, pues el análisis que se permite concluye con afirmaciones que no puede sostener: "El fotógrafo tomó una serie de fotos [...] así que combinó unas pocas imágenes y alteró la gente para que podamos ver sus caras." No contento con esto, remata: "La fotografía de Hansen es un montaje. Este año el premio World Press Photo no ha ido a parar a una fotografía. Se ha premiado un montaje digital que fue trabajado [posproducido] significativamente. La polémica estaba servida.

A un lugar donde caen bombas un periodista va para contar al mundo lo que está pasando, no en busca de tres imágenes para hacer un "collage" y llevarse el World Press Photo

Lindezas escupidas sin escrúpulos es lo más bonito que se me ocurre para definir algunos comentarios que corrían por las redes sociales. Y es que no tardaron en oírse voces -más bien gritos- que clamaban al cielo por el excesivo retoque y la innegable evidencia de la falsedad de la imagen ganadora. Algunos estigmatizaban a Paul Hansen -demonio de los fotoperiodistas en persona- con una impunidad alarmante y secundado por quienes le hacían corrillo y escampaban a los cuatro vientos tan descarado retoque. Otros, con una visión más tolerante -y palabras más sosegadas- se hacían eco del ya demasiado trillado debate sobre el límite aceptable para levantar las sombras y oscurecer algunas zonas.

Hasta aquí, nada nuevo. En fotoperiodismo el retoque está permitido, no así la modificación. Aunque quizás convenga recordar un hecho crucial para entender qué es eso del retoque y dejar claro de qué forma puede cambiar la apariencia de una imagen, que no su contenido. La fotografía no es realidad sino una representación doblemente subjetiva de la misma. Doblemente, porque depende de las limitaciones de la cámara y de factores emocionales, intelectuales e intencionales del fotógrafo. En pocas palabras, la cámara no ve igual que el fotógrafo y éste escoge qué cuenta y cómo lo cuenta.

Hay quien ha comparado los adjetivos que usa un redactor con ese supuesto excesivo retoque. Imaginen a un periodista que acompañase al cuestionado Hansen y que, tras haber conocido y estado durante cierto tiempo con los protagonistas de la fotografía, fuera capaz de explicar -siempre desde su punto de vista- los sentimientos que asolaron a los familiares de los fallecidos. ¿No es, como mínimo, igual de veraz la información que Hansen muestra en sus rostros al utilizar el doble revelado del archivo RAW?

Pero es que hay cosas mucho más importantes en juego. Para empezar. La credibilidad de los centenares de fotoperiodistas que trabajan de forma honesta, arriesgando la vida en conflictos peligrosos. Un asunto nada baladí. ¿Y qué hay de la ya demasiado cuestionada veracidad del medio fotográfico? Este último episodio puede ser nefasto para el periodismo, y de remate para la democracia. Ya lo habrán oído alguna vez: no hay democracia sin periodismo independiente.

Los tiempos a los que Ansel Adams sometió la placa a los químicos en su foto "Moonrise" serían comparables a los parámetros de revelado que usó Hansen

Que la verdadera noticia, los bombardeos sobre Gaza que se llevaron la vida de los niños Suhaib y Mohammed y de su padre Fouad, iba a quedar en segundo plano era tristemente previsible. Por suerte siempre hay quien no pierde la perspectiva en estos casos. Ahí queda el artículo de Iker Morán en su blog "Hasta los megapíxeles". Difícil expresar mejor la frivolidad con que algunos miran la fotografía.

Sobre la honestidad de Paul Hansen no vamos a decir más que lo justo. He entrevistado a más de un centenar de fotógrafos, incluido el propio Hansen. Jamás he dudado de una sola de sus afirmaciones. De ninguno de ellos. ¿Naif? Prefiero pensar en las palabras de Fabio Bucciarelli: "No creo que haya otra gente que vaya a la guerra porque sea 'cool'. Sería muy tonto." A un lugar donde caen bombas un periodista va para contar al mundo lo que está pasando, no en busca de tres imágenes para hacer un "collage" que le permita llevarse el World Press Photo.

Con todo, lo que más miedo da es que dejemos de creer en la fotografía como herramienta periodística veraz. La fotografía digital y su necesaria posproducción son un hito demasiado reciente que en algunos casos encaja mal -o simplemente no encaja- con el aura de verdad que rodea a la fotografía química. Sería inútil extenderse aquí en la necesidad del uso de aplicaciones de retoque como Photoshop.

Es preferible sacar a colación a Ansel Adams y su explicación sobre cómo reveló la placa de su famosa fotografía "Moonrise" en Hernández. El californiano se planteaba el mejor químico para extraer del negativo toda la información posible en una zona de sombras en las que corría el riesgo de perder detalle. Años después realizó un "lavado" parcial del propio negativo.

Es momento de permitir que la posproducción ocupe el necesario lugar que le corresponde en la fotografía digital, con todas las mejoras técnicas que eso implica

Esto podría equipararse al uso de Adobe Camera Raw para el revelado del archivo RAW original. Los tiempos a los que Adams sometió la placa a los químicos serían comparables a los parámetros de revelado que usó Hansen. Y las reservas en el proceso de copia para el tiraje de la fotografía final que todos conocemos se asemejarían al uso de varias capas, con sus correspondientes máscaras, de la misma fotografía pero con diferentes parámetros de revelado del RAW original.

El propio Hansen lo confirma en declaraciones a News.com.au: "En pocas palabras, es el mismo archivo revelado con varios parámetros distintos, tal como se hacía cuando se escaneaban negativos."

Es momento de empezar a comprender que este tipo de imágenes las producen fotoperiodistas, honestos en su mayoría, que corren riesgos para que sepamos lo que ocurre más allá de las fronteras de nuestro salón. Es momento de permitirle a la posproducción ocupar el necesario lugar que le corresponde en la fotografía digital, con todas las mejoras técnicas que eso implica. Y es momento -aunque siempre lo fue- de no emitir acusaciones sin un fundamento sólido.

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