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OpiniónEnfoque diferencial

Pasión por la imagen

 
26
NOV 2012

Veo el vídeo publicitario que una de las firmas del sector ha realizado acerca de las pequeñas grandes locuras que los fotógrafos hacemos para tener la foto que queremos, y según se suceden las escenas me río, asiento, recuerdo vivencias similares. Quien más quien menos, muchos fotógrafos -especialmente los aficionados- nos vemos reflejados en estas imágenes.

Leía hace unos días una reflexión en un foro. Un fotógrafo aficionado explicaba que llevaba años dándose madrugones, haciendo kilómetros, subiendo a sitios, cargando pesos, leyendo páginas y más páginas sobre fotografía... pero en aquellos momentos se preguntaba a sí mismo: ¿Para qué?

Es la dura vida del aficionado que, como un extraño Don Quijote, lucha contra todo lo que se le ponga por delante para lograr una instantánea que seguramente no trascenderá más allá de un artículo en un blog personal, un enlace en una red social o un adjunto en un par de correos electrónicos.

Como un extraño Don Quijote el aficionado a la fotografía lucha contra todo para lograr una foto que seguramente no trascenderá

Pero eso da igual. Que su obra no se vea no es algo que a los aficionados a la fotografía les quite el sueño. O al menos ésa es la impresión que tengo. Cosa distinta son -somos- los profesionales, que raramente meneamos el dedo si no hay por medio dinero, publicación y noticia.

Cuando yo era un fotógrafo novato, de esos que se creen que por rebotar el flash contra el techo ya son unos "cracks" de la imagen fija, hacía fotos por el simple placer de hacerlas. Supongo que, como en muchas otras profesiones, acabe saturado de imágenes, y ya son raras las veces que saco la cámara por placer o compro una óptica por capricho. No. Ya a todo le miro la utilidad, la amortización y las posibilidades de venta.

Es uno de los precios de vivir de la fotografía, que aunque puedes decir que eres un privilegiado por trabajar en lo que te gusta, esa agria sensación poco a poco te va minando por dentro hasta -quién sabe- hacértela aborrecer.

Es por eso que tras ver el mencionado vídeo no he podido evitar recordar aquellas locuras de joven fotógrafo. Atarme una cámara a la muñeca antes de hacer "puenting" para ver qué sale; recorrer 300 kilómetros y morirme de frío para fotografiar -mal, por cierto- una noche estrellada; madrugar hasta límites que deberían ser ilegales para ir a ver buitres que ese día decidieron no desayunar... Qué lejos quedan todas esas experiencias, convertidas ya en historias de abuelo cebolleta para contar en foros y conferencias.

Y me descorazona. Me descorazona ser consciente de que lo que antaño era una liberación, una forma de crítica, una manera de expresarme, un canal de comunicación se esté convirtiendo cada vez más en una forma de ganar dinero, un negocio sin espacio para la pasión o la espontaneidad. Un mecanismo automático donde uno no hace lo que quiere, sino lo que le han pedido que haga.

Seguramente habrá más de un aficionado que, como aquel de quien hablaba antes, habrá tenido alguna vez cierta crisis de fe fotográfica, reflexionando sobre si el tiempo y el dinero depositados en una afición que seguramente también le habrá traído problemas han merecido la pena.

Pues sí y mil veces sí. Porque pasará el tiempo y algún día recuperaremos aquellas viejas fotografías y nos diremos a nosotros mismos: ¿Y por qué no fui aquel día? ¿Y por qué dejé de hacer aquella foto? Y entonces abriremos un oxidado "pendrive", y con una sonrisa en los labios recordaremos el madrugón y el frío, pero también las risas y la emoción, los comentarios y los piropos. Y por supuesto la satisfacción de saber que aquel día, porque quise, yo hice aquella fotografía. algún decorador conspirando con su electricista quieren que lo hagamos. Tomemos de una vez el camino menos fácil.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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