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OpiniónEnfoque diferencial

Olympus, los móviles y el ser o no ser de la fotografía

 
25
JUL 2011

Mi ego experimentó un subidón la pasada semana cuando, al poco de perpetrar un soneto sin rima acerca de los móviles con cámara y mi visión de los mismos dominando el futuro, Olympus se descolgaba en Australia con una impactante -tan impactante como arriesgada- campaña donde dejaba claro, o al menos eso pretendía, que la fotografía de verdad es la que se hace con chismes que no permiten hablar a distancia.

La fotografía hecha con un móvil no es fotografía, venía a decir. A punto estuve de sacar mi yelmo a la Gran Vía madrileña blandiendo mi teleobjetivo al grito de "¡Réflex digital, es la fotografía real!" Decidí no hacerlo; que sufran mis desvaríos los que viven conmigo.

Inevitablemente después de leer lo publicado por Olympus, me acordé de aquella entrevista que le hice -novato yo- a Víctor Lerena, hoy vicepresidente de la Asociación Nacional de Informadores Gráficos, cuando todavía le cambiábamos los pañales a QUESABESDE.COM. Su célebre sentencia "la fotografía digital no es fotografía" aún le persigue hoy cual jinete sin cabeza, del mismo modo -me atrevo a pronosticar- que esta campaña sobre la "auténtica fotografía" perseguirá a Olympus en los tiempos venideros.

Si nos ponemos a separar lo que es fotografía de lo que no lo es, nos arriesgamos a darnos de bruces con la realidad

Hablar de auténtica fotografía es como hablar de auténtico viaje o auténtica comida. Uno puede desplazarse de un lugar a otro o evitar la desnutrición con más o menos gasto y más o menos arte, pero el fin último es el mismo. En lo fotográfico, tres cuartos de lo mismo.

Reconozco que antaño era un poco talibán. Fui de esos que machacaban sin piedad a quienes siquiera insinuaban que el haluro de plata le daba mil vueltas al píxel o a quienes postulaban que fotógrafo sin Leica no es fotógrafo. Por fortuna, la experiencia me ha hecho un poco más abierto de mente ante otras ideas.

El primer error que comete en la famosa campaña Olympus es discriminar a un tipo de cámara: la que va incrustada en un teléfono móvil. Y es ésta una actitud peligrosa porque, si nos ponemos a separar lo que es fotografía de lo que no lo es en base a argumentos que rehúyen aquello de la luz y la posibilidad de dibujar con ella, nos arriesgamos a darnos de bruces con la realidad.

Un teléfono móvil ya no es un teléfono móvil: es un centro multimedia portátil. Es un televisor, un reproductor de vídeo y música, una radio, una cámara fotográfica y de vídeo, una videoconsola... Es también Internet, y por supuesto es un aparato para comunicarse a distancia. Dice el refrán que el que mucho abarca, poco aprieta. Y es cierto: la mayoría de dispositivos móviles de este tipo ofrecen de todo; muchas veces con resultados mediocres, sí, pero de todo.

Algunos móviles rivalizan de tú a tú con muchas compactas de gama baja del mismo modo que ciertos reproductores MP3 miran por encima del hombro a los equipos de música que adornan los salones de algunos hogares. En meses o años no rivalizaran: se los habrán comido.

De acuerdo: ésta es una campaña lanzada por la división de una multinacional que está a miles de kilómetros de donde uno escribe, pero en el siglo XXI esas distancias no importan. Es temerario su contenido, y que todavía perdure tras el revuelo a pequeña escala que ha provocado -ése debió ser el objetivo de quienes la diseñaron-, me parece aún más preocupante.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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